Cristina Ortega, historia en las grandes voces

La más versátil de las sopranos mexicanas en un país pródigo en sopranos, Cristina Ortega constituye un caso único de éxito en los diversos campos del canto en que ha incursionado y que, prácticamente, son todos.

De la canción vernácula y bravía a lo más selecto del lied y la ópera, pasando por la zarzuela, opereta (La reina de la opereta, como la llamó la prensa especializada en su momento), comedia musical, bolero y demás canción fina mexicana y, con total desparpajo, hasta el tango y la canción napolitana y parisina, la Ortega ha recorrido todos los caminos y, en todos, cosechado glorias.

Infancia es destino… Tal vez por eso Cristina ha podido hacer lo que ha hecho, porque nacida en una familia en donde todo mundo tocaba el piano, cantaba y se reunía con los amigos en interminables tardes-noches de bohemia, su vocación artística no sólo se despertó tempranamente sino que encontró los cauces adecuados que, inicialmente, la hicieron avocarse a la danza clásica con rumbo a convertirse en Prima Ballerina, pero un pequeño pero desafortunado accidente en la rodilla le impidió continuar y derivar, primero, hacia la danza folclórica y española, luego al teatro, y final y felizmente al canto.

En él ha dejado una verdadera impronta y, con una técnica envidiable que desafortunadamente ya no existe en nuestra(o)s cantantes actuales, se da el lujo de presentarse aún con toda propiedad en los escenarios operísticos, a 50 años de su debut en Bellas Artes (junio de 1964) aunque, vale agregar, ya está prácticamente retirada.

Esto quedó así patentizado la noche del viernes 20 cuando, en la Fonoteca Nacional, se presentó el Volumen 6 de la colección “Grandes voces de la ópera en México” que patrocina la Universidad Autónoma Metropolitana de Xochimilco y produce el contratenor Héctor Sosa.

Esta incipiente colección es de un valor histórico extraordinario porque recoge, únicamente, grabaciones en vivo de los cantantes de que se trate. Es decir, no hay ninguna grabación ex profeso realizada en estudio y, por lo tanto, lo que en el disco está es lo que realmente ocurrió en la función en la que la grabación respectiva se realizó. Aquí pues, en este disco, está la neta-neta del cantante, no hay maquillaje y, en consecuencia, su voz, técnica, manejo de la misma, alcances, capacidad interpretativa, estilo y también defectos –si es que los muestra–, se hayan allí sin ningún intento de corrección. Esto es lo que hace a esta colección y a este disco de Cristina Ortega algo excepcional que ningún buen amante de la voz humana puede dejar de poseer.

Se recopilan, trabajo de órdagos, 40 años de trayectoria de la maestra Cristina Ortega (desde 1966) y su Traviata, de la cual hizo a lo largo de toda su carrera una verdadera tradición, hasta grabaciones de principios de este siglo que incluyen, entre otras memorables, interpretaciones de Liú en la Turandot de Puccini (1977), Susana en Bodas de Fígaro de Mozart (1978), la Lauretta de Gianni Schichi también de Puccini (1992) y, como pequeña muestra de su enorme versatilidad, la Marina de Emilio Arrieta de la zarzuela  La del manojo de rosas de Pablo Sorozábal, así como las bellas canciones “Arrullo” de Blas Galindo y el “Aleluya” de Manuel M. Ponce.

Disco excepcional sin duda, que vale la pena sentarse a disfrutar.