William Kentridge en el MUAC

Sin una propuesta de comunicación museística que permita ubicar la importancia del artista, la riqueza de su pensamiento y el sentido de sus prácticas creativas, el Museo Universitario Arte Contemporáneo de la Universidad Nacional Autónoma de México (MUAC) presenta una muestra de  uno de los creadores más interesantes del mainstream: William Kentridge.

Nacido en 1955 en Johannesburgo, Sudáfrica, Kentridge ha desarrollado una fascinante poética que, a partir del dibujo, se expande en distintos géneros y dimensiones de sentido incluyendo aspectos formales, reflexiones personales y críticas sociales.

Reconocido principalmente por sus animaciones fílmicas en las que el proceso creativo del dibujo se convierte en protagonista e imagen, Kentridge sobresale por una paradójica fusión de contrarios que se percibe en toda su obra: representaciones realistas que se transforman en circunstancias fantásticas, dibujos quietos que se transfiguran en protagonistas en movimiento, construcción de imágenes a partir de la deconstrucción o borramiento de la imagen original, acciones gestuales que se perciben controladas, referencias a lugares o acontecimientos históricos que no ocultan cierta subjetividad.

Observador agudo de sí mismo y de su entorno social, el artista ha dejado testimonio de la situación social que privaba en Sudáfrica durante el apartheid, creando animaciones dibujísticas sobre actitudes, comportamientos y circunstancias de capitalistas, intelectuales y población africana. Con una estética ambivalente que confronta al espectador por la contradicción entre la ensoñación de las imágenes y el dramatismo del contenido, su propuesta, como él mismo señala, hace visible el transcurrir invisible del tiempo.

Curada por la brasileña Lilian Tone en colaboración con el artista, la exposición William Kentridge: Fortuna, se basa en una narrativa que tiene como objetivo la presentación de su proceso creativo. Concebida como un descubrimiento que, al igual que la fortuna, se presenta cuando se está abierto a lo que puede ofrecer una experiencia –como trabajar una imagen–, la creación es un proceso transformativo que fusiona conciencia e inconsciencia, control y casualidad.

Dividida en cuatro secciones que integran obras realizadas de 1989 a 2012, la exposición refuerza dos ideas del artista: que las obras son narrativas fragmentadas que el espectador ordena para construir sentido, y que el arte constituye una posibilidad de crear incertidumbre polémica entre el espectador y las obras al no plantear un final claro.

Integrada con dibujos, animaciones, grabados, esculturas e instalaciones de video, en la exposición destaca la sección correspondiente al Taller del artista. Definido como un lugar de excesos en donde abundan ideas, objetos, memorias y bocetos, el taller es un escenario en donde el artista es creador, observador y actor de su propio personaje