Señor director:
Agradezco de antemano la publicación de la siguiente misiva en la sección Palabra de Lector.
En relación con la carta firmada por el señor Daniel Lara en Proceso 1997, del 8 de febrero de 2015, deseo hacer una serie de aclaraciones, las cuales están perfectamente respaldadas con documentos originales que obran en mi poder, acerca de las falsedades que el señor Lara emite sobre mi persona.
Soy médico de base del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) desde hace 29 años, durante los cuales he atendido con esfuerzo, dedicación y honestidad a todos los pacientes que han estado en mi servicio, poniendo lo mejor de mis conocimientos médicos para lograr su restablecimiento, sin escatimar el tiempo necesario y las herramientas que la institución me proporciona para su curación.
El señor Lara, a las 6:30 horas del 22 de noviembre de 2014, llevó a su padre al servicio de emergencia después de tres días de intenso dolor abdominal, no antes.
Al requerírsele al señor Lara los papeles que acreditaban a su padre como derechohabiente del instituto, argumentó que los había olvidado. De una manera cortés, se le pidió ir a su casa por ellos mientras atendíamos a su progenitor. Regresó al cabo de 30 minutos sin presentarlos, y como es norma del IMSS, si una persona no es derechohabiente, se le pide un depósito de 27 mil pesos –no 80 mil, como afirma esta persona–, mismo que sería devuelto al acreditar como derechohabiente al paciente.
El señor Lara insistió en que podía firmar un pagaré o dejar su carro como garantía de su deuda. El Instituto Mexicano del Seguro Social no puede aceptar bienes ni pagarés como pago por el servicio médico a una persona que no pertenece al IMSS.
Aun cuando no se demostró que el paciente pertenecía al IMSS, se le atendió con total y absoluto profesionalismo y eficiencia. Comento que el cuadro que presentaba era de abdomen agudo y séptico. Por esta razón no se podía realizar una intervención quirúrgica hasta que estuviera estable, antes no.
Considero que la negligencia e irresponsabilidad hacia el enfermo no fue del médico, sino de su hijo, quien permitió durante tres días el agravamiento del cuadro que presentaba su padre y quien posteriormente, con un alta voluntaria, se lo llevó sabiendo el peligro de trasladar a una persona en esa grave condición de salud.
No es con mentiras e infundios irresponsables como se logra la recuperación de una persona gravemente enferma. Es con prontitud y responsabilidad de parte de los familiares como los médicos podemos realizar nuestro trabajo y lograr la recuperación y plena curación de nuestros pacientes.
Atentamente
Doctor José Luis Coca Santillana
Médico de base del Instituto Mexicano del Seguro Social








