Señor director:
Durante su participación en la audiencia convocada por el Senado sobre la Ley General de Transparencia, celebrada el 3 de marzo pasado, la comisionada presidenta del IFAI, Ximena Puente, hizo un conmovedor llamado al ordenar “la apertura de información cuando se considere la existencia de violación de derechos humanos”.
Son lágrimas falsas, lágrimas que no mojan, propias de la incongruencia de un órgano constitucional autónomo que ha perdido autoridad jurídica y ética. En el interior del IFAI los comisionados han sido ejemplo de lo contrario de todo lo que demandan. Han desmantelado el instituto despidiendo a 150 funcionarios, y las vacantes les han servido para ocuparlas con amigos y pagar favores recibidos.
¿Por qué los comisionados no descansan un poco de su ardua cruzada ante el Senado a favor de la transparencia, el acceso a la información y la rendición de cuentas, y como prueba de su compromiso transparentan, informan del despido masivo de personal? ¿Por qué no rinden cuentas de las liquidaciones oprobiosas que aprobó el pleno del instituto para sus trabajadores? ¿De qué sirve cambiar las partituras si los músicos han dado prueba de ser totalmente desafinados? ¿De qué sirve al Senado aprobar leyes admirables? ¿Para qué, si los encargados de aplicar esas leyes son violadores seriales de los derechos humanos?
Atentamente
Edmundo González Llaca








