Interés público No. 26

Interés público
Miguel Angel Granados Chapa
El riesgo, y acaso el destino de la reforma política, si no se enraiza en la estructura social, es que permanezca como simple afeite, mal hecho disfraz, del verdadero modo de relación entre los mexicanos
Hoy mismo, los hechos que constituyen la práctica social parecen correr en sentido contrario del rumbo indicado en el proyecto manifestado por Reyes Heroles Veamos algunos de esos hechos
Obedientes a un dictamen nunca explícito, pero de aplicación inexorable, los trabajadores organizados han tenido que aceptar un máximo de 10 por ciento de aumento en sus salarios En sí mismo, no sería deplorable encaminar las reivindicaciones obreras hacia metas menos diluibles que las alzas salariales Pero preocupa la capacidad de control sobre los gremios de trabajadores, apta para evitar que haya ninguna negociación disonante
Se arguye que es la madurez de los sindicatos, su reconocimiento de la gravedad de la crisis, lo que promueve la conformidad que muestran ante la restricción para obtener mayores salarios No es difícil, sin embargo, obtener indicaciones de que no sólo esos ingredientes, cuando los hay, están presentes en la toma de decisiones singularmente importantes para los trabajadores El mecanismo que principalmente opera es la debilidad de los gremios frente a las indicaciones estatales, que de ese modo hacen recaer sobre tales sectores la mayor carga de la crisis
Este hecho tiene consecuencias políticas innegables Los telefonistas, por ejemplo, pusieron en marcha un instrumento democrático para negociar sus nuevas condiciones laborales De ese modo obtienen resultados semejantes a los conseguidos por las anteriores direcciones antidemocráticas Pareciera, así, que no hay diferencia alguna, en cuanto al alcance de metas, entre las dos maneras de regir un sindicato
Al mismo tiempo, el Estado refrena su inversión, en vez de estimularla como única forma de salir de la traumante mezcla de estancamiento e inflación Deja así que el tono privatista de la economía se acentúe, lo que acrecienta la capacidad de negociación de los empresarios particulares, dispuestos más que nunca a modelar el país a su imagen y semejanza, sin dejar resquicio alguno al interés de la sociedad, al de las mayorías
De otra parte, si bien la marcha de protesta por la designación del embajador Díaz Ordaz pudo celebrarse, su éxito quedó disminuido por el empleo de tácticas sucias La desmesurada presencia policiaca, el uso infame de la prensa diaria sometida, fueron útiles como armas de disuasión que desalentaron una mayor participación de los sectores que insisten en sentirse ofendidos y amenazados por la significación de ese nombramiento
(Hagamos aquí una apostilla:
El antidiazordacismo que de nuevo hizo erupción al reaparecer el expresidente poblano parece borrar la responsabilidad que en grado similar a la de Díaz Ordaz corresponde a su sucesor, secretario de Gobernación entonces: con las flagelantes palabras de Pablo Neruda, hay que pedir castigo no sólo “para el verdugo que mandó esta muerte”, sino también para “el traidor que ascendió sobre el crimen”)
Consideremos, por último, las agresiones a grupos campesinos y a las universidades La composición de lugar que con todas esas piezas puede hacerse no abre lugar al optimismo