Señor director:
Mucho le agradeceré la publicación de la siguiente reflexión como respuesta a la invitación que nos hace Santiago Cardoso Villegas (Acerca de “Narcisismo y boicot electoral”, Palabra de Lector de Proceso 1999) a reflexionar, como Sicilia, sobre la necesidad del boicot electoral apoyándonos en la idea del narcisismo.
Investigando más sobre el mito aludido por Sicilia encuentro que, según Ovidio, Narciso rehusó el amor de la ninfa Eco por amor a su propia belleza. Así, en este caso, el objeto del amor, en especial físicamente, es la propia persona y es lo que Freud entiende como narcisismo primario. Desde este punto de vista, a un narcisista no le interesaría ser un político en busca de votos. El narcisismo secundario sería, para el mismo Freud, aquel en el que el amor corresponde a un objeto amado anteriormente en el que no se encuentra a sí mismo sino que se pierde o niega, y tal vez esta versión corresponda a la de Javier Cercas presentada por Sicilia en su artículo de Proceso 1998.
De acuerdo con esta última, el narcisismo es un trastorno de la personalidad que se caracteriza “por la fe ciega y sin motivo en la propia grandeza, por la necesidad compulsiva de admiración y por la falta de empatía”. Aquí la negación políticamente hablando sería presentarse ante el electorado como lo que no se es justificando así la otra idea, recordada por Javier Cercas, de que “Ovidio niega que Narciso se haya enamorado de sí; en realidad se odia y se desprecia… y muere en cuanto se ve”. Sicilia concluye que “hay una manera de detenerlos, de exhibirlos y ponerlos delante de la fealdad que no quieren ver: boicotear el proceso electoral”.
Llegados a este punto, Santiago Cardoso se pregunta si las elecciones sirven para otra cosa que no sea seguir con más de lo mismo y con el engaño del sueño de un cambio. Aquí quiero hacer notar en primer lugar que la compra del voto no hubiera sido necesaria con el voto nulo, blanco o boicoteado; la necesidad de esconder un resultado adverso la hizo necesaria, Narciso se vio a sí mismo y ya vemos lo que está pasando. En segundo lugar, seis años antes de esto, llamados similares como el del subcomandante Marcos le restaron ímpetu a la opción política que hubiera evitado tantas muertes.
Con lo anterior no le quiero restar valor a lo que, por lo demás, representa Marcos ni sostener que Morena sea la solución absoluta propuesta por López Obrador, sino enfatizar los cuatro principios expuestos por el Papa Francisco en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium (La Alegría del Evangelio) y relacionados con “las tensiones bipolares propias de toda realidad social” como la nuestra. Las presento escogiendo brevemente explicaciones del Papa:
–El tiempo es superior al espacio: “Darle prioridad al espacio lleva a enloquecerse para tener todo resuelto en el presente, para intentar tomar posesión de todos los espacios de poder y autoafirmación” (n. 223).
–La unidad prevalece sobre el conflicto: “No es apostar por un sincretismo ni por la absorción de uno en el otro, sino por la resolución en un plano superior que conserva en sí las virtualidades valiosas de las polaridades en pugna” (n. 228). “Este criterio evangélico nos recuerda que Cristo ha unificado todo en sí: cielo y tierra, Dios y hombre, tiempo y eternidad, carne y espíritu, persona y sociedad” (n. 229).
–La realidad es más importante que la idea: “Es peligroso vivir en el reino de la sola palabra, de la imagen, del sofisma”… Esto supone evitar diversas formas de ocultar la realidad: los totalitarismos de lo relativo, los fundamentalismos ahistóricos, los eticismos sin bondad, los intelectualismos sin sabiduría” (n. 231).
–El todo es superior a la parte: “El modelo no es la esfera en el que no hay diferencias entre uno y otro puntos equidistantes, sino el poliedro que refleja la confluencia de todas las parcialidades que en él conservan su originalidad. Tanto la acción pastoral como la acción política procuran recoger lo mejor de cada uno en ese poliedro. Allí entran los pobres con su cultura, sus proyectos y todas sus potencialidades. Aun las personas que puedan ser cuestionadas por sus propios errores tienen algo que aportar que no debe perderse; es la totalidad de las personas en una sociedad que busca un bien común que verdaderamente incorpora a todos” (n. 236)
Así pues, si la Constituyente ciudadana propuesta por monseñor Raúl Vera y por Javier Sicilia como la vía electoral son parte de nuestra realidad conflictiva, hay que alegrarnos porque se nos abre un horizonte en el tiempo marcado por la posibilidad de superar nuestros grados o tipos de narcisismo entendidos como una manifestación del pecado original en el que construimos nociones del bien y del mal al margen de Dios, obstaculizando así nuestra evolución cultural orientada a la unidad.
Atentamente
Miguel García P.








