Adiós al sistema binominal

VALPARAÍSO, CHILE.- “El sistema electoral binominal era una de las cadenas que mantenía encerrada la política en Chile, porque sobrerrepresenta a los partidos de derecha –Unión Demócrata Independiente (UDI) y Renovación Nacional (RN)– dándoles un poder de veto en el Parlamento, con el cual todas las transformaciones que se querían hacer al modelo económico de la dictadura tenían que ser negociadas y, por lo tanto, quedaban a medio camino”.

El análisis lo realiza Manuel Antonio Garretón, sociólogo, politólogo, académico de la Universidad de Chile y Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales (2007).

En entrevista con Proceso, asigna una importancia capital a lo ocurrido el pasado 20 de enero: el Congreso Nacional aprobó el proyecto que remplaza el sistema binominal por un sistema electoral proporcional.

Considera que con este cambio “se supera el poder de veto de una minoría convertida en mayoría (la derecha)” y también “se permite a otras fuerzas que no estaban integradas en ninguno de los dos bloques predominantes –la oficialista y centroizquierdista Nueva Mayoría (NM) y la derechista Alianza por Chile– estar representadas en el Parlamento, haciendo posible la ampliación de la participación política”.

El sistema binominal preveía la elección de dos parlamentarios en cada uno de los 60 distritos de diputados y de las 19 circunscripciones de senadores. Como máximo podía haber dos candidatos por lista en la disputa de cada escaño. Resultaban electos los candidatos más votados de las dos listas más votadas, salvo cuando la lista triunfadora hubiera obtenido más del doble de votos que su competidora.

En este sistema –que rigió desde las elecciones generales de 1989 hasta las de 2013, con una elección cada cuatro años– lo mismo valía obtener 30% que 59%, porque en ambos casos las dos listas principales se adjudicaban un congresista. Así, las elecciones parlamentarias fueron perdiendo interés para la población: en las de 2013 hubo 55% de abstención. De hecho, la abstención entre los jóvenes de 18 a 24 años rebasaba 90%.

El partido más beneficiado con este sistema que premia a la minoría ha sido la UDI, aunque todos los partidos de la derecha y de la Concertación por la Democracia (antecesora de la NM) se han visto favorecidos en algún momento. Los principales perjudicados son los partidos que no se han sumado a esos bloques y los cuales en muy pocas ocasiones han conseguido alguna representación. Siempre se estrellaron con la muralla del binominal.

En 2009, con 21% de los votos, la UDI obtuvo 32% de los 120 diputados, alcanzando una sobrerrepresentación de más de 50%. En 2013, con 18.9% de los sufragios, consiguió 29 diputados.

Garretón –doctor por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, de París– estima que debido al sistema binominal, al cual califica como “único en el mundo”, Chile “es un país en que ha predominado la minoría”.

Explica: “Con 34% de los votos (a nivel nacional), usted eventualmente podría asegurar 50% de los escaños. Este sistema, sumado a los quórums calificados necesarios para cambiar las leyes más importantes, ha impedido a la mayoría realizar transformaciones fundamentales”.

Continúa: “Con el cambio a un sistema proporcional, lo que va a ocurrir es que las distintas fuerzas políticas representadas en el Parlamento van a ser expresión de lo que realmente son en materia de electores”.

En un artículo titulado ¿Cuántas veces se puede tropezar con la misma piedra?, publicado en el diario El Mostrador el 20 de octubre de 2011, el abogado constitucionalista Fernando Atria sostenía que el binominal es un sistema “cuya finalidad era asegurar a la derecha los 51 diputados que necesitaba para gobernar, incluso después de haber perdido todas las elecciones”.

Atria afirmó que esta normativa es uno de los tres principales enclaves autoritarios heredados de la dictadura. Los otros son: los altos quórums exigidos para modificar las 18 leyes Orgánicas Constitucionales que dejó amarradas el dictador antes de dejar su cargo, en marzo de 1990. Estas leyes especiales regulan la administración del Estado, las fuerzas armadas, la educación y las concesiones mineras, entre otros aspectos clave para el país. Para modificar una de estas leyes se requieren cuatro séptimas partes de cada cámara, previo control preventivo del Tribunal Constitucional (TC).

Esta institución es el tercer cerrojo al que alude Atria. Según su parecer, habría sido pensado “para impedir la promulgación de cualquier ley que contravenga el interés oligárquico”.

El sistema proporcional

El proyecto que remplaza al binominal fue ingresado por el Ejecutivo el 6 de mayo de 2014, siendo sus principales gestores el ministro de Interior, Rodrigo Peñailillo, y la ministra vocera de Gobierno, Ximena Rincón.

El proyecto fue aprobado por el Senado el pasado 13 de enero, y una semana después por la Cámara de Diputados.

Antes de su eventual promulgación, la nueva ley electoral deberá ser revisada por el TC debido a que seis senadores de la UDI y cinco de RN presentaron el 26 de enero un requerimiento de inconstitucionalidad.

Según consignó ese día la versión electrónica del diario La Tercera, el senador y expresidente de la UDI Hernán Larraín justificó su accionar aduciendo que la nueva ley electoral “es un traje a la medida del gobierno”.

El nuevo sistema prevé el remplazo de los actuales 60 distritos de diputados binominales por 30 en los que se elegirán entre tres y ocho diputados (dependiendo de la cantidad de población), creciendo el número total de diputados de 120 a 155.

En el caso de los senadores, se mantendrá el binominal en las cuatro regiones menos pobladas (Magallanes, Aysén, Tarapacá y Arica-Parinacota), pero en las otras 11 se elegirán entre tres y cinco senadores. Así, el número de senadores aumentará de 38 a 50.

Además del número de cargos elegidos en cada región o distrito, otra forma en que la nueva ley aumentará la competencia es en lo relativo al número de postulantes que puede haber por lista: hasta la última elección (2013) podía haber máximo dos. Con la nueva norma habrá un candidato más que los cargos que en cada caso se elijan: donde se elijan ocho diputados, podrá haber nueve candidatos, y donde se disputen dos senadurías, podrán postularse tres aspirantes.

Por otra parte, la nueva norma electoral facilita la creación de partidos políticos. Bastará conseguir las firmas de 0.25% de los votantes de la anterior elección en cualquiera de las 15 regiones en las cuales se divide el país. Hasta ahora se requería estar inscrito al menos en tres regiones contiguas.

La nueva ley también promueve la participación de las mujeres: se establece que los partidos o pactos deberán incluir al menos 40% de mujeres en sus listas globales de candidatos.

El cambio del sistema binominal era, probablemente, la deuda pendiente más importante de la democracia chilena. Pese a esto, su concreción no desató algarabía en la población. Sólo fue celebrada en el Congreso Nacional por parlamentarios oficialistas y altos funcionarios de gobierno. En la calle no pasó nada.