Economía de subsistencia

Los raquíticos sueldos, aunados a la crisis económica tienen a miles de familias en el límite de la subsistencia. Luis Héctor del Toro Chávez, investigador del Centro de Investigación de Teoría Económica de la Universidad de Guadalajara, señala que mientras hace cuatro o cinco años los habitantes de la zona metropolitana tapatía podían consumir productos cárnicos tres o cuatro veces por semana en promedio, ahora pueden hacerlo en una sola ocasión.

En entrevista, el académico indica que desde hace 30 años realiza un seguimiento de los salarios mínimos, particularmente del incremento de precios de 121 productos de la canasta básica. Afirma que el aumento de cuatro pesos en ese indicador “no alcanza ni para comprar un bolillo o para pagar la mitad de un pasaje en el transporte público de Guadalajara”, que es de siete pesos en el tren ligero y de seis pesos en los minibuses.

Con esa base, destaca que en un año el salario mínimo (2 mil 18 pesos mensuales) perdió más de 175 pesos en su poder adquisitivo real, ya que los trabajadores que lo perciben sólo pudieron comprar el equivalente a mil 843 pesos, a precios de hace un año.

Como ejemplo, dice que algunos productos cárnicos aumentaron más de 47% en 2014, año en que la inflación ascendió a más de 4%, cuando se tenía previsto que lo hiciera 3.5%.

El especialista calcula que para cubrir las necesidades básicas de una familia de cuatro o cinco personas, el trabajador requiere de un sueldo de 8 mil pesos mensuales, es decir, cuatro veces más que el salario mínimo de 2014.

Para dar una idea de la gravedad de estos datos, Del Toro aclara que en los estudios de su equipo de trabajo no se toman en cuenta artículos como las croquetas para mascotas, el pago de los servicios como agua, luz, renta o hipoteca, y menos aún las vacaciones, el cine u otras distracciones. Incluso se dejan fuera los gastos en servicios médicos, así como la compra de ropa y calzado.

Los artículos que más subieron de precio son la carne de res y las verduras: “En el caso de la molida mixta o la naranja, y con un reporte a la alza de hasta con un 40%; el filete de pescado de la especie mero creció en 47%; el menudo de res, un 45%, y las toallas sanitarias, 47%; diezmillo de res, 41%; el filete de res conocido como tapa de paloma, 35%, y la bola, 33%. Igual porcentaje aumentaron los pañales desechables, en tanto que los pañuelos faciales subieron 36%. Los productos de infantes aumentaron en promedio 17%”.

Asegura que algunos productos bajaron de precio temporalmente por cuestiones ligadas con la siembra, como el frijol, la cebolla, el tomate y el chayote, pero observa que en cualquier momento pueden volver a subir por las condiciones climatológicas.

Añade que la carne de cerdo aumentó 16%; artículos para cuidado personal, 15%; los pescados, un 14%; el café, 13%; las aves y el huevo, 11%, y las carnes frías, un 10%.

Para fines de estudio, los 121 artículos de la canasta básica se dividen en 23 grupos o bloques. Destacan el de aceites y mantecas; carne de aves; de res o cerdo; las carnes frías; chiles; frutas frescas, leguminosas; verduras y legumbres.

También se estudia el precio de pescado, huevo, productos lácteos, azucares y chocolates, café, cereales y derivados, especias y condimentos, pastas para sopas, vinos y licores, cerillos, cigarros y artículos para bebés y para el cuidado de la casa.

Todas estas categorías, dice Del Toro, caben dentro de los parámetros del Banco de México, que utiliza ocho grandes grupos: uno de alimentos, bebidas y tabaco. “Todo el análisis de la canasta básica que analizamos cabe perfectamente aquí”, comenta el investigador.

Aumentos todo el año

“Por estos días se registra la cuesta de enero. Ahora se viven todas las secuelas de lo ocurrido en diciembre: la compra de regalos, las reuniones familiares, las posadas, las fiestas y ese tipo de erogaciones. A ellas se suman, en enero, aumentos en decenas de productos y que se vinculan con el periodo de vacaciones de Semana Santa.”

Después viene la temporada de lluvias, que impacta en los precios de productos del campo. “A eso le siguen los gastos ligados con todo lo que tiene que ver con las actividades escolares, en agosto y septiembre, y que repercute en nuevos aumentos de precios de productos y servicios, y finalmente se cierra con un nuevo ciclo de las fiestas decembrinas”.

Además, los trabajadores y las amas de casa enfrentan los efectos de la especulación y acaparamiento de productos por comerciantes, además del constante aumento de las gasolinas:

“Las alzas de los energéticos son de unos cuantos centavos cada vez, pero en el acumulado se establece que de enero de 2010 a diciembre de 2014 hubo hasta 70 incrementos en el costo de los hidrocarburos, que en total implican un aumento por encima de los 5 pesos en cada litro.”

En 2010 el litro de la gasolina magna era de 7.88 pesos y en 2014 ya era de 13.31; es decir, subió 5.9 pesos. Este incremento es clave, pues se utiliza para justificar el alza de muchos otros productos.

Por cierto, aclara que en sus estudios tampoco se incluye la forma en que repercute el aumento del transporte público en la movilidad de una familia de cuatro personas, ya que este gasto desborda la capacidad de un salario mínimo.

Del Toro reconoce que, ante la evidencia de la incapacidad para cubrir todas las necesidades de su familia, el trabajador tiende a deprimirse.

En menos de una semana, los medios de comunicación informaron de tres actos suicidas en la zona metropolitana, uno de los cuales se frustró. Uno ocurrió en la Catedral Metropolitana; otro, cuando un hombre se arrojó desde una casa de tres pisos y cayó encima de una persona que pasaba por la calle. Otro sujeto se arrojó bajo un minibús, pero no murió.

Se desconocen las causas precisas de estos hechos, pero a decir del psicólogo Francisco Gutiérrez, consultado por este semanario, en esta temporada suele reportarse un incremento de acciones suicidas por problemas económicos y depresión. l