Señor director:
Le agradeceré publicar los siguientes comentarios a propósito de la edición de Proceso 1993, que fue dedicada íntegramente al señor Julio Scherer García (q.e.p.d.).
La fotografía de don Julio en su senil etapa (página 9) muestra al hombre fuerte, curtido de experiencia en un entorno que, así como lo reconoció en toda su valía intelectual, también lo atacó en el ejercicio de su labor periodística (el golpe a Excélsior), y me imagino las graves amenazas que debe haber recibido en contra de su persona y su familia.
Su mirada incisiva, que diseccionó la realidad de un México corrompido por la impunidad y el abuso de los poderosos en detrimento de los desposeídos; su nariz con fosas amplias olfateando el reportaje político o cultural; esa boca curvada de las comisuras hacia el mentón, revela un hablar impetuoso, cabal, audaz, racional, verídico como su pluma.
Sus oídos finamente recluidos, expectantes, esperando la nota del día en las largas pláticas que compartió con tantas personas, desde las altas esferas gubernamentales, empresariales e intelectuales hasta los inermes desdichados y desposeídos, pasando por el decir de los capos insertos en la entramada maraña socioeconómica que confronta México.
Pero es necesario destacar el incesante trabajo de su conciencia de líder que deja en Proceso con cada uno de sus reporteros, con cada uno de sus editores, con cada uno de sus articulistas, con cada uno de sus escritores, con cada uno de sus asistentes: muchos alumnos que, sin duda alguna, asimilaron el amor al oficio del periodismo genuino, legítimo, y que depositarán en cada una de las ediciones subsiguientes de la revista la misma genialidad que lo caracterizó.
Los escritos de Proceso número 1993 reflejan ese rostro al que no habrá poder humano ni sobrehumano que lo desfigure.
Pronostico para este equipo de trabajo un promisorio devenir histórico-periodístico.
Atentamente
Profesora Margarita de la O Lavalle








