El entrenador de natación de Guadalajara, Édgar Fernando López Jiménez, aún no se recupera del accidente que sufrió a finales de noviembre en Cozumel, a donde viajó para competir en el triatlón Ironman. Días antes de la justa deportiva internacional sufrió un accidente que lo dejó fuera. Sin embargo, López acudió como observador y, en entrevista con una reportera local, contó sus desventuras que, al ser publicadas, disgustaron al alcalde Fredy Marrufo, quien pidió a dos de sus policías ir por él para evitar que siguiera declarando.
Para evitar una mala imagen, el presidente municipal de Cozumel, Fredy Marrufo Martín, envió a dos policías para que privaran de su libertad al triatlonista y entrenador de natación en Guadalajara Édgar Fernando López Jiménez. Los uniformados lo levantaron el 1 de diciembre último por la mañana.
Un día antes López Jiménez, quien además es licenciado en mercadotecnia, había declarado a un diario de aquella entidad que elementos de Tránsito y la arrendadora Mar y Tierra se confabularon para evitar el pago de la indemnización luego de ser arrollado por una motocicleta rentada a esa empresa por unos extranjeros.
El percance sucedió la víspera de la competencia internacional de triatlón Ironman que se desarrolló el 30 de noviembre en el balneario turístico. Debido a ello, López se abstuvo de competir, pero acudió al evento como espectador. Y fue ahí cuando una reportera del diario Por Esto! le preguntó cómo había sufrido la lesión.
López le comentó que la arrendadora Mar y Tierra se negó a indemnizarlo y le comentó que presuntamente la solaparon los agentes de Tránsito de la Dirección de Seguridad Pública que hicieron el peritaje. La reportera publicó la información al día siguiente, lo que molestó al alcalde priista, quien envió a un par de policías para evitar que el deportista hiciera más declaraciones a los medios.
Los uniformados, cuenta López, lo levantaron y comenzaron a pasearlo por la ciudad. Y aunque no lo amenazaron, temió por su vida. Al final terminaron por confesarle que los había enviado el alcalde Marrufo Martín. “Lo único que quería era regresar a Guadalajara para ser operado de la lesión en la clavícula”, comenta.
Una vez recuperado, desde Guadalajara el entrenador reclama justicia.
El accidente
El 28 de noviembre, López Jiménez salió por la mañana a hacer un recorrido en su bicicleta por las calles de Cozumel. Circulaba por la ciclovía cerca de Chankanaab cuando una motocicleta rentada por una pareja de septuagenarios, al parecer estadunidenses, lo atropelló.
“Íbamos por la ciclovía un compañero de equipo y yo cuando vimos a los estadunidenses. Los alcanzamos y al intentar rebasarlos por la izquierda, el conductor perdió el control y la moto me cayó de lado y me arrastró unos metros”, cuenta.
Aparte de la pérdida total de su bicicleta, que tiene un costo de 5 mil dólares (cerca de 75 mil pesos), el accidente le fracturó la clavícula en tres partes, se golpeó la cabeza y recibió múltiples heridas en sus extremidades, según el reporte del hospital Cozumel Medical Center, donde fue atendido.
Poco antes de que lo levantara la ambulancia para trasladarlo al nosocomio, un trabajador de la arrendadora Mar y Tierra, que se identificó como Carlos, se comprometió a hacerse cargo de los gastos. Eso le dio confianza, comenta López a la reportera.
Sin embargo, al día siguiente, cuando López acudió a la empresa le dijeron que no sabían nada de su accidente. Le pidieron comprobar que se trataba de uno de sus vehículos el que lo había atropellado o mostrarles un peritaje de los agentes de Tránsito. El problema es que no había ningún peritaje.
Algunos testigos le relataron que cuando lo subieron a la ambulancia de la empresa Costamed llegaron agentes de Tránsito y policías al lugar del accidente pero como ya no estaba, no hicieron nada. López se dirigió a la Dirección de Seguridad Pública y Tránsito para solicitar una copia del peritaje, pero no lo tenían.
“La persona que me atendió me mostró una libreta en la que se mencionaba un accidentado de nombre Édgar López pero que no se levantó un folio oficial, ni un peritaje. Eso fue todo. Sólo estaban enterados”, cuenta el entrevistado.
El 30 de noviembre el afectado acudió al evento de Ironman para presenciar la competencia para la cual había entrenado casi un año. La reportera de Por Esto! de Quintana Roo que cubría la contienda internacional lo descubrió entre el público y le preguntó si se había lesionado en el evento.
Él le habló sobre su accidente del 28 de noviembre y sobre el presunto arreglo entre los elementos de Tránsito y la arrendadora Mar y Tierra para evitar indemnizarlo, pese a sus lesiones y la pérdida de su bicicleta. La nota se publicó el 1 de diciembre.
A las nueve de la mañana, apenas comenzó a circular el diario, dos policías municipales se presentaron en el hotel donde se hospedaba.
“Yo estaba a media cuadra del hotel desayunando, los policías ya sabían que me estaban marcando los de la prensa para entrevistarme, eran de medios de Cancún y de otros lados, y (el problema)se iba a hacer más grande. Los policías me subieron a la patrulla, y me trajeron todo el día en el vehículo”, relata.
Le preguntaron sobre la nota de Por Esto! “Yo les dije que no sabía nada al respecto… Uno de ellos me dijo: ‘Es que tú dijiste que nosotros tuvimos la culpa y que estamos coludidos con la arrendadora’. Le respondí que yo declaré que no sabía qué había pasado y que fui con ellos para obtener un peritaje y no había nada. Le insistí en que no estaba seguro, pero tampoco sé qué pasó, y comenzaron a hostigarme”.
Los uniformados le dijeron: “Nosotros sabemos que no lo dijiste de mala fe, que no fue tu intención, pero no queremos que des más entrevistas. Nosotros te vamos a ayudar, la prensa no. Nada más queremos que tengas paciencia. Y me trajeron todo el día en la patrulla”.
Refiere que mientras estaba a bordo de la unidad, a su celular llegaban mensajes de reporteros de medios locales que le pedían una entrevista para conocer más sobre su accidente.
“Los policías me decían: ‘¡No les contestes! Son los de la prensa, ¿verdad? Acuérdate que ellos no te van a ayudar, mejor apaga tu celular’. Los patrulleros también recibieron una llamada del presidente municipal de Cozumel, para ver qué había pasado, pues me dijeron que él los había mandado (a levantarme)”, menciona el triatlonista.
El policía que le contestó le dijo que todo estaba bien y luego le dijo a López que lo había llamado su jefe, el alcalde Marrufo Martín. Finalmente lo liberaron. “Poco antes de las siete de la tarde me dejaron en un restaurante cercano al hotel, pues no querían llegar ahí en la patrulla para evitar que les tomaran una foto”, relata.
Al parecer los elementos siguieron vigilándolo, pues horas más tarde, cuando bajó al lobby a recibir a su esposa, Cynthia Beltrán García, quien se trasladó de Guadalajara a Cozumel para apoyarlo, López se topó con los policías.
“Ellos sabían que al día siguiente me regresaba a Guadalajara y querían cerciorarse de que no diera ninguna entrevista. De hecho, cuando iba en el ferry recibí un mensaje en el que me preguntaban: ¿cómo vamos? Querían saber que ya me había subido. Les respondí que no se preocuparan”, relata.
Durante la entrevista con Proceso Jalisco admite: “Estuve asustado. Temí que me desaparecieran”.
Dice que una conocida de López que trabaja en la arrendadora Mar y Tierra de Cozumel le comentó que a los turistas se les cobró por el daño de la moto y a él.
Antes de trasladarse a Guadalajara, López y su esposa acudieron a la Procuraduría de Justicia de Quintana Roo a presentar una denuncia. Ahí, uno de los empleados le dijo: “Ni te van a hacer caso. Tú ya te vas… Y como me sentía muy mal, acordé regresar a Guadalajara para operarme aquí y estar más tranquilo”.
López, quien se dedica a entrenar a menores en escuelas de la capital jalisciense para que más adelante se integren a la selección del Code estatal de Natación, pide que le paguen los daños materiales que, dice, ascienden a 10 mil dólares.
El afectado informó a los organizadores del evento de Ironman sobre su accidente y la privación de la libertad para ver si hacían efectivo el seguro de gastos por la pérdida de la bicicleta y que los 800 dólares (cerca de 12 mil pesos) que pagó por inscripción se canalicen en la siguiente competencia. l








