Aristóteles, merolico

El comunicador y director del periódico Milenio Jalisco, Jaime Barrera, le aplicó al merolico que tenemos de gobernador en el estado, Aristóteles Sandoval, una extensa entrevista. La tercera parte apareció el lunes 19. Para degustación de buenos lectores, las respuestas del entrevistado son un verdadero churro indigesto. Los políticos que escalan puestos administrativos no rebuznan porque la tonada se les olvida; por desgracia a eso nos tienen acostumbrados.

Con la llegada de Aristóteles y su equipo esta falta de cortesía a su público se ahondó a extremos casi de desatino. Los discursos de estas personalidades carecen no sólo de contenido fáctico, sino hasta de estructura y de construcción gramatical, ya no se diga decente, sino siquiera comprensible.

Van algunos ejemplos, para ilustrar esta crítica. Le interroga el investigador sobre los avances en el rubro de la movilidad. Le da pista para que se arranque:

“En 2013 se arrancó muy bien, pero siento que en el 2014 se atoró”, le dice. Y como los buenos hacedores de discursos, el tal Aristóteles le arrebata la palabra y se suelta: “La primera fase fue extraordinaria, con gran disposición y voluntad. Lo difícil es el proceso y en el proceso, si bien vamos avanzados, pues ahí donde los intereses empiezan a confrontarse es donde también el procedimiento empieza a generar incomodidad y es ahí donde estamos en este momento. Si bien hemos avanzado, los accidentes siguieron igual al año anterior, ese es un problema” (sic). (Milenio Jalisco, lunes 19, p. 13.)

¿Le entendió a este chorizo verborreico, caro lector? La verdad es que con este botón de muestra bastará. Pero, para que la indigestión sea completa, hay más viandas mal aderezadas. Las respuestas sobre lo que el anfitrión llama “el eje verde”’; es decir, la problemática del medio ambiente y la sustentabilidad, resultan de antología. Con el esquema mental de aquella vieja cantata que dice: “Mi vida comenzó cuando llegaste tú”, el entrevistado suelta una retahíla de logros y virtuosismos que envían a cualquier lector a los cuernos de la luna:

“Medio Ambiente fue la secretaría que más creció… No es cuestión de rentabilidad, es de responsabilidad, es cuidar lo que nuestros hijos nos están prestando… hoy hay una gran inversión para evitar el incendio en bosques; hoy estamos con operativos contra la tala clandestina; hoy estamos cuidando nuestros litorales; hoy hay una nueva gestión de residuos y de la propia disposición final y su tratamiento en distintos municipios con un nivel ejemplar a nivel internacional, apoyados inclusive por el gobierno de Francia y organizaciones francesas. Hoy lo tenemos, es decir alcaldes de las distintas regiones del estado han recibido premios en Europa por el modelo de gestión que se está haciendo y así estamos avanzando…” (resic).

¿Así o con más optimismo? La neta del planeta que habíamos conocido la felizología extrema en los discursos acríticos de Fox y de otras personalidades banales, que genera nuestro animalero político. Lo atribuíamos de manera superficial a su origen panista, que proviene de las sacristías y los bautisterios. Pero, ¿cómo explicar discursos tan fofos, mal construidos y carentes de sustancia, en personajes priistas, de los que se decía que sí sabían gobernar y que por eso había que retrotraerlos a la palestra administrativa, de donde injusta o equivocadamente los habíamos expulsado por la vía del sufragio popular?

Una explicación probable de semejantes peroratas carentes de fondo, de inagotable logolalia, tendría que referir a la pérdida de tiempo que significa asistir para la formación profesional a las aulas de la universidad estatal. El señor Aristóteles es egresado, si no mienten las informaciones sobre sus estudios, de la Preparatoria 7; luego estudió leyes en donde se tituló de abogado. Ambos institutos pertenecen a la UdeG. Se decía, en el tiempo en que él visitó las aulas de aquella institución que era la mejor de la UdeG. ¿Cómo explicar entonces que haya dejado pasar esperpentos declamadores tan mal cortados?

Recurriendo a otra, para salvar el prestigio de la prepa 7, habría que aceptar que efectivamente salió bien estructurado de la prepa, pero que lo echó a perder la escuela de derecho. Sólo se cambia un estercolero por otro. En ambos casos sale embijada la universidad estatal. Una tercera hipótesis que vendría siendo más cruel, rezaría o fijaría el desastre al señalar que lo echó a perder la escuela de cuadros en que está convertida la FEU. A diferencia de la FEG antigua, a la que vino a suplir, la FEU no es invicta porque nunca se ha enfrentado a nada, ni lucha por nada, ni se prepara para nada, salvo para inducir a estos muchachos analfabetas e ignorantes que nos gobiernan a inscribirse en la carrera política del estado, en la que siempre habrán de encontrar un espacio disponible.

Y ya que se toca el tema de la FEG, el entrevistador de marras le envió un torito a su invitado como para que lo capoteara y diera alguna versión más o menos creíble de lo que se está viendo en torno al edificio en el que estuvo anidado aquel centro de malandrines estudiantiles antiguos. Como bien se recordará, el 4 de julio del año pasado fue demolido el edificio de Carlos Pereira número 100. Hay toda una historia atrás de esta demolición, bajo la técnica de la implosión, que ya fue lo suficientemente reseñada. Hay también todo un historial negro atrás del jaloneo en torno a la propiedad del inmueble, del terreno y del destino que se la ha de dar a lo que queda de dicho paño.

A señalamiento expreso del entrevistador, en el sentido de que fue una decisión sorpresiva, el gobernador respondió, con su estilo garigoleado: “Tenemos un asunto jurídico que me detuvo el proyecto”. La misma respuesta aducida en torno a la verificación vehicular: “Es el entramado jurídico por el que a veces no se dan los resultados; porque sales con un buen proyecto y cualquiera te lo puede detener en un tribunal”. La misma cantilena para responder sobre el problema del agua: “La presa que se está construyendo para abastecer de agua a la ZMG está detenida en un tribunal”.

La FEG, su edificio demolido, el parque que se proyectó en lugar de las mazmorras y las catacumbas de tortura y persecución, en los años en que florecieron aquellos cardos, también se le resbaló en una cáscara jurídica. Resulta que el juez Quinto de Distrito en Materia de Amparo concedió una suspensión provisional a un quejoso de nombre Gerardo Godoy Solano. El número de dicho amparo es el 1057/2014. En él se pide que no se continúen los trabajos proyectados para dicho terreno. Es lo que han dicho hasta ahora los medios.

Esa es la información difundida. Pero ha trascendido que forma parte del litigio la exigencia de una jugosa indemnización, tal vez de 250 millones de pesos. El gobierno del merolico tendrá que enfrentarla, pues todo indica que la tal demolición fue daño en propiedad ajena. Ya saldrán a la luz más detalles de este desaguisado y los degustaremos, aunque indigesten.