Hernán Cortés expuesto

Como mexicano me permito expresar algunas apreciaciones sobre la exposición española Itinerario de Hernán Cortés, y que el Centro de Exposiciones Arte Canal lleva a cabo en Madrid, según reseña en la revista Proceso del domingo 4, Alejandro Gutiérrez:

El curador de la muestra, Martín Almagro Gorbea, considera que con ella se “supera la visión de la leyenda negra del conquistador o la visión romántica de Hernán Cortés”. Que “va más allá, y lo ve como el artífice del mayor encuentro que ha habido en la historia de la humanidad entre dos continentes, el Viejo y el Nuevo Mundo”.
Buen intento. Y se puede entender que en la deprimida España de nuestros días algunos busquen un héroe que estimule el ánimo. Pero en aras de la exactitud habría que hacer algunas consideraciones.
Cortés no fue precisamente el artífice del “mayor encuentro que ha habido en la historia de la humanidad entre dos continentes, el Viejo y el Nuevo Mundo” porque tal le corresponde en todo caso a Cristóbal Colón y a los marineros que vinieron con él, muchos prácticamente innombrados, en cuatro viajes y muchas y dificilísimas peripecias para el arribo. A Cortés le tocó realizar la invasión de Mesoamérica a partir de 1519, 27 años después del primer viaje de Colón, y cuando cumplía 34 años de edad y habiendo vivido 15 en las Antillas.
Es cierto que los calificativos erróneos pueden acomodarse en los juicios a lo largo de la historia pero por eso supimos que los habitantes originarios del continente no eran “indios”; que el “encuentro” no fue el mayor sino el más espectacular de la historia; que el encuentro fue hostil y guerrero como el primero de Francisco Hernández de Córdoba en Potonchan de 1517;  y que el mundo americano era tan viejo como el europeo, como para no hablar más de “viejo” y “nuevo” mundos. Alejandro Magno no “encontró” Asia, que ya era conocida desde épocas remotas, sino que la venció en guerra. El itinerario de Cortés no empezó en Veracruz sino en la Isla de Cozumel y costeando por el Caribe y el Golfo de México invadió Cen-tla en Tabasco donde dejó un saldo de 12 mil muertos, según apreció el conteo más bajo de un cronista. Cortés no permaneció en el impresionante mundo maya cuando observó que no había oro en él y continuó en su búsqueda. No eran 400 españoles los que llegaron sino un poco más de 700. No vencieron solos a los mexicas sino que pudieron aliarse con muchos pueblos enemigos de éstos. La alianza fue posible porque en efecto los mexicas habían sometido a muchos reinos que estuvieron dispuestos a congregarse para luchar contra su opresor. Es cierto que no fue poca cosa la brillante gestión de Cortés para orquestar un ejército de miles de indígenas con qué atacar a México-Tenochtitlan, pero sin la labor de traductora de La Malinche (políglota del popoloca, del maya-chontal, del náhuatl y del castellano al final) y de Gerónimo de Aguilar (que dominó el maya-yucateco a lo largo de ocho años como esclavo de Yucatán) esa alianza no hubiera sido posible.
En efecto, como señala el curador, nunca hubo antes una exposición ni en España ni en México sobre Cortés, y ésta que instaló dice que trata de superar la leyenda negra en torno a la Conquista. Es desde luego interesante sopesar tal silenciosa indolencia de ambos países sobre la figura cortesiana, para entender a qué se debió que nunca antes se hiciera una exposición, pero hay que aceptar que ambos silencios tienen causas diferentes, que tienen mucho qué ver con la vergüenza y con el rencor.
Para España y para México es claro que es mejor exaltar la figura imaginaria de Don Quijote y la trágica de Cuauhtémoc. Y corregir (por qué no) apreciaciones aunque históricas, erradas, como el calificativo de “La Noche Triste”, con una nueva como “La Noche Alegre y Triste” según el cristal con que se mire. Ya que tal fue una derrota (triste) para los españoles (el 30 de junio de 1520) y una victoria (alegre) de los aztecas. Y no aceptar, como han hecho timoratos y pusilánimes, calificativos unilaterales y equivocados, por el hecho de que ha pasado mucho tiempo de aceptación del engaño.
Para España, Cortés sí es un héroe: no fue poca cosa su gestión invasora entre el mundo indígena mexicano; para México sí fue también un “genocida y buscatesoros”, condiciones que se propone superar la exposición.
Almagro Gorbea remata su reflexión diciendo que “el hombre es un animal colonizador, como todos los seres vivos” para justificar la iniciativa colonizadora de España y después de casi toda Europa. Pero el colonialismo fue lo peor del animal humano y a diferencia de las termitas y las avispas, en plano humano y civilizador, debió erradicarse. Porque el hombre también puede ser eso: civilizado.
Hay que entender que “uno de los más importantes encuentros culturales de la historia de la humanidad (fue) el que tuvo lugar entre la España del Siglo de Oro y la majestuosidad de la civilización azteca”, agregó Almagro. Y no uno de los más importantes sino el más importante, en la medida en que  las riquezas americanas ayudaron a la consolidación europea y América se convertiría en el único continente que habla, en su mayor parte, una sola lengua, a pesar de los horrores sobre los que se montó este proceso. Bastaría pues con una exposición que exhibiera también, además del arrojo del personaje, su “leyenda negra”, que consiguió un continente que España explotó durante mucho tiempo y que lo empujó hacia su conversión completa al cristianismo.
Alejandro Magno, que venció a los asiáticos no pudo privarlos sin embargo de su religión.
La historia es diversa y perversa. No fue igual el tratamiento moro hacia los españoles a lo largo de un poco menos de un milenio, que el de los españoles hacia los indígenas mesoamericanos durante tres siglos y más.
Entre Mesoamérica y Occidente no hay guerra como existe hasta hoy entre asiáticos y Europa y Norteamérica, y cuya expresión es la invasión de países de Medio Oriente o el terrorismo.
La leyenda negra por cierto no fue una construcción mexicana. Bernal escribió:
“Digamos de los cuerpos muertos y cabezas que estaban en aquellas casas donde se había retraído Guatemuz; y es verdad, y juro ¡amén! que toda la laguna y casas y barbacoas estaban llenas de cuerpos y cabezas de hombres muertos, que yo no sé de qué manera lo escriba. Pues en las calles y en los mismos patios del Tatelulco no había otras cosas, y no podíamos andar sino entre cuerpos y cabezas de indios muertos.” (Ed. Patria. Cap. CLVI, p. 555; México, 1983).   l
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* Escritor y antropólogo. Ha escrito entre otros libros, La conquista de La Malinche; Hernán Cortés y Quetzalcóatl; Náufragos españoles en tierra maya, y en 2014 El monarca y la faraute, diálogo entre Moctezuma y La Malinche. Es titular de la Dirección de Estudios Históricos del INAH.