En sus estimaciones, el historiador francés radicado en México, Patrick Johansson, detallista y analítico, sitúa las razones de la exposición sobre Hernán Cortés en Madrid de acuerdo con una visión lógica debido a la ignorancia de los peninsulares sobre el tema de la Conquista. Y le llama “conquistador maquiavélico”, no para denigrarlo, sino para señalar que era un renacentista al frente de una empresa medieval, puntual en la realización del ideal “el fin justifica los medios”, por lo cual la Iglesia católica no deberá tenerlo ni en el cielo ni en el infierno…
Al lingüista normando Patrick Johansson Kéraudren le resulta acertada la muestra Itinerario de Hernán Cortés que presenta el Centro de Exposiciones Arte Canal en la capital de España, “porque allá tienen a Cortés como una figura heroica, pero el personaje es un conquistador y ellos en la península hispana no poseen conocimientos claros de lo que verdaderamente fue la conquista de México”.
Profesor de literatura náhuatl en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM e investigador del Instituto de Investigaciones Históricas de la máxima casa de estudios en nuestro país, Johansson destaca que dicha exposición reúne una cantidad de objetos memorables como las espadas de Cortés y el códice Osuna, por ejemplo, “que para los madrileños serán interesantes por brindarles una visión si no de Cortés únicamente, por lo menos sí de su intervención en México”.
También discípulo de Miguel León-Portilla, analiza el reportaje publicado el domingo 4 en este semanario por Alejandro Gutiérrez, “Ni héroe ni villano: la visión del vencedor” (Proceso 1992), donde se lee:
“En la exhibición se recrea el denominado tzompantli, con 14 cráneos humanos exhibidos ante el templo principal como trofeo y ofrenda. Se trata de una recreación de los restos arqueológicos de Tecoaque, donde en julio de 1520 los aztecas apresaron una caravana salida de Veracruz cuando se dirigía a unirse con Cortés en Tenochtitlán. Según la historia, los aztecas se comieron a los presos y a sus animales, que eran los primeros procedentes de Europa.”
Johansson, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua desde 2010, reconoce en este punto la labor de uno de sus alumnos “porque se llevaron varias cosas a España de Tecoaque en Calpulalpan, Tlaxcala, y yo dirigí la tesis de doctorado de este señor Enrique Martínez Vargas, que es el arqueólogo que hizo las excavaciones y descubrió precisamente lo que están citando, lo que descubrieron allá es interesantísimo. Hicieron sacrificios de mujeres y negros, cuando los indígenas jamás habían visto negros en su vida” (ver https://www.arqueomex.com/S2N3nSacrificio119.html).
“Coincido con lo que dice Martín Almagro-Gorbea, el comisario científico coordinador de Itinerario de Hernán Cortés, en el ser humano hay este instinto colonialista. El conquistador asesinó a muchísima gente, o murieron por el maltrato y las enfermedades hicieron su parte, al igual que los tlaxcaltecas; pero creo que en un momento dado también bastantes indígenas se dejaron morir y se suicidaron. Se colgaban de los árboles o mataban a sus hijos para que no vivieran esos tiempos nuevos que se avecinaban con los españoles triunfantes.”
Maquiavélico por excelencia
En términos generales, Patrick Johansson está de acuerdo en considerar a Hernán Cortés “no como el malo, ni como el superhéroe” sino que “hay que verlo como un hombre de su tiempo”, dice:
“Yo sé que El príncipe de Nicolás Maquiavelo fue publicado en 1513 y a lo mejor Cortés no lo leyó; pero para mí Cortés era el maquiavélico por excelencia, aunque en el buen sentido de la palabra. No como el malo de la película, sino en el sentido de que creía en que el fin justifica los medios. Para ello tenía esas armas tremendas, punzocortantes, que aplicaba al pie de la letra cual teorema de Maquiavelo con el objeto de explotar los determinismos que existían por aquel entonces.”
Desglosa algunas ideas ya contenidas en su libro El códice florentino. Un encuentro de dos sistemas cognitivos, donde manifiesta que lo primero que hicieron los mexicas cuando supieron del arribo de los españoles a costas mexicanas “fue buscar en su pasado, en sus libros, digamos, interrogando a los sabios, porque creían que el presente tenía que estar en el ayer ya inscrito”.
“Cuando España llega a México, es un mundo que avanza, o sea, el europeo, que ha roto ciertos vínculos religiosos. Por ejemplo, en la edad Media, si vemos en algunas catedrales, existen los laberintos como en la de Chartres donde se busca a Dios en el centro. Ese era el espíritu, y a partir de los descubrimientos del siglo XV y sobre todo, del XVI, y el XVII, evidentemente hay como una fuerza centrífuga.
“Es el mundo europeo que avanza buscando en el horizonte otros continentes, mientras que en México tenemos a un mundo que esperaba. En el mundo cíclico del tiempo indígena todo regresa, los ciclos eran de 52 años y cada uno era una especie de borrón y cuenta nueva, es muy conocido que los indígenas aguardaban la vuelta de Quetzalcóatl. En el año Uno Caña Ce-Acatl confundieron su llegada con Cortés, sucedió realmente en muy poco tiempo, pero suficiente para desbalancearlos y consideraron a Cortés como Quetzalcóatl, el quid pro quo fue inevitable. Cuando los mexicanos se dieron cuenta de la verdad, ya era tarde pues los españoles se habían entendido con los tlaxcaltecas y esa guerra estaba perdida.”
–Alejandro Magno deseaba efectivamente ser divinizado, pero en México son los mexicanos quienes convierten a Cortés en la deidad solar Quetzalcóatl.
–La confusión nació porque es un personaje blanco y barbado, siendo algo que los españoles también explotarían en el siglo XVI de la mitología indígena, la trans-semantizaron, le cambiaron el sentido… Porque se supone, según los textos en español sobre todo, que Quetzalcóatl era blanco y barbado; no blanco de piel sino en muchos códices se marca que es blanco porque está en el oeste y es el sol poniente.
“Y en cuanto al barbado no quiere decir barbado, sino viejo. En la iconografía indígena tenemos a un Quetzalcóatl blanco y barbado, que es el sol poniente, que se opone a un Quetzalcóatl rojo o del sol naciente. Y aquí lo que hicieron los españoles fue justificar: ‘¡Pero si ustedes nos estaban esperando!’ Así ellos comienzan a cambiar el sentido de los mitos indígenas y adecuarlos a sus intereses propios.”
La comparación de Cortés con el conquistador macedonio que efectúan los expositores de Madrid le parece “exageradísima”:
“Yo considero a Cortés como un hombre de su tiempo. Digamos que no hay que ver sólo al individuo, lo cual es un fenómeno evidentemente, como Alejandro Magno en términos de coraje, valentía, audacia. Eso se le reconoce.
“Obvio que también hay que culparlo de las masacres, junto con los tlaxcaltecas. El maquiavelismo de la matanza en Cholula nunca lo reconocieron pero es casi seguro que Cortés de manera totalmente maquiavélica organizó la matanza. Los cholultecas tenían como dios a Quetzalcóatl y eran un gran peligro por ser tan valientes como los mexicas. Lo supieron a través de los tlaxcaltecas que eran sus enemigos mortales y decidió hacerles la guerra para acabar con ellos.
“Para mí el encuentro de ambos mundos es el enfrentamiento de dos maneras de pensar, de dos visiones y no podemos decir que Cortés fue quien unió América y Europa, sino los que vinieron después. Los religiosos serán quienes hagan lo esencial de la conquista espiritual.”
La Conquista de México inició desde Cozumel y no solamente desde Veracruz, aclara.
–Es el recorrido de la ruta de Cortés que Winfield Scott imita al invadir México en 1848, llevando consigo el libro Conquest of Mexico de Prescott.
–Aquí un punto muy importante a señalar es que sucedió como con Julio César y los galos, que eran tribus enemigas unas con otras, no había un sentimiento de identidad indígena acá.
“La palabra indígena nace tardíamente porque en náhuatl se dice macehual. Y la palabra indígena es el súbdito de macehual, pero ni siquiera hoy en día tienen esta conciencia absolutamente clara los indígenas. En tiempos de Cortés, si hubiese habido un concepto de lo que eran los indígenas, nunca hubiera conquistado México. Ni España, por lo menos en el siglo XVI. 400 españoles no hubieran podido hacer nada con tal cantidad de indígenas en su contra. Se los hubieran comido.”
–El problema de verlo como un hombre de su tiempo es que en diversas épocas esta visión ha cambiado. Bernal Díaz del Castillo hablaba de que era un hombre letrado y latinista, cosa que recientemente niega el historiador francés Christian Duverger (Cortés. La biografía más reveladora).
–No tenemos pruebas fehacientes de que Cortés haya ido a la Universidad de Salamanca; pero era un hombre ciertamente culto y de una gran inteligencia como guerrero, aparte de muy astuto.
“Aquí también hay que ver que había muchas pugnas entre los españoles. El mismo Bernal tiene fricciones también con él, entonces hay muchas aristas que deberían analizarse y cada época lo ve de manera muy diferente. Culto y todo, usa su maquiavelismo a fondo cuando va a las Hibueras y comienza a sospechar de que Teltepanquetzal y Cuauhtémoc conspiran contra él, así que los cuelga. No se sabe si realmente hubo conspiración pero es el pretexto; es como lo que hicieron con Maximiliano en México. ¡Benito Juárez no lo dejó vivo!”
La Iglesia católica organizó sendas corridas de toros por vez primera para celebrar a Cortés tras su triunfo sobre los aztecas al regresar de las Hibueras, espectáculos que horrorizaron tanto a los vencidos que su borrachera les duró varios días, afirma Irving A. Leonard en La época barroca en el México colonial (Fondo de Cultura Económica, 1974).
–¿Dónde queda el humanismo de la Castilla de Cortés, conforme lo que se afirma de esta exposición suya en España?
–No lo creo aquí… Habría un cierto humanismo en términos renacentistas, pero eso vino con ciertos frailes como el franciscano Bernardino de Sahagún, como Motolinía, como fray Martín de Valencia, que evidentemente y eso hay que verlo de manera histórica también en su contexto propio vienen a evangelizar, piensan que esta tierra es la tierra del chamuco que hay que liberar. Pero reconocen también y comparan a la indígena con la cultura grecolatina, lo cual es también extraordinario y ahí está el humanismo.
“Yo creo que los soldados más bien eran todavía bastante medievales y Cortés es renacentista. Arquetipo del soldado, del conquistador, tiene todos los méritos y todos los defectos que conlleva este tipo de conquista, claro.”
–¿Dónde cree que el Dios de la Iglesia católica habría colocado a Cortés, en el cielo o en el infierno?
–Por lo menos en el purgatorio por el resto de sus días. Lo interesante es que murió en España y quiso regresar a México, digamos que a México lo tenía como algo muy cercano por la conquista que había hecho en su existencia, pues fue un guerrero que luchó en Argelia con el emperador. También hay que examinar todo esto, yo creo que no hay que satanizar a Cortés.
“Así como lo plantean los expositores en Madrid, no hay que verlo ni tan bueno ni tan malo, sino como un hombre del siglo XVI con todas las debilidades. Debemos contextualizarlo históricamente y evitar las perspectivas buenas o malas porque es evidente que cometió muchas atrocidades; pero las cometieron muchos españoles que vinieron con él y muchos de los tlaxcaltecas que se aprovecharon de la fuerza de los españoles para cometer cosas bastante feas con él”, concluye el autor de la traducción Esperando a Godot de Beckett en lengua nahua (Proceso, 1917).








