Está abierta la herida, se reabre la polémica. El doctor en Estudios Mesoamericanos, Samuel Máynez Champion, cuestiona los conceptos que sostienen a la exposición Itinerario de Hernán Cortés en Madrid. Para Proceso, de donde es colaborador, ofrece cuestionamientos directos: La muestra es, por decir lo menos, “tendenciosa”. En texto aparte, recoge la genealogía amorosa de Cortés y describe el destino de su descendencia.
La propuesta de la exhibición Itinerario de Hernán Cortés, en el Centro de Exposiciones Arte Canal, de Madrid, de revisar a este personaje no como “héroe” o “villano”, sino como el “artífice” del llamado “encuentro” de dos mundos, revive una muy vieja polémica.
Y es que abordar a Cortés sin visiones maniqueas ya había sido planteada por varios investigadores e intelectuales como Francisco de la Maza, Octavio Paz y José Luis Martínez –autor de una de las más completas biografías del conquistador (Proceso, 699)–. Dijo en su momento el primero:
“A Hernán Cortés, como a toda personalidad histórica, no hay que elogiarlo sin más ni más, ni insultarlo sin menos ni menos. Hay que explicarlo.”
Pero la herida de la conquista sigue abierta. Prueba de ello es la respuesta que provocó la entrevista de Alejandro Gutiérrez al coordinador de la exposición Martín Almagro-Gorbea (Proceso, 1992). En la sección Palabra de Lector del número 1993 de este semanario, el señor Manuel Peñafiel contrapone sus argumentos a los del curador español. Para él Cortés fue un “homicida encumbrado”.
En estas páginas, el doctor en Estudios Mesoamericanos por la UNAM el estudioso Samuel Máynez Champion, autor de la ópera Motecuhzoma II y colaborador de Proceso, da sus puntos de vista sobre la exposición y la figura de Cortés.
Falta de rigor
Si bien Máynez considera que conocer más sobre Cortés contribuye a entendernos mejor, pues su figura tiene “un valor fundacional y mítico de la mayor trascendencia”, cree que la exposición peca “previsiblemente, de parcial y tendenciosa y presume una falsa objetividad”.
Detalla:
“Para empezar, no presentaron con el rigor estricto a los hechos y las fuentes los lados oscuros de su humanidad. Si en algún lugar se leyera que el extremeño fue hipócrita, lascivo, mentiroso, ingrato, ladrón, simulador, codicioso, cruel y asesino, entonces sí se hallaría el balance para aquilatar sus talentos para la estrategia y la diplomacia y su indudable arrojo.”
Lejos de considerar a Cortés el artífice del “mayor encuentro” en la historia de la humanidad, como lo llama el curador, piensa que con ese lenguaje se encubren los hechos:
“Artífice se aplica para alguien que consigue lo que desea mediante procedimientos relacionados con el arte, y Cortés no alcanzó sus objetivos de una forma bella, buena y veraz. Lo hizo con sevicia, ardides y brutalidad. En cuanto al ‘encuentro’, la historia nos demuestra que los primeros europeos no desembarcaron en América en aras de ‘encontrar’ sino de ‘conquistar’. Por eso, la Conquista se cataloga, atinadamente, como uno de los más violentos choques o ‘encontronazos’ de la historia universal.
–Incluso lo compara con Alejando Magno pues para él, así como éste unió oriente y occidente, Cortés unió el viejo continente con el llamado Nuevo Mundo…
–Tampoco unir es el verbo correcto. Tendría, más bien, que hablarse de que Cortés ayudó a “someter” al nuevo territorio a los intereses de la Corona española y de la cuestionable Iglesia Católica, Apostólica y Romana.
La pregunta es, si pese a las tropelías que la historia consigna de él es posible evaluarlo ahora en el siglo XXI y desde México, sin calificarlo como un villano. Máynez insiste en la pertinencia de revisar al personaje, pero sin omitir sus lados oscuros y reprobables, de lo contrario no puede haber un eventual perdón, no sólo desde “el ángulo de los ‘vencidos’, sino de la propia España”, que también debe enfrentar su pasado sangriento:
“Los españoles de hoy siguen ostentando, en términos generales y con sus grandes excepciones, una cultura patriarcal violenta, incongruente y fratricida. En cuanto a nosotros, cuales descendientes de ese cruento mestizaje que no acabamos de asimilar, basta ver cómo vivimos: llenos de complejos, de taras, asesinándonos, mintiéndonos y robándonos unos a otros, amén de seguir aquejados por una patológica incapacidad para encarar a los fantasmas de nuestros orígenes. Por tanto, creo que contentarnos nada más de la vestimenta heroica del conquistador es imposible.”
Para Almagro-Gorbea, la historia de la humanidad es la historia de las colonizaciones y justifica que es natural en el ser humano colonizar. Máynez coincide, admite que el hombre es capaz de cometer los actos más viles y los más nobles. Cree, sin embargo, que con un código de ética siempre sabremos como sociedades e individuos discernir qué es lo correcto.
En ese sentido, sostiene que como herederos de las acciones de Cortés, tanto mexicanos como españoles, “nos corresponde condenar aquello que es moralmente reprobable, así esto se ajuste a la lógica imperialista. ¿Cómo vamos a evolucionar hacia sociedades más justas, si seguimos ciñéndonos a esta visión acomodaticia de los hechos que nos conformaron?”.
Pero pese a que la población originaria fue masacrada, avasallada, despojada de sus propiedades, el curador pide que se supere ya el hecho para verlo con mayor perspectiva, pues al fin somos producto del mestizaje. Máynez reprueba completamente:
“Es el mismo discurso de Enrique Peña Nieto al bregar con los mártires de Ayotzinapa. Mejor que no se hurgue, que no se haga más ruido, que se le eche tierra al asunto para que los perversos mecanismos que rigen a las estructuras del poder no cambien. Muy distinto sería que esa petición en pos del olvido y de zanjar el pasado proviniera de las víctimas, mas como vemos eso está muy lejos de ocurrir. Mientras no suceda, los detentadores del poder, entiéndase, los que deben asumir la responsabilidad de sus crímenes, no tienen derecho a pronunciarse.”








