Pederastia solapada

Pese a que en diciembre pasado dos madres de familia se quejaron ante el director interino de la escuela primaria Miguel Hidalgo y Costilla, por los abusos del profesor Fernando Ramos Mosqueda –quien pagaba a los alumnos para que le hicieran sexo oral y les proyectaba videos pornográficos–, la autoridad no hizo nada; incluso defendió al mentor y dijo que metía “las manos en la lumbre” por él. Los agraviados insisten en que deben investigarse esos casos de ese profesor que es “bien puerco”, según los afectados, pero no se atreven a presentar la denuncia penal ante la Fiscalía General del Estado.

Las madres de dos alumnos de la primaria pública Miguel Hidalgo y Costilla acusan al profesor Fernando Ramos Mosqueda, mentor del grupo segundo B turno vespertino, de abusar sexualmente de sus hijos, a los que daba dinero para que le practicaran sexo oral en el salón de clase, mientras el resto de los alumnos disfrutaban del recreo.

El profesor de la primaria ubicada en la calle Agustín Melgar número 1504, entre Chapultepec y Juan Escutia, colonia Santa Lucía, en Zapopan, también les exhibía videos pornográficos, según relataron los agraviados: B., de siete años, y JR, de 12, a sus padres, quienes denunciaron a Ramos Mosqueda ante el director interino de la escuela, Jaime Gómez, quien sólo les ofreció cambiarlos de salón.

Cuando Proceso Jalisco entrevistó a Gómez, éste respondió que ya estaba enterado del problema, e incluso había informado a su superior. Los dos niños intentaron deslindarse del asunto y señalaron a otros compañeros como las víctimas.

Y aunque el problema se presentó el año pasado, las familias agraviadas aún no se atreven a presentar una denuncia penal contra el profesor Ramos Mosqueda por temor a represalias. “No tenemos dinero, ¿cómo nos defendemos?”, dicen a la reportera.

El 17 de diciembre último, en entrevista con este semanario, el padre de B, quien tiene 53 años y es chofer de un camión de carga, comentó a la reportera:

“Mi esposa habló con la madre del otro niño afectado; ella se niega (a aceptar el agravio) y no quiere ir (a la Fiscalía General). No sé cómo quedó con el director de la escuela. Lo que sí sé es que mi señora le insiste para que acudan a poner la demanda, sabemos que el otro niño es más tremendo, aquél sonsacaba a éste (refiriéndose a su hijo) y lo metía con el maestro.”

Al día siguiente, dice el entrevistado, ambas acordaron ir a la fiscalía a presentar su denuncia, pero la madre de JR no llegó.

Refiere el señor que a finales del año pasado notó un cambió en B. “No se me despegaba –cuenta–, y mi hijo el mayor me dijo que JR (el otro menor agraviado) le platicó que el maestro les pagaba por hacerle cosas y lo presionaba para que no le dijera nada a su mamá”.

La versión de su hijo mayor fue corroborada por sus dos hermanas, de entre 10 y 12 años, quienes acuden al mismo plantel en el turno vespertino. “Ellas me dijeron: Sí papi, ¡qué casualidad que siempre el maestro los encierra y no los deja ir al recreo. Y éste (su hijo B, dice el señor) me dice que (el profesor) tiene unas cajas, y ahí mete a otro niño para que vea a sus dos compañeros cuando le practican sexo oral”.

Los testimonios

A principios de diciembre pasado las madres de B y JR acudieron con el director interino de la escuela –que sólo por las tardes se llama Miguel Hidalgo y Costilla– para exponer los abusos del profesor Fernando Ramos Mosqueda. Él les respondió que no podía hacer nada si no le presentaban pruebas; incluso comentó que metía las manos a la lumbre por el maestro, recuerda el padre de B, quien terminó por confesarle que todo comenzó cuando iba en primer grado.

El niño le dijo a su padre que Ramos Mosqueda era “un maestro bien puerco”, pues le daba dinero –entre cinco y 10 pesos– a él y a otro menor por esos actos. “Nosotros les damos dinero a nuestros hijos, poquito pero se les da. (B) nos dijo que cuando quería salir del salón, Ramos Mosqueda le mandaba dinero con JR y mi hijo le respondía que no lo quería; a veces incluso se salía corriendo del salón”, cuenta el entrevistado.

Dice que sus otros tres hijos, quienes también cursan la primaria en el mismo plantel, llegaron a reclamale por qué su hermano B “compraba cosas que costaban caras”.

Al principio, el papá de B estuvo tentado en acudir directamente con el profesor Ramos Mosqueda para enfrentarlo, pero desistió porque, aclara, es muy violento. Optó por pedir a su esposa que ella fuera a la escuela a pedir explicaciones.

Proceso Jalisco acudió con la familia de JR, el otro menor agraviado. Su precaria vivienda escasamente iluminada, pues no hay alumbrado público en la zona, era custodiada por El Pinto, un perro que se alegró cuando oyó tocar la puerta, que abrió JR. Iba montado en su bicicleta y se preparaba para salir a un mandado.

Atrás de él aparecen sus padres, quienes muestran sus pies descalzos, llenos de lodo, pues el patio de su vivienda es de tierra y acaban de regarlo. La madre de JR tiene alrededor de 50 años y trata de sonreír. Su ropa está desgastada. A su lado se coloca su esposo, más joven que ella, con  gorra y ropa deportiva.

Cuando la reportera les comenta el motivo de su visita ambos se muestran indignados. El señor comenta: “Yo platiqué con mi hijo antes de ir a la escuela a reclamar, para que me dijera lo que le habían hecho”.

JR le dijo a su padre que, una vez, el profesor Ramos Mosqueda le dijo que sólo le devolvería su trompo si le hacía sexo oral. Luego, frente a su profesor, el menor comentó que él les dijo que le había hecho cosas a B y a sus hermanos, quienes se quedaban encerrados en el salón durante el recreo.

Lo secunda la señora: JR “nos dijo: ‘No me dio el trompo amá, porque yo no quise (tener sexo oral)’… Ya ve que ya está grande, tiene 12 años. Yo siempre les he inculcado a mis hijos que no teman a nada. Que si alguien los amenaza, deben decirlo”; y ellos lo hacen, insiste.

Retoma la conversación el señor, quien asevera que JR “no se calló cuando encaró al maestro en la dirección del plantel”. Y cuando él le pidió ir a su salón por su mochila, JR le dijo a Ramos Mosqueda: “Acuérdese que usted me dijo que no juera a decir nada”. Y el maestro lo amenazó, cuenta la mamá del menor.

El director, según los padres de JR, “no le creyó al niño”. El padre lamenta que la autoridad no actúa sólo porque es la palabra de un menor; la madre comenta que los agraviados no son sólo B y JR, también hay alumnos de otros grupos.

Cuando la reportera les señala que, en el caso de B, los acosos empezaron desde que iba en primer año, la señora se pone nerviosa. Dice que su hijo sólo le habló del trompo.

Luego, tras recuperarse, sostiene: “Me gustaría que lo atendieran (a JR) y que llegáramos hasta donde tengamos que llegar. Y no nomás a él, sino a los demás niños. Mi hijo dice que son como cuatro del mismo grado”.

La señora se ausenta por unos minutos. La conversación continúa sólo con el señor, quien indica que su esposa le informó a principio de diciembre que cuatro meses atrás el profesor Ramos Mosqueda le pidió a JR que le hiciera sexo oral para regresarle el trompo.

“Yo hablé con mi hijo para que me dijera cómo estaban las cosas; si el profesor había abusado de él o le había hecho algo inapropiado. Me dijo que a él no, pero que a los demás sí; él no se dejó.”

En ese momento llega JR acompañado del Pinto. Cuando la reportera le pregunta si recuerda el nombre de los otros menores agraviados, menciona a P, de ocho años, quien vive en Tesistán.

También relata que Ramos Mosqueda platicaba con B y ambos veían videos para adultos.

“Una vez lo caché (al profesor) con un niño de esté tamaño (aproximadamente un metro) en su casa. Estaba bañándolo y tomándole video. Luego vi cuando se lo mostraba de su celular a otro niño, a quien también le enseñó videos de otros niños y hombres desnudos”, cuenta JR. l