Premio Nacional a Humberto Robles

La semana pasada Humberto Robles recibió el Premio Nacional de Dramaturgia Emilio Carballido con su obra La noche que jamás existió, donde con un lenguaje sobresaliente en la escritura desarrolla un diálogo imaginario entre William Shakespeare y la reina Elizabeth. El tema central es el amor. La reina solicita a Shakespeare que, olvidando su realeza, le explique, le muestre y le hable del amor en todas las combinaciones posibles.

El premio, que año con año desde 1987 otorga la Universidad Autónoma de Nuevo León en honor al dramaturgo Emilio Carballido, fue convocado también por la Universidad Veracruzana celebrando el 87 aniversario del natalicio del autor de origen veracruzano, el cual tuvo una gran incidencia en el impulso de la dramaturgia y los jóvenes talentos de su estado y del país en general.

Humberto Robles de León, cuya obra fue seleccionada de entre más de cien trabajos, es un dramaturgo comprometido, enfocado principalmente a obras de teatro que exponen la situación social y política en nuestro país donde los migrantes, los desaparecidos o los humillados son los protagonistas. Mujeres de arena, por ejemplo, es una obra testimonial que se ha presentado infinidad de veces, tanto en el país como a nivel mundial, formando parte de diversos actos de denuncia de los feminicidios en Ciudad Juárez, Chihuahua. En esta ocasión, con motivo del 450 aniversario de William Shakespeare, se lanzó a escribir una obra donde el autor y su obra dramática son el hilo conductor. En La noche que jamás existió, Humberto Robles hilvana magistralmente textos, monólogos y parlamentos del inglés, conservando el tono y el lenguaje en los diálogos que él escribe entre los dos personajes.

Hablar del amor parecería una tarea fácil y un lugar común, pero en boca de Shakespeare se consigue mostrar su complejidad y las posibles formas para manifestarse. En la obra que Robles escribe, abarca desde los celos, el amor no correspondido y la pasión a todo galope, hasta la determinación del estatus social y las diferencias de género.

El autor de La noche que jamás existió propone un juego de intercambio de sexos, dándole a la obra múltiples significados e interpretaciones en cada función. Propone que “los personajes pueden ser interpretados por un hombre y una mujer en cualquiera de los personajes indistintamente y también por dos hombres o por dos mujeres”. El abanico que se abre ante esta propuesta enriquece ampliamente la obra y nos recuerda a Cuarteto de Heiner Müller, con un juego similar entre la marquesa de Merteuil y el vizconde de Velmont, sustraídos a la vez de la novela epistolar Las amistades peligrosas de Laclos escrita en 1782.

Humberto Robles se arriesga y hace que la reina Elizabeth solicite a William que la seduzca, que la lleve por los caminos del amor en todas sus combinaciones, que la despoje de sus títulos nobiliarios y la vuelva hombre, mujer, reina o plebeya, para entender esa vivencia que ella desconoce y se ha negado a experimentar.

La noche que jamás existió, que será publicada en el 2015 como parte del premio, es una obra redonda, con un final sugerente, que invita a leerla de principio a fin y que espera, como cualquier obra dramatúrgica, poder ser vista en los escenarios para que el ciclo teatral se complete y viva no sólo en la mente del lector sino en la experiencia viva del espectador.