Señor director:
Le agradeceré que tenga la gentileza de publicar las siguientes líneas en Palabra de Lector.
He seguido la polémica en torno al tema del “boicot electoral” desde el momento en que Javier Sicilia escribió convocando al mismo. Lamento, sin embargo, que a la fecha siga siendo un tema bastante marginal y poco comprendido.
El boicot es una de las acciones cívicas no-violentas más claras y contundentes con las que cuenta un pueblo para recuperar el control de su propio destino. Es la expresión más abierta de la no cooperación con las fuerzas o estructuras que han venido enajenando su capacidad humana fundamental, es decir, la del dominio sobre sí mismo.
El debate que ha tenido lugar en la revista Proceso se ha movido en un margen ambiguo, que es el que, en los tiempos modernos, separa a la ética de la política.
Por supuesto, ninguna respuesta para la tragedia que vive nuestro país puede ser sencilla. Sin embargo, aunque considero que es deseable que en la arena pública se debatan las alternativas políticamente viables, creo que lo primero y prioritario es que nuestras acciones sean éticamente contundentes, y sólo a partir de ahí tratar de descomponer y luego recomponer las estructuras que nos rodean.
En este sentido, entiendo que el argumento central de Javier Sicilia es estructural y no, como lo interpreta Martí Batres, un aferrarse “en denostar a la fuerza política” que –según él– más coincide con las propuestas del propio Sicilia.
Desde mi punto de vista Martí Batres se equivoca cuando asevera que el tema estructural más relevante es “la entrega del petróleo, de los recursos naturales y de los bienes de la nación”. Se equivoca porque piensa con la lógica del homo economicus, es decir, de ese ser que pregona que son los “bienes” económicos, y no el adecuado y armónico equilibrio en las relaciones de hombres y mujeres entre sí, el fundamento de la paz. Por eso Sicilia acierta al percibir el mismo dogma desarrollista que, a final de cuentas, Batres comparte con EPN.
Aun cuando es de reconocerse que el neoliberalismo es un cáncer enormemente expandido en el mundo, me parece de fundamental importancia que reconozcamos también que la estructura social de nuestro país está rota desde mucho antes de los atentados neoliberales de nuestros políticos, ruptura por la cual, de hecho, fue posible en primer lugar que tales atentados ocurrieran sin ser castigados.
La ruptura social tuvo lugar cuando una casta política se separó del común de la gente, y cuando los políticos, de todo cuño, se desvivieron para entrar en ella. El tema estructural más importante es que la casta política exista y se atrinchere en los partidos, tanto en los viejos como en los nuevos… (¿De veras Iragorri para Morelos?)
Lo que hoy vemos en México es que el común de la gente está diciendo “¡ya basta!”. Y se lo está diciendo, abierta y claramente, a todos los políticos. (Por eso las pedradas a Cuauhtémoc Cárdenas en la primera Acción Global por Ayotzinapa.) El siguiente paso, el natural, es el repudio a las urnas, pues éstas son la manera más eficiente que, en las últimas décadas, ha encontrado esa casta para reproducirse y seguir expoliando a la nación. ¿Seremos capaces los ciudadanos de recuperar el destino en nuestras propias manos?
Atentamente
Roberto Ochoa








