Señor director:
Apartir de un artículo publicado en la excelente sección de Análisis, titulado Por un boicot electoral (Proceso 1982 /26/10/2014), se generó una polémica que ha tenido seguimiento en Palabra de Lector. Agradecería que incluya lo siguiente:
Triste es ver la pobreza de conceptos y la escasa capacidad de análisis que presentan una persona que se ostenta como poeta y otra como político, lo mismo que los ciudadanos que hacen eco de una idea tan absurda como el “boicot electoral” para cambiar la situación del país.
Los problemas nacionales son profundos; no existen soluciones sencillas, rápidas o mágicas. Pese al tiempo transcurrido, muchos mexicanos no hemos olvidado, como se decía, que la alternancia política sería la gran fórmula por la cual se resolverían nuestros problemas, ni que una vez sacado el PRI de Los Pinos todo sería miel sobre hojuelas.
Ahora el señor Sicilia nos habla de que el “boicot electoral” es un medio válido para buscar una solución; cosa absurda, pues desde que se instauró el voto en México jamás ha acudido la mayoría de la población a sufragar. Lamentablemente, numerosos ciudadanos le creen, además de que coinciden en la falsa idea de que votar es convalidar el estado que guarda la nación.
Por otro lado tenemos al representante de un nuevo partido que toma la postura maniquea sintetizada en la frase: ellos son los malos y nosotros somos los buenos, posición demasiado simplista para explicar la política mexicana.
La democracia es toda acción social, sí, pero guiada por la razón, no por impulsos emocionales o por la apatía y la soberbia que se engendra en la ignorancia de la política disfrazada de autosuficiencia.
Un elevado número de pobladores creen saber todo sobre la política y los políticos, al igual que sobre las necesidades de la nación, sin ser conscientes y responsables de sus actos. Hay ciudadanos muy críticos que en su desenfreno no se detienen a pensar en las consecuencias de sus acciones y ven la paja en el ojo ajeno sin ver la viga en el propio.
Recuerdo cómo un intelectual y político habló y se besó con tres de los cuatro candidatos de las elecciones pasadas (el cuarto rechazó el beso, sólo le dio la mano), y posteriormente, en una de sus cartas publicadas en Proceso, admitió haber actuado de manera hipócrita y depositado un voto en blanco.
El hecho de votar en blanco, anular el voto o no acudir a las urnas simplemente demuestra que muchos mexicanos no merecen el estatus de ciudadanos que la Constitución les otorga y por el cual dieron su vida varios héroes. Pareciera que les bastaría ser esclavos, en espera de un mesías que los libere y les prometa el paraíso, pero mientras éste no aparece siguen maldiciendo su suerte y a toda la sociedad.
El voto es un derecho, una obligación y un privilegio. Quien lo rechaza o hace mal uso del mismo carece de altura cívica o moral política. Si al señor Javier Sicilia verdaderamente le interesara la higiene cívica, debería comenzar por aceptar su papel en el apoyo intelectual al Partido Acción Nacional y sus candidatos que llegaron a la Presidencia, así como admitir que participó en el circo de medios electrónicos que convalidó las presidencias de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. ¿Por qué? Simplemente porque nunca ha ofrecido alguna alternativa real.
Cuando un ciudadano no vota, anula su voto o no se interesa realmente en la vida interna de las instituciones públicas, como los partidos, y espera justicia exigiéndola mediante marchas, besos y abrazos como si de rogar al poderoso se tratase, su ciudadanía es un cuento de hadas.
Atentamente
Marco Antonio Morquecho Camacho








