“Rosewater”

La vida de Maziar Bahari, iraní nacionalizado canadiense que ha vivido en Londres, se parece a un jardín de senderos que se bifurcan y se encuentran; es periodista, escritor y cineasta.

Su padre, comunista, padeció prisión bajo el régimen del Shah, y la hermana bajo el del ayatola Khomeini. Es un musulmán cuyos intereses van desde el futbol hasta la historia del Holocausto y la discriminación de los judíos en Canadá y Estados Unidos. En 2009 viajó a Irán como corresponsal de la revista Newsweek para cubrir las elecciones de Ahmadinejad donde decidió fotografiar las protestas callejeras contra los resultados; días después fue arrestado, torturado y acusado de espía de la CIA.

El título de la cinta, 118 días (Rosewater; E.U., 2014), se refiere a los días que estuvo prisionero, según menciona en Después vinieron por mí, las memorias (estupendas) que escribió Bahari donde narra su via crucis en Teherán y el trato con su torturador, un tipo que no veía porque lo mantenían con los ojos vendados, el prisionero sólo podía identificarlo por la fragancia de agua de rosas que usaba (de ahí el título en inglés).

Nadie más indicado para adaptar y dirigir esta historia que el actor y animador Jon Stewart, conocido por su ácido humor y su manera políticamente incorrecta de entrevistar e informar. De hecho, la prueba de la que se valieron en Irán para acusar a Bahari de colaborador de la CIA, o de la Mossad, o del MI6, fue una entrevista que dio para el programa de Stewart (Daily Show) y que le hizo Jason Jones, quien se interpreta a sí mismo en la película.

Como realizador, Jon Stewart aprovecha su experiencia con el público para manejar la información a la manera de un ilusionista, siempre con un as bajo la manga. 118 días navega por las aguas agitadas del periodismo político sin perder de vista la dimensión personal del drama; el universo de Bahari (Gael García Bernal) con sus manifestaciones y vericuetos políticos es tan amplio por fuera como lo es en el encierro donde dialoga con sus seres queridos, el difunto padre, o la hermana. Las situaciones que podrían prestarse al manejo melodramático se mantienen a distancia, como la esposa embarazada que el periodista dejó en Londres.

En la era digital es prácticamente imposible ocultar las trampas y abusos del poder; la cámara, con un falso estilo de cinéma vérité capta las azoteas infestadas de antenas satélite en Teherán con las que el pueblo se comunica con el exterior. El desorden urbano contrasta luego con las paredes grises, la soledad y la presencia sistemática del torturador Waterose; García Bernal construye, con humor, un personaje con un mundo interior que florece frente a la esterilidad y la estulticia del poder; la burocracia que califica de pornográficos a Teorema y Los soprano, los pocos DVD que le encuentran al periodista, es la misma en cualquier latitud.

Seguramente, Jon Stewart optó por incluir lo menos posible de actores iraníes para evitarles problemas con su gobierno; la opción podría poner en aprietos la verosimilitud de un actor mexicano hablando inglés con su madre iraní, pero 118 días aprovecha al máximo el talento de actores de diferentes nacionalidades como el turco Haluk Bilginer (Sueño de invierno) o el danés Kim Bodnia que interpreta a Waterose.