Organizadas por dos conocidos artistas que enfáticamente rechazan ser identificados como curadores, las muestras que se presentan en la Galería de Arte de la Secretaría de Economía y en la Estación Coyoacán Arte Contemporáneo, en la Ciudad de México, destacan por la espontaneidad e irreverencia de su narrativa y contenido.
Diseñadas ambas a partir de la mirada especializada y las preferencias emotivas de creadores, las exposiciones, sin disimular sus aciertos y debilidades, logran un extraño equilibrio entre trayectorias, lenguajes, poéticas y disciplinas.
Concebida por el pintor y académico Arturo Rodríguez Döring para inaugurarse en el contexto del día de muertos en la Estación Coyoacán, la exposición Halloween dos. Hechiceras, tejedoras y alquimistas plantea una atractiva fusión entre imaginarios mágicos, seducciones femeninas y prejuicios cromáticos.
Concentrado actualmente en el estudio de la historia simbólica del color, Döring contradice los estereotipos que relacionan el exceso de colores con el gusto de las mujeres y las empodera a través de composiciones de paletas opacas que exaltan su peligrosidad, misticismo y sensualidad.
Con una selección de trayectorias consagradas, medias y emergentes, el pintor construye una narrativa que oscila entre el misterio y el terror. Al margen de firmas como Leonora Carrington y Aurora Reyes, en la muestra destaca una extraña y fantasmagórica pintura de Marysole Wörner Baz, una potente instalación de María José Alós realizada con cabellos de mujeres de su familia, y una descarada pintura de Rigel Herrera en la que transfigura a la mujer en ornamentos sensuales y repetitivos.
Fundadora de la galería de arte emergente La Masmédula, Rigel Herrera fue una activa y audaz promotora a principios del siglo XXI. Dedicada en los últimos años a su práctica pictórica, la artista ha retomado la gestión como directora de la Galería de la Secretaría de Economía y, como primer proyecto, presenta una propuesta que se basa en la búsqueda de una anti-curaduría.
Abierta en la carencia de un concepto que unifique la selección y con un título tan general –El punto y la línea– que cae en lo absurdo, Herrera presenta pinturas y esculturas de artistas que en su mayoría tienen una trayectoria media: Carlos Jaurena, Javier Peláez, Bradley Narduzzi, Fabian Ugalde, César Córdova.
Sugerente como exposición por la tensión que mantiene en su narrativa museográfica, en la selección destacan los pintores Patrick Pettersson y Rodolfo Camacho. El primero, por la valiente exploración que ha iniciado en el territorio del rostro humano, y el segundo por la fusión de estéticas visuales pasadas y presentes a través de reinterpretaciones paisajísticas.
Atractivas por la solidez, afectividad y descarada subjetividad de la mirada, ambas exposiciones demuestran que los artistas también pueden curar.








