La publicación más antigua de la cooperativa Excélsior dio un giro de 180 grados cuando Julio Scherer llegó a la dirección del diario, en 1968. Para lograrlo invitó a conducirla a Vicente Leñero. La historia de Revista de Revistas en esa época dorada está por escribirse. Manolo Robles, exreportero de Proceso, y Rafael Vargas, nuestro colaborador, la bosquejan aquí. El primero como protagonista, el segundo como su lector apasionado.
Cuenta Vicente Leñero que Julio Scherer García y Miguel Angel Granados Chapa lo invitaron a dirigir Revista de Revistas en 1972. Se trataba de transformar radicalmente la publicación más vieja de Excélsior, que había visto la luz en 1910, año del estallido de la Revolución mexicana.
Scherer quería imprimirle al semanario un nuevo formato, ágil y moderno, acorde con el periodismo independiente y crítico de Excélsior, a cuya dirección llegó en 1968, tras la muerte de Manuel Becerra Acosta.
En Los periodistas, libro en el que narra los pormenores del golpe del entonces presidente Luis Echeverría Álvarez contra Excélsior, Leñero relata que la primera vez que habló con Julio Scherer fue en junio de 1971, cuando Ignacio Retes y él fueron a verlo para pedirle unas fotografías de los personajes relacionados con el asesinato del general Álvaro Obregón, que necesitaban para la puesta en escena de El Juicio, la obra de teatro que preparaban.
“Sin cita previa fuimos a visitar a Julio Scherer, quien nos recibió de inmediato en su oficina y se portó cordialísimo, al grado de tutearme y de abrazarme como si fuéramos grandes amigos”, señala.
Scherer ordenó entonces al jefe del Archivo de Excélsior que les facilitara, en calidad de préstamo, todas las fotografías que necesitaban.
“Algunas semanas después, antes de tener ocasión de hablar nuevamente con Julio Scherer, Miguel Angel Granados Chapa –quien estaba a cargo de la sección editorial del diario– fue a verme a la revista Claudia, donde trabajaba yo desde 1965”, añade.
Granados Chapa le planteó sin rodeos el verdadero motivo de su visita: preguntarle si le gustaría ingresar en Excélsior como director de Revista de Revistas.
Dice Leñero: “El semanario tenía un largo historial en el periodismo mexicano, pero en los últimos tiempos se hallaba muy descuidado. Había el plan de renovarlo radicalmente. Si la propuesta me interesaba debía hablar con Julio Scherer”.
–En principio me interesa –le dijo Leñero.
–Piénsalo bien –le advirtió Miguel Angel–. Si hablas una vez con el director ya no podrás decir no.
Agrega Leñero: “Era cierto. Aunque yo necesitaba poco para aceptar, la cordialidad sofocante de Julio Scherer me acorraló desde un principio. Empezó convenciéndome de que Excélsior era un sitio ideal para mí, y cuando traté de averiguar en qué tipo de semanario quería convertir a Revista de Revistas, respondió dándome absoluta libertad para decidir: lo que tú quieras, como tú quieras. Lo importante es que te vengas con nosotros, ya, mañana mismo”.
Resuelto el problema del sueldo y otros aspectos que le preocupaban, como la instalación de las nuevas oficinas, el proyecto para el semanario y el personal de planta, Leñero renunció a Claudia, donde había hecho un espléndido trabajo, con entrevistas como aquella que le hizo a María Félix, en la que dibujaba a La Doña, o como la de la jovencita que escribía en su diario su amor por el cantante Rafael.
Dice Leñero que, con el asesoramiento fundamental de Pedro Álvarez del Villar y la ayuda de Hero Rodríguez Newmann, a quien habían designado jefe de Redacción de Revista de Revistas, inició los trabajos preliminares de la nueva revista de Excélsior.
“De febrero a mayo de 1972 elaboramos el proyecto básico, resolvimos problemas técnicos de toda índole y conjuntamos un equipo de trabajadores de planta y de colaboradores que siempre consideré formidable.”
El número cero de la revista, de fecha 12 de mayo de 1972, daba una idea clara de lo que sería la nueva Revista de Revistas dirigida por Leñero. En la promoción del semanario, se afirmaba: “Con el profesionalismo, la vitalidad y el espíritu crítico de Excélsior nace –renace– una nueva publicación de alto nivel periodístico. El semanario que México necesita para satisfacer a un público lector cada vez más exigente, ávido, cada vez más interesado en comprender la compleja realidad en que vivimos”.
Y tras el logotipo de la revista, las dos erres, se señalaba que la publicación sería “penetrante en su información; totalizadora en sus reportajes nacionales y extranjeros; original en sus entrevistas; polémica en sus artículos y comentarios editoriales, versátil en su contenido; espectacular en sus fotografías. Cada semana, cada viernes, todo lo que quieren saber en 48 páginas de espléndido colorido, la revista que no existía en México, existe ya”.
Efectivamente, la revista inició su nuevo ciclo de manera espectacular. Bajo el título “Fromm: el hombre necesita algo más”, aparecía una enorme fotografía de Erich Fromm, “el creador del psicoanálisis humanista”. Luego había un reportaje de Antonio Andrade, reportero de Excélsior, titulado “Bellezas en subasta”, un texto sobre los anhelos y frustraciones de cientos de jóvenes del concurso “Mis México”. Después había un reportaje de Dolores Cordero, “Miseria y esclavitud de la mujer campesina”, y más adelante una encuesta, del autor de esta líneas, titulado “Los niños toman la palabra”, sobre las llamadas escuelas activas de entonces, que revolucionaron de algún modo la impartición de la educación en México.
Más adelante, Leñero aclara que, desde que apareció el primer número de Revista de Revistas, el 2 de julio de 1972, “tal como me lo había prometido Julio Scherer, él no se entrometió de manera autoritaria en el manejo de la publicación. Me dejaba hacer y decidir libremente. Pocas veces me llamaba a su oficina para discutir la línea periodística o para reclamarme por un reportaje o un artículo. Nada. Tal vez por eso los miembros de nuestro equipo de trabajo sentimos a Revista de Revistas como una entidad autónoma dentro de la empresa, un mundo aparte que nos mantenía alejados de los problemas de la cooperativa y al margen de su grilla política”.
Lo cierto es que el autor de estas líneas se incorporó a Revista de Revistas por una invitación de Hero Rodríguez Newmann, mi amigo y vecino de la Segunda Colonia del Periodista, donde ambos vivíamos. Hero me dijo que si me interesaba trabajar como reportero del semanario, lo que me entusiasmó y acepté de inmediato. Era mayo de 1972. Fue mi primera experiencia en el periodismo. Entonces conocí a Vicente Leñero, quien enseñaba el abc del periodismo sin presunción alguna.
Recuerdo la paciencia de Vicente Leñero en los primeros meses del semanario. Él mismo destrozaba literalmente los textos de la mayoría de los aspirantes a reporteros. Y él mismo los corregía y se los entregaba luego a Mary García, su secretaria, para que ella los pasara en limpio. Después, no obstante, les daba una última afinadita.
Fue una tarea callada que llamaba la atención: Vicente corrigiendo mil garabatos, desatinos, imprecisiones, y dándole coherencia y una buena redacción a reportajes, artículos y notas de todo tipo, políticas, de espectáculos o deportivos. Un día, ya molesto, advirtió: “Si no aprenden, se van…”.
Todavía veo con el “cuenta-hilos”, escudriñando con lupa los rollos fotográficos y escogiendo siempre al final las mejores imágenes para una publicación que se distinguió por sus espectaculares fotos, que aparecían a todo color a lo ancho de las páginas.
A Vicente le molestaba, irritaba ver, por ejemplo, una entrevista con el célebre beisbolista Beto Avila en un Sanborns de la Ciudad de México. Decía que lo quería ver en un diamante, con la pelota. Y a un campeón de billar, lo soñaba con el taco en la mano analizando un tiro de tres bandas.
Fue una experiencia maravillosa aprender y trabajar al lado de Vicente Leñero, un jefe como no encontré después en otros empleos.
Un día, en una plática con Hero Rodríguez, en la que destaqué el trabajo que desempeñaba entonces en Somex, él me dijo:
–Sí, pero tú me ganas…
–¿Por qué?
–Porque tú trabajas con Vicente.
Era Vicente un tipo que hablaba sin rodeos. Cuando no le gustaba algo, lo decía directamente, sin importar de quién se tratara.
Inolvidables son los últimos años en Revista de Revistas cuando en las “horas muertas” que permitía el trabajo periodístico, el dominó se convirtió en el pasatiempo favorito.
Chistaba Vicente porque Hero, Gonzalo Álvarez del Villar o yo le habíamos quitado la mano o no nos doblamos cuando debíamos hacerlo, pero no pasaba de ahí.
–¿Por qué no te doblaste, güey? –preguntaba enojado Vicente, proclive, él sí, a quitar continuamente la mano porque “yo tenía cuatro cincos y tú no me respetaste y…”.
Huraño e introvertido con el común de la gente, Vicente era muy distinto con sus amigos, con quienes bromeaba, festejaba y se reía, feliz de la vida.
“Haz la sopa, cabrón”.








