Para el narrador y poeta cubano Miguel Barnet, el archivo de cartas, fotos y manuscritos de Gabriel García Márquez no debió ir a la Universidad de Texas “aunque es una universidad muy prestigiosa, pero por supuesto yo no habría hecho eso”.
En la embajada de Cuba la noche del miércoles pasado, durante la ceremonia de entrega a sendos premiados por trayectoria profesional, los mexicanos Raquel Tibol, Graciela Iturbide y Alfonso Herrera Franyutti (Proceso, 1985), el presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) dijo a este semanario:
“Me hubiera gustado en lo personal que esos archivos se hubieran quedado en México, donde vivió.”
–El manuscrito de Cien años de soledad va ahí.
–Imagínate tú. Qué te puedo decir. Si dicen que en la Universidad de Yale están los originales del diario de Cristóbal Colón (yo no sé si sea cierto o no)… Pero pienso que el artista tiene patria. El arte no, pero el artista sí.
Informó que él legará todos sus documentos al Instituto de Literatura y Lingüística de Cuba, que incluyen más de dos mil reseñas sobre su obra principal, Biografía de un cimarrón (1966), y a Cuba y México su correspondencia con los escritores Carlos Monsiváis, José Emilio Pacheco y Elena Poniatowska.
“Todo para Cuba y para acá”, remató.








