BOGOTÁ.- La difícil relación de Gabriel García Márquez con Colombia, su país natal, cobró renovada vigencia con la noticia de que su viuda, Mercedes Barcha, y sus dos hijos, Rodrigo y Gonzalo, decidieron vender a la Universidad de Texas el archivo de documentos literarios y la correspondencia del escritor.
Mientras el gobierno de Colombia lamentó que ese patrimonio cultural no se hubiera quedado en el país, dos hermanos del Premio Nobel de Literatura, Aída y Jaime, expresaron “cierta frustración” por el hecho, pero respaldaron a su cuñada y a sus sobrinos.
Intelectuales y estudiosos de la obra del máximo autor colombiano recordaron que “nunca fue profeta en su tierra” y que en su condición de escritor universal su archivo quedará bajo buen resguardo en el Centro Harry Ransom de la Universidad de Texas en Austin, donde también reposan documentos originales de James Joyce, Jorge Luis Borges, Ernest Hemingway y William Faulkner.
“Obviamente, nos hubiera gustado que la biblioteca personal de Gabriel García Márquez estuviera en Colombia. Sería una forma de expresar nuestra admiración a la obra y a todo lo que para nosotros representa nuestro Premio Nobel, así como la gratitud que le tenemos, pero la decisión de la familia sobre el destino de los archivos pertenece al ámbito de lo privado y somos absolutamente respetuosos”, dijo a Proceso la ministra colombiana de Cultura, Mariana Garcés.
En todo caso, de acuerdo con la ministra, el gobierno colombiano mantuvo contacto con Mercedes Barcha desde finales del 2013 y le hizo saber su interés de que el legado del escritor reposara en la Biblioteca Nacional de Colombia, institución encargada de la custodia del patrimonio cultural.
“No hicimos una oferta de tipo económico a la familia, pero si en algún momento ellos hubiesen considerado querer vender este archivo personal a nuestro país, Mercedes Barcha sabe muy bien que tiene las puertas abiertas con el gobierno y con el presidente Juan Manuel Santos en especial, que era amigo personal de Gabriel García Márquez”, señaló.
Garcés consideró que la decisión de destinar el legado documental de García Márquez a la Universidad de Texas había sido tratado por la familia con el Nobel:
“Yo diría que ese fue el deseo del escritor”, señaló, y que esa casa de estudios cuenta con uno de los archivos de escritores más importantes del mundo y garantiza su preservación y su uso público y académico.
El hecho es que a siete meses de la muerte de García Márquez, el destino de su legado documental revivió antiguos debates en Colombia, un país que parece estar muy consciente de que el hijo del telegrafista de Aracataca es la máxima gloria nacional a pesar de que haya vivido en México más de la mitad de su vida.
Jaime García Márquez afirmó que el archivo de su hermano Gabo estará bien resguardado en Austin, aunque le hubiera gustado, al igual que a muchos de sus compatriotas, que se quedara en Colombia.
“Era como un anhelo que quedara aquí ese acervo, y puede uno sentir cierta frustración de que eso no sucediera, pero creo que ellos hicieron lo correcto”, dijo al comentar la decisión de su cuñada Mercedes y de sus sobrinos Rodrigo y Gonzalo de vender el archivo del Premio Nobel.
Consideró que ellos “están velando porque este legado quede en buenas manos, no solamente por la capacidad de la Universidad de Texas para archivarlo y preservarlo, sino para convertirlo, con personal muy especializado, en fuente de información y en material de estudio. En esa universidad tienen los recursos, la técnica y los expertos que se requieren para garantizar esto”.
Dijo que si se piensa en que Gabriel García Márquez le pertenece al mundo y tiene trascendencia universal, lo mejor es que su legado quede en un lugar donde se preserve bien.
“No es que en Colombia no se pueda hacer, pero mi cuñada y mis sobrinos tomaron esa decisión y yo la comparto”, puntualizó.
Y su hermana, Aída García Márquez, expuso que la determinación de los García Barcha fue la correcta “porque no todo el mundo en Colombia quería a Gabito, y muchos lo criticaban porque no ayudaba al país con dinero, pero esas son cosas que deben hacer los gobiernos, no un escritor que sólo le dio gloria a este país”.
La familia García Barcha informó en un comunicado, el 24 de noviembre, que destinará a la Biblioteca Nacional de Colombia la máquina en la cual Gabo escribió Cien años de soledad, así como la medalla y el diploma que le otorgó la Academia Sueca en 1982, cuando ganó el Premio Nobel de Literatura.
Para Aída está bien que “esos objetos personales de Gabito” se queden en Colombia. Pero reiteró:
“Sí, le digo que a Gabito no lo querían mucho aquí.”
La voz de Aracataca
El periodista colombiano Juan Gossaín, quien fue un cercano amigo de García Márquez, dijo en abril pasado a este semanario (Proceso, 1956) que el escritor suscitaba enorme admiración entre sus compatriotas, pero “el país, en general, no sentía aprecio familiar por él”. Incluso, que “resintió un poco esto y hubiera preferido ser más querido que admirado por los colombianos”.
Desde Aracataca, donde nació el Nobel, el director de la biblioteca municipal, Ancízar Vergara, deploró que el archivo literario, que incluye manuscritos originales de 10 de sus obras, acabe en Estados Unidos.
“Ese patrimonio documental, o al menos una parte, debe ser entregado al pueblo que lo vio nacer y que lo inspiró a escribir Cien años de soledad, la obra en la que ese poblado del caribe colombiano se transformó en Macondo.”
Vía telefónica, quien fuera durante 15 años el director de la Casa-Museo de García Márquez en Aracataca, la misma casa en la que vivió hasta cumplir ocho años de edad el Premio Nobel, dijo:
“Yo le pido a la familia que se ponga la mano en el corazón y que mande el archivo a Colombia. Que una parte quede en Bogotá, en la Biblioteca Nacional, y la otra aquí, en Aracataca.”
Ancízar es hoy el custodio de la colección de libros y fotografías de García Márquez que forman parte de la biblioteca municipal de Aracataca “Remedios la bella”, llamada así en honor de la joven que en Cien años de soledad subía al cielo envuelta en sábanas. Y él es también un empecinado promotor del proyecto para convertir al pueblo en un atractivo turístico en torno al escritor.
La academia
Pero el académico colombiano Ariel Castillo Mier, un experto en la obra de García Márquez, sostuvo que los documentos literarios del Premio Nobel en la Universidad de Texas “garantiza que esos papeles tan valiosos se cuiden bien y se protejan”.
El filólogo y doctor en Letras Hispánicas por El Colegio de México indicó:
“Más que verlo como una medida con un fin de lucro, yo lo vería como un acto de generosidad por parte de la familia, ya que de esa manera, al quedar bajo resguardo de un centro tan prestigioso y profesional, el archivo personal y literario de García Márquez se hace más universal.”
El escritor y profesor de literatura en la Universidad del Atlántico, en Barranquilla, Manuel Guillermo Ortega, comentó que el Premio Nobel era un admirador del orden estadunidense, y esa razón habría influido en la decisión familiar, en la cual pudo haber participado el propio García Márquez.
El comunicado de la familia del 24 de noviembre señala: “Nuestro deseo y el de Gabo siempre fue que sus cosas se dividieran con diferentes criterios”. Esto refuerza la idea de que el escritor participó en la determinación sobre el destino de su archivo y biblioteca.
A México le corresponderá una parte del legado del Nobel. La familia lo confirma de esta manera: “También habrá otras cosas que queremos dejar en México, ya que fue la casa de Gabo durante 50 años”.
Al conocerse la noticia sobre la venta de los documentos del Premio Nobel de Literatura al Centro Harry Ransom, el pasado 24, el conductor de la emisora Blue Radio, Néstor Morales, aseguró que durante una charla telefónica con el hijo menor de García Márquez, Gonzalo, éste le dijo que el gobierno colombiano “nunca se hizo presente, ni hizo ninguna oferta (por los documentos)”.
Según la versión del periodista, “la familia, ante la ausencia del gobierno colombiano, tomó la decisión de enviar los archivos a la Universidad de Texas”.
En general, el sentimiento en Colombia es que si bien habría sido preferible que el legado documental de su Premio Nobel quedara en el país, el hecho de que vaya a Texas da certeza sobre su preservación y difusión.
Al fin y al cabo, como afirmó el director general del Instituto Colombiano de Antropología e Historia, Fabián Sanabria, “algunas sociedades que en vida niegan a sus héroes, en este caso a su más grande escritor, tras su muerte se rasgan las vestiduras porque su familia vende sus archivos”.
Y agregó:
“Desafortunadamente son incapaces de reconocer que la universalidad de un gran artista es estar en cualquier parte y, a la larga, nadie es profeta en su tierra.”








