El actor Tenoch Huerta destaca que Güeros, ópera prima de Alonso Ruizpalacios que ha obtenido un sinnúmero de premios en festivales internacionales, el último en el Internacional de Cine de Los Cabos (y para diciembre va en pos de otros en el del Nuevo Cine Latinoamericano, en La Habana, Cuba), se estrena en un momento crítico del país al retratar la historia de tres jóvenes durante la huelga de 1999 en la UNAM.
Con un nudo en la garganta, al protagonista de Güeros le cuesta trabajo hablar:
“No es que antes no hayan sucedido desapariciones, ¡ha habido más brutales! La única diferencia es que ahora se supo, y todos los mexicanos gritamos: ‘¡Justicia!’.”
Llora.
“Ya ni les pido como ciudadano que lo hagan bien (a los gobernantes), ¡lo que les pido es que se larguen, que se hagan a un lado! Este filme habla de la juventud y los sueños, es una película que trata del encuentro con uno mismo. Ahora la juventud se está encontrando a ella misma y el gobierno la está desapareciendo, cual Saturno devorando a sus propios hijos.”
Con enojo, arremete:
“México está matando lo más valioso que tiene: el mañana. ¡Estamos matando al futuro, somos unos imbéciles, como nación estamos equivocados!”
Multipremiada
En el filme los amigos Sombra (Tenoch) y Santos (Sebastián Aguirre) viven en un limbo desde que estalló la huelga en la UNAM. La llegada a la Ciudad de México de Tomás (Leonardo Ortizgris) –hermano menor de Sombra– cambia su cotidianidad. Deciden juntos buscar a un músico que escuchaban de niños y cuyo paradero es descocido. En la intentona enfrentan una selva de concreto envuelta en problemas sociales y culturales. Asimismo actúa Ilse Salas, también estudiante, quien participa en la aventura.
Huerta se refiere a los reconocimientos que ha obtenido Güeros, de la cual se prevé su estreno comercial en México a finales de enero de 2015:
“Me emociona que la gente la esté recibiendo muy bien. No esperaba que conmoviera a tanta gente.”
Alonso Ruizpalacios narra cómo surgió este relato en blanco y negro:
“Empecé a escribir Güeros cuando terminé la universidad. Estuve desempleado un largo rato, al igual que muchos de mis amigos, y comencé a llevar un diario de lo que hacíamos para matar las horas. De allí salió la necesidad de convertir esas notas en una historia, en algo que hablara de ese limbo, tal vez con la esperanza de atravesarlo, una terapia ocupacional.
“La otra raíz de la película fue el deseo de hacer una road movie (“película de viaje”) en mi ciudad. Vivir en el Distrito Federal significa envejecer adentro de un coche, de un camión o de un vagón. Comemos, hablamos, pensamos, peleamos, nos reconciliamos y cogemos adentro de estas latas con llantas. El cliché del DF como un país en sí mismo, es cierto.”
–¿Por qué está en el marco de la huelga universitaria de 1999?
–Inicialmente la huelga me pareció una metáfora muy interesante del impasse (“punto muerto”) que quería retratar. Recordé el término “síndrome del jubilado prematuro” que circulaba ya entrados los meses de la huelga de la UNAM del 99. Recordé las cosas peculiares que hacían mis amigos para pasar el tiempo, no muy distintas a las que hacíamos en el limbo del desempleo del que ya hablé: aprender trucos de magia, dar vueltas por la ciudad sin rumbo, desarrollar teorías necias y paranoicas sobre cualquier cosa, beber mucho…”
Por su prolongado tiempo de duración y todo lo que implicó, la huelga le pareció un evento que cimbró a su generación, creando un marco fascinante para una película sobre la búsqueda de identidad en México.
“En aquel entonces mi grupo de amigos se dividió entre los que eran militantes del movimiento, los que estaban activamente en contra y los que no pudieron decidirse y lo tomaron como unas largas vacaciones. Los protagonistas de Güeros pertenecen a este último grupo.”
En septiembre, en el Festival de San Sebastián, España, la película ganó Mejor Película Latinoamericana y el Premio de la Juventud.
–¿Qué significan ambos reconocimientos en este encuentro fílmico internacional y en qué le ayudarán como realizador?
–El Premio de la Juventud fue una sorpresa particularmente grata. Fue muy bonito ver cómo los jóvenes de España conectaron con la película. Nos quedamos muchas horas platicando con ellos y nos contaban de la situación desesperada que viven los jóvenes en su país y de las similitudes que vieron con lo que retratábamos en Güeros. Me resulta muy interesante cuando descubres que algo que haces tiene ecos que no imaginabas.
En la Berlinale ganó Mejor Ópera Prima y obtuvo una mención honorifica del jurado y Mejor Fotografía en Tribeca, Estados Unidos; en Jerusalén ganó el premio de la Fipresci (Fédération Internationale de la Presse Cinématographique), y en Perú, Mejor Ópera Prima. Se le pregunta:
–¿Qué le hacen reflexionar estas preseas al ser su primer largometraje?
–No sé si he tenido mucho tiempo de reflexionar todavía. Y creo que eso es algo bueno. Prefiero seguir con lo que viene y no reparar demasiado en esas cosas que, al final, son transitorias.
Ante la situación de México, sumó el pensamiento:
“Es evidente que el país atraviesa una crisis coyuntural en la que las voces de los jóvenes tienen que poder hacerse escuchar, sin temor a ser reprimidos.”








