Ecos del Cervantino: Jan Fabre en la Ciudad de México

Jan Fabre en el FIC.
Foto: Tomada de Facebook / Wonge Bergmann

MÉXICO, D.F. (apro).- La anunciada presencia de Jan Fabre en el teatro Julio Castillo del Centro Cultural del Bosque convocó a una numerosa cantidad de artistas de la danza y el teatro.

Y es que su trabajo no sólo es referente de la vanguardia en Europa a partir de los años ochenta, también lo es ahora en otros territorios geográficos como el nuestro.

Fabre representa algo así como un autor obligado en el campo del arte contemporáneo.

Así pues, luego de presentar El poder de la locura teatral en Guanajuato, dentro del programa del Festival Internacional Cervantino, viajó con su compañía Troubelyn a la Ciudad de México, donde dicha obra funcionó como una pieza-reto tanto para los bailarines y actores como para los espectadores.

La obra es de tipo duracional –requiere de una atención de cuatro horas y media, lo que dura un vuelo directo de la Ciudad de México a Nueva York– y mantiene la repetición como recurso discursivo en diversos lenguajes de la escena.

En lo que se refiere al lenguaje del cuerpo, por ejemplo, los actores realizaron la misma acción física de caminar, con los ojos vendados y por la orilla del proscenio, en repetidas ocasiones.

El público, si atendía a detalle, podía ser testigo del riesgo que implicaba dicha acción y de sus variaciones corporales y rítmicas que el hecho de repetirla desdobla.

Lo mismo ocurría con el texto. Los actores enunciaron muchas veces una larga lista de fechas, figuras y lugares –referentes sólo europeos y neoyorquinos en orden cronológico de la Historia del Teatro–, al mismo tiempo que sostenían con sus cuerpos un trote exhaustivo que les modificaba el tono e intención de sus voces.

De igual manera, la repetición estuvo aplicada al medio iconográfico proyectado en escena. Vimos un buen número de imágenes del estilo plástico flamenco.

Como el tema de El poder de la locura teatral es la Historia, su rol y su peso cultural, Fabre nos mostró cómo los verbos repetir y reproducir están asociados directamente a ese campo de conocimiento.

Y cómo esos actos –humanos al fin y al cabo– modifican el contenido agregándole múltiples subjetividades.

Con la increíble interpretación expuesta de su grupo de actores, la Historia como personaje protagónico resulta muy encarnada y corporeizada. Fabre ha dicho que como artista su eje de exploración es el cuerpo. Todo pasa por ahí, incluso los conceptos.

Y a partir de su diseño lumínico y uso del espacio, puede reconocerse que es un autor proveniente de las artes visuales mas no de las artes escénicas.

Orgánicamente, él ya está integrado a la cronología y a la Historia. Lo sabe como inevitable y lo asume manteniendo viva esta obra que fue estrenada en 1984. Está cumpliendo treinta años.