Uno de los temas que mayor indignación ha causado a las familias mexicanas ha sido filmado por la cineasta Alicia Calderón en su documental Retratos de una búsqueda. Se trata de la desaparición y los asesinatos de personas muy jóvenes, cuyas madres investigan y denuncian con testimonios de gran impacto en esta dolorosa cinta estrenada durante la 12 edición del Festival Internacional de Cine de Morelia. Son voces de mujeres en lucha clamando la incompetencia gubernamental e indiferencia para resolver dichas pérdidas de sus hijos.
MORELIA, MICH.- Las protagonistas del documental Retratos de una búsqueda, Guadalupe Aguilar, mamá del desaparecido José Luis Arana, y Natividad Guerrero, madre de la también desaparecida Dalia Guadalupe Cruz, se solidarizan con los familiares de los estudiantes perdidos y asesinados de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero:
“Apoyamos de mente, corazón y acción a nuestras compañeras hermanas de dolor: las madres de los muchachos aniquilados y desaparecidos. Los sucesos ocurridos con los normalistas es un golpe terrible porque nosotros lo vivimos ya hace cuatro años con nuestros hijos perdidos. ¡Es muy lamentable lo que ocurre en México!”
La directora del filme, Alicia Calderón, ante miles de madres mexicanas que buscan a sus hijos desvanecidos por la narcoguerra, muestra en la pantalla grande las historias de estas dos mujeres más la de Margarita López, mamá de Yahaira Guadalupe López Bohena, que se entrelazan para contar las distintas maneras de emprender solas, la búsqueda y afrontar la incertidumbre.
Se observa en la cinta cómo Margarita recurre al FBI. Guadalupe obtiene personalmente la promesa de Felipe Calderón en un acto público en Guadalajara donde interrumpió al expresidente y luego, con Enrique Peña Nieto. Natividad continúa con la averiguación y enfrenta la indiferencia en su pueblo, aunque es impulsada por la solidaridad de su pequeño nieto, quien la acompaña también en esa búsqueda de su mamá.
Ley de víctimas, letra muerta
Retratos de una búsqueda se estrenó en la 12 edición del Festival Internacional de Cine de Morelia, en el marco de la sección de competencia de Largometraje Documental Mexicano. En entrevista, Alicia Calderón rememora que empezó a grabar la película en 2011:
“Mi formación es más como reportera en Guadalajara. Trabajaba para una agencia de Estados Unidos cuando empezaron las movilizaciones más multitudinarias por las víctimas. Me di cuenta que entre la gente que salía a las calles predominaban los padres de los desaparecidos. También estaban los familiares de los asesinados; pero las manifestaciones y caravanas eran encabezadas y organizadas por los papás de los desaparecidos, sobre todo en Guadalajara.
“Entonces, percibí que el tema de los desaparecidos sería, en materia de derechos humanos, lo más relevante de las próximas décadas y no nos esperamos a obtener el financiamiento, porque íbamos a perder las posibilidad de grabar a las mamás en las caravanas que se organizaron en el sexenio de Felipe Calderón, y nos aventamos así, ¡como El Borras! Y ya después conseguimos el dinero para terminarlo.”
Como su experiencia no era cinematográfica, Alicia invitó a cineastas con trayectoria en este género (la fotógrafa Dalia Huerta Cano, y en la producción a Karla Tarcila Uribe González), obtuvo el apoyo de Foprocine, fondos del Instituto Mexicano de Cinematografía, y logró un primer corte:
“Invité a gente todavía más experimentada como el editor Juan Manuel Figueroa, quien se ha especializado en documentales, o Mario Martínez en diseño sonoro y Mario Osuna, quien realizó la música.”
Margarita López narra a cuadro que las mismas autoridades le recomendaron contratar investigadores para encontrar a Yahaira, asesinada en Oaxaca, y cuando aún no sabía qué le había sucedido a su hija de 19 años:
“Tuve la oportunidad de entrevistarme con unos delincuentes que están detenidos en diferentes penales del país, con la Ministerio Público y me narraron con lujo de detalles que ellos participaron en el secuestro de mi hija porque una autoridad les dio la orden, les dijo que mi hija era de Michoacán y que posiblemente podría infiltrarles ahí a la delincuencia organizada del estado de Michoacán.
“Ellos me dijeron que la habían sacado de su casa y la habían tenido privada de su libertad por más de ocho días en un poblado delante de Oaxaca, en la casa de un presidente municipal, frente a la presidencia municipal me narraron que la torturaban y violaban. Uno de ellos me contó: ‘La chamaca estaba limpia, no debía nada, ella me contó cómo su mamá las había sacado adelante a ella y sus hermanos, sola, yo quise intervenir por ella, pero otro me dijo que no, que la orden era matarla´.
“Me relató que mi hija todavía soportó ver a que terminaran el pozo donde iba a ser sepultada, y él, a quien le decían Papi, e imitando la voz de mi hija, comentó que Yahaira le decía. ´Papi, ¿qué me van a hacer?, ¿por qué me van a matar?’, y que le decía: ‘Nada hija, no te va a pasar nada’, y que se volteó a fumar un churro de mota y cuando volteo vio que dos fulanos le mocharon la cabeza y se pusieron a jugar con ella, le daban besos en la boca y fue sepultada en ese lugar.”
Margarita estalla en lágrimas.
“¡Según él era un pozo únicamente para ella, pero allí también encontraron un cuerpo masculino…, ella vivía en Morelia, yo jamás les dije que era la madre de ella, la Ministerio Público le expresó al fulano que ya se había encontrado el cuerpo y él dijo que por qué lo querían engañar ya que sólo otro y él sabían dónde estaba…!”
–¿Le interesaba mostrar en el documental esa lucha individual y solitaria de las madres?, sin la ayuda de las instancias policiales –se le pregunta a Alicia Calderón y responde:
“Me interesaba mucho a través de Margarita mostrar a la mamá súper fuerte, luchadora, guerrera, que escucha cómo fue decapitada presuntamente su hija, porque entonces todavía no sabía si era o no un cuerpo localizado. No me importaba sacar a las madres sólo llorando por sus hijos, sino cómo se van empoderando de procesos judiciales, de la propia investigación, porque en realidad son las familias quienes llevan verdaderamente la investigación, incluso crean los movimientos más representativos en torno a la construcción de paz.”
“Esas madres”, enfatiza, “y no nos damos cuenta, están construyendo una mayor profesionalización de los procesos de justicia e investigaciones más sólidas a través de todas sus exigencias y de cómo siguen puntualmente cada caso, son ellas un beneficio para todo el país. Están construyendo muchas cosa que debimos haber exigido desde mucho tiempo atrás.
“Con lo de Ayotzinapa nos encontramos desolados. Las personas en general tuvieron como algún sesgo de optimismo con la entrada de la administración de Enrique Peña Nieto, pero ahora confirmamos que la Ley de Víctimas es letra muerta y la desaparición forzada es un problema grande y vigente. Agruparnos en torno a estos movimientos es lo que nos devuelve un poco la esperanza de que en algo podamos avanzar. No soy optimista en cuanto a la localización de personas, habrá muchos de los que nunca vamos a saber qué pasó con ellos, pero creo que después de la desolación y esta frustración por la no acción gubernamental sí se den resultados en la localización de personas, lo que nos queda es fortalecer las organizaciones ciudadanas que casi en su mayoría están encabezadas por los padres.”
Natividad y Guadalupe consideran muy importante el documental Retratos de una búsqueda porque narra su lucha “para que la sociedad se dé cuenta exactamente de lo que está sucediendo, ahí se muestra lo que pasamos y fue muy impactante vernos (en pantalla)”.
El largometraje se proyectó tres veces con público lleno, el cual salió consternado e inquieto por la situación de las desapariciones. Guadalupe, quien pidió ayuda a Felipe Calderón, recordó a este semanario:
“Peña Nieto nos prometió ayuda, lo vimos antes de que fuera presidente y después fuimos invitadas varias compañeras y yo a Los Pinos, cuando se promulgó la Ley de Víctimas, y ahí nos prometió que todo se iba a arreglar y que iba a encontrar a nuestros hijos.”
Pero ya pasaron casi dos años “y no vemos claro”. Interviene Natividad, acompañada de su nieto:
“A las autoridades las veo indiferentes ante tanto dolor. Yo estoy peor, desde el primer día que mi hija desapareció. ¡No hallo ningún consuelo! Pero aquí estamos, ¡no pararemos!”
Y Guadalupe incita a la búsqueda de la verdad en nuestro país:
“Al parecer todo el país está lleno de fosas. Entonces es importante que los familiares denuncien a sus desaparecidos y quienes vean algo anormal en el campo, como haciendo pozos, por ejemplo, avisen. ¡No hay que tener miedo! Hagamos que prevalezca el estado de derecho en nuestro México.”








