Proyecto Ruelas

GUANAJUATO, Gto.- Cuatro de las comunidades más pobres de Guanajuato se incorporan al Festival Cervantino como un proyecto donde el teatro sea creado por sus habitantes, coordinados por directores con larga experiencia escénica. La comunidad de Puerto de Valle llevó a escena Todos somos Calibán bajo la dirección de Sara Pinedo; San Juan de Abajo El mercader de Venecia dirigida por Javier Sánchez Urbina; las comunidades de La Escondida y Pozo Blanco del Capulín montaron Sueño de una noche de verano con la directora Raquel Araujo, y con estudiantes de artes escénicas de los llamados “Barrios modelos” Shakespeare en fuga conducida por Luis Martín Solís.

La experiencia del público fue única al ser partícipes de un proceso donde campesinos, costureras, trabajadoras en el hogar y más, se acercaron a lo que significa hacer teatro y expusieron, en el escenario, su creatividad y sus testimonios de carencias y alegrías en el lugar que habitan. Los directores permanecieron cuatro meses en la comunidad para gestionar, realizar y llevar a escena cada propuesta. El punto de unión temático fueron las obras de Shakespeare en su 450 aniversario; el pretexto para traducirlas a su realidad: una realidad dolorosa y también festiva.

Sara Pinedo, directora del Colectivo Alebrijes de León, Guanajuato, eligió al personaje de Calibán como leitmotiv. Calibán, en la obra de La tempestad es un salvaje primitivo, esclavizado por el protagonista, Próspero. En la obra, mujeres de la comunidad de Puerto del Valle, dedicadas a pelar nopal, la costura y muchas cosas más, expresaron sus experiencias en una estructura dramatúrgica acertada: frente a preguntas, elaboradas seguramente durante el proceso, las mujeres nos hablan de su gran amor, de su trabajo y de lo que harían si fueran presidentas. Si bien los primeros temas nos acercaron a su vida afectiva, sus dificultades y costumbres del lugar, la tercera nos abrió el mundo de limitaciones en las que viven: con lo que ellas quisieran al tener poder, vimos todo lo que no tenían: desde agua potable, un puente digno, salud y mínimas condiciones de vida. Cada una de ellas contó su historia en una resolución escénica sencilla y atinadamente teatral. Pelaron nopal, hicieron tortillas y salsa y la mujer mayor tiró listones para unirnos con cada uno de los hijos de ellas que los representaban. Al final, todos compartimos tacos y agua de Jamaica como la conclusión del ritual escénico.

Sueño de una noche de verano fue una adaptación a la mexicana: una comedia de equívocos, donde la magia, el bosque y los entrecruces de pareja permitieron la participación de niños, jóvenes y adultos. Raquel Araujo hizo un grupo amplio muy bien coordinado donde los niños eran los alushes/duendes y los reyes eran un matrimonio de edad avanzada cuyos textos fueron grabados. Los jóvenes eran los protagonistas; en el bosque hay plantas de maíz, un lago/chapoteadero de plástico y hasta un burro.

La obra de El mercader de Venecia fue resuelta por Javier Sánchez Rubina con habitantes de la comunidad, aprendices de teatro y un par de actores experimentados. Tomó el texto de Shakespeare y con algunas ediciones al mismo, intercaló testimonios de mujeres que hablaban de su primer marido, su esposo muerto o del actual. Historias dramáticas y otras divertidas. La imagen del usurero, el malo de la historia, se tradujo en un joven de la comunidad de gran tamaño con cadenas de oro y camisetas floreadas que nos hacían referencia al narco o al poder del crimen organizado. El lugar era un salón de baile y desde ahí los personajes se mantenían en escena y las sillas eran acomodadas de diferentes maneras para que se llevara a cabo la historia. Javier Sánchez supo conjuntar diferentes tesituras de personas para darnos un espectáculo festivo con guiños críticos bien realizados.

Shakespeare en fuga no lleva a escena una sola obra. Luis Martín Solís y Alejandro Román, el dramaturgo, entrelazaron escenas de varias obras de Shakespreare donde el común denominador era el punto de vista de los jóvenes. Con una atractiva dramaturgia, se conjuntaron escenas de El rey Lear, Los dos hidalgos de Verona, El mercader de Venecia y Enrique IV. Estudiantes de actuación de la Universidad de Guanajuato, acercaron al público neófito, en particular los jóvenes, a la obra de este gran dramaturgo del siglo de oro.

Las cuatro obras del Proyecto Ruelas es un importantísimo punto de partida para vincular el teatro a los habitantes de zonas con grandes carencias y que seguramente el proyecto irá más lejos que este Festival Cervantino. Visitará otras comunidades y dará pie para que nuevas obras surjan en otras zonas rurales, ávidas de teatro, que aunque todavía no lo sepan, lo sentirán. El teatro se enriquece y cumple con una de sus funciones fundamentales: la de dar testimonio con un lenguaje artístico a voces que la sociedad no ha dejado expresarse.