Identificado en la década de los setenta como uno de los museos más audaces e importantes de Latinoamérica, el Museo de Arte Moderno (MAM) cumple 50 años convertido en un lamentable mausoleo.
Con un protagonismo inmerecido en la atractiva instalación fotográfica que deja testimonio de los creadores y funcionarios que han transitado por él desde su apertura, Sylvia Navarrete, su actual directora, optó por una celebración conservadora y excluyente, que repite conceptos curatoriales de otros recintos y reinterpreta, con fallas, tendencias museográficas de moda internacional.
Inaugurado el 20 de septiembre de 1964, el MAM, primer museo del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) construido con un diseño arquitectónico propio, abrió sus puertas con las instalaciones inconclusas. Criticado por sus ventanales y sin bodegas, auditorio y biblioteca, logró imponerse como un espacio de encuentro, exhibición y discusión de ideas vinculadas con el arte moderno mexicano, las prácticas contemporáneas y la introducción de estéticas y firmas internacionales: Una confrontación entre el pasado institucionalizado y el presente emergente que, en el siglo XXI, se perdió por completo.
Sobresaliente también por su revista Artes Visuales publicada de 1973 a 1981–y en la cual se abordaron teórica y creativamente territorios innovadores como el videoarte, la fotografía artística, la escultura expandida, el arte sociológico, las prácticas grupales, el arte feminista–, el MAM impulsó y legitimó lenguajes como el geometrismo mexicano (1976) y la escultura en cerámica (1992). Bajo la gestión de Helen Escobedo, de 1982 a 1984, el MAM destacó con un proyecto de exposición permanente integrada con prácticas conceptuales mexicanas de los años setenta y primeros ochenta. En el rubro de las influencias que tuvo el museo en los jóvenes creadores, debe recordarse el impacto que causó, en 1984, la exposición neoexpresionista Origen y visión. Nueva pintura alemana, con autores como Baselitz, Dokoupil, Immendorff, Kiefer, Lüpertz, Penck, Oehlen.
Para celebrar el cincuentenario de un recinto tan dinámico y ambivalente, Navarrete optó por una selección de 50 piezas provenientes de la Escuela Mexicana de Pintura. Además de recordar el concepto curatorial de las últimas celebraciones de Fomento Cultural Banamex (Proceso, 1978), las obras de artistas como Diego Rivera, Roberto Montenegro, Raúl Anguiano, Fernández Leal, Frida Kahlo, Jesús Guerrero, Dr. Atl, Abraham Ángel, Julio Castellanos, Angelina Beloff, Leonora Carrington, entre otros, se presentan con base en un guión tradicional y descriptivo que, sin rigor, asimila géneros con narrativas: retrato, paisaje, pintura histórica, surrealismo.
Emplazadas en un entorno teatral de dramáticos contrastes lumínicos, las pinturas se opacan debido a los colores y tonos de las mamparas que las sostienen. Constituida también por una pintura de Balthus que no merece compartir el museo con Las dos Fridas, la exposición 50 Años, 50 Obras, Museo de Arte Moderno, resume en 50 piezas de 36 autores las 2 696 obras de 773 artistas de su acervo.
Carente de una lectura que confronte imaginarios pasados y presentes, la muestra rehúye a la vitalidad, diversidad y complejidad de la historia reciente del arte contemporáneo mexicano.








