Enrique Semo: Premio a una posición crítica

Una larga trayectoria de Enrique Semo por el pensamiento y la reflexión sobre el acontecer social del país y del mundo, ya a través de la cátedra, la obra ensayística, la discusión pública, la militancia de izquierda y el periodismo, alcanzó el reconocimiento con el Premio Nacional de Periodismo que comparte con Néstor García Canclini en el rubro de Historia, Ciencias Sociales y Filosofía. La línea crítica de Semo, expuesta en sus colaboraciones en Proceso, se recoge en este trabajo.

Para el historiador Enrique Semo Calev, ganador del Premio Nacional de Ciencias y Artes 2014 en el campo correspondiente a Historia, Ciencias Sociales y Filosofía, este reconocimiento, que comparte con Néstor García Canclini, “es para un tipo y una posición determinada que tienen también ustedes en Proceso”.

El científico social y ensayista político, nacido en Bulgaria en 1930, ha sido colaborador de este semanario desde el 24 de julio de 1978, cuando público su primer texto. En él escribió acerca del sindicalismo oficial.

De ahí en adelante ha publicado una vasta variedad de temas, entre ellos “Quetzalcóatl y Guadalupe ¿orígenes de una nación?”, el socialismo y la libertad en respuesta a las críticas del poeta Octavio Paz al marxismo, o “El otro 68. La Primavera de Praga”.

Luego inició una serie de colaboraciones en la sección cultural, en donde sostuvo una columna quincenal de Historia, espacio también para las más variadas reflexiones a través de ensayos como “Esperando a Marx…”, “De cómo se perdió Texas y la ingenuidad también”, “Los comunistas en busca del tiempo perdido”, “Nacionalismo y Revolución”, “El joven Lombardo”,  y “2 de octubre: Los orígenes del despotismo”, entre muchos otros que se acumularon a lo largo de 16 meses, entre el 10 de febrero de 1986 y el 15 de junio de 1987.

Posteriormente, el doctor en Historia Económica por la Universidad Humboldt de Berlín, donde se graduó con la mención Magna Cum Laude en 1970, siguió escribiendo en la sección de Análisis.Exmiembro del Comité Central del Partido Socialista Unificado de México (PSUM), que desapareció para crear el Partido Mexicano Socialista (PMS), el historiador ha escrito más de una decena de libros, entre ellos Historia del capitalismo en México. Los orígenes 1521-1763 (1979), traducido al inglés en 1993 y publicado también en Japón un año después; La crisis actual del capitalismo (1975); Historia mexicana: economía y lucha de clases (1978); y Crónica de un derrumbe, las revoluciones inconclusas del Este (1991).

En este último, el analista evaluó el derrumbe del marxismo, sólo que a diferencia del poeta Octavio Paz –quien hizo lo propio en su libro Pequeña crónica de grandes días–, Semo lo realizó desde su militancia (Proceso, 770).

Se consigna en una reseña publicada entonces en este semanario, que la obra de Paz fue un replanteamiento de tesis y críticas que ya había expresado en El ogro filantrópico y Tiempo nublado. Y se añade:

“La de Semo es una lectura más riesgosa: Leer desde el marxismo el derrumbe del marxismo. Semo logró una de las mejores interpretaciones realizadas en México y en el extranjero. Enrique Semo concilia en Crónica de un derrumbe las virtudes del investigador riguroso, el periodista con perspectiva histórica y el comentarista sereno de la actualidad. Su cuidadosa bitácora de los hechos es el fundamento de su interpretación. En tanto la de Paz –ensayo histórico y crónica política, análisis de la actualidad y declaración de principios (Proceso, 707)– es un registro de los trazos generales de las cartografías sociales y políticas con vistazos a las particularidades orográficas, la de Semo es la exploración de esa orografía para elevarse a su vez a las cartografías.

“La lectura de Semo –sigue la reseña– arroja una conclusión que convendría meditarla con calma la joven y orgullosa generación política gobernante del país: ‘La lección fundamental de las reformas intentadas anteriormente en los países socialistas es que éstas resultan impracticables sin una resolución política. Esto porque la oposición que enfrentan proviene precisamente de los círculos gobernantes: la nomenclatura. El reto profundo que encara el nuevo gobierno polaco –y todos los nuevos gobiernos de estos países– es reducir radicalmente su poder, porque hasta ahora apenas ha sido cuestionado’.”

Y se cita al historiador, quien a diferencia de Paz no se dejó seducir por “los espejismos del mercado libre”:

“El destino actual de América Latina es la mejor demostración de que el derrumbe del sistema estalinista no transforma el triunfo del capitalismo en una alternativa deseable para la humanidad… La barbarie del estalinismo y los fracasos del ‘socialismo realmente existente’ no deben transformarse en una apología de un sistema, como el capitalista, que multiplica las capacidades productivas y exalta la libertad individual, pero consume y destruye a millones de hombres y mujeres como si fueran envases desechables.”

Y lejos de admitir la muerte del socialismo, Semo propone en ese libro:

“Apoyándose en la tradición humanista de sus pensadores y en el sentido emancipador de la mayoría de las luchas libradas por sus militantes, el socialismo puede y debe reemprender el camino.”

La historia como un todo

Otro de los temas que apasionan a Semo es la historia de México. En 1989 coordinó la obra de ocho tomos México un Pueblo en la Historia, en la cual se propuso “destacar las grandes tendencias, los rasgos de continuidad y los momentos de ruptura que le han dado su carácter particular”, escribió Enrique Maza en estas páginas el 25 de diciembre de 1989 (Proceso, 686).

Realizado junto con el desaparecido historiador Enrique Nalda, el volumen no es una mera compilación de ensayos. Se distingue porque no obstante la diversidad de enfoques entre los autores, todos parten del materialismo histórico, según explica el propio Semo:

“El hecho de que éste no sea una concepción terminada, sino una problemática que Marx inició y en cuyo seno habitan diferentes corrientes de pensamiento, no impide la presencia de una intención y de un lenguaje comunes.”

En opinión de Maza, la obra permite “ver la historia como un todo armónico y comprensible, como un río que fluye en continuidad, al mismo tiempo que recibe, a lo largo de su carrera, los afluentes que van cambiando el volumen, la fuerza y el sentido de su caudal. No es una historia anecdótica que cuenta lo que pasó. Es, más bien, una historia que toma un volumen de acontecimientos, los analiza, los interpreta y los ofrece en una visión global, de la que el pueblo es protagonista”.

En 2003 apareció un nuevo libro de Semo La búsqueda. I. La izquierda mexicana en los albores del siglo XXI, en el sello editorial Océano. En su edición 1390, Proceso publicó un adelanto que provocó un enconado debate con el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, líder moral del Partido de la Revolución Democrática.

Le hizo varias críticas que el hijo de Lázaro Cárdenas respondió en una carta pública. Semo hizo pública su respuesta en las páginas de este semanario, en donde, si bien llamó al dirigente político un “caudillo”, reconoció:

“Sigo convencido de que tu aparición en la política de oposición cambió el panorama nacional, y así lo digo (en el libro): ‘En febrero de 1988, apareció en el firmamento político una nueva estrella y su nombre Cuauhtémoc Cárdenas no es ajeno a sus logros. En los 12 años que siguieron, su influencia en la democratización del país y el desarrollo de la izquierda fue decisiva” (p. 143 de La búsqueda)’. Más claro no podía ser. Sin tu candidatura de 1988, el PRD no hubiera surgido. Quieres saber cuáles son los mitos de derecha e izquierda que te acompañan. Cuando digo (p. 147 de La búsqueda) que ‘Cuauhtémoc Cárdenas resiste la prueba de la verdad pero los cultos y los mitos que lo acompañan, ya sean de izquierda o de derecha, sólo crearán a la larga utopías de un pasado paternalista y estatista o un caldo de cultivo óptimo para el ascenso de la extrema derecha’, me refiero a lo siguiente: Tu trayectoria entre 1987 y el año 2000 (donde mi libro termina), por todas las pruebas de la verdad, tanto de los hechos históricos como las del análisis científico demuestran que has sido, durante ese período, la personalidad más importante e influyente de la izquierda electoral y parlamentaria de México. Alrededor de esa verdad hay quien se ha encargado de tejer mitos. Unos de izquierda, como el de la continuidad lineal entre el período revolucionario de tu padre y tú, o bien, acerca de la existencia de un voto cardenista asegurado, que si no fuera por el fraude garantiza tu victoria en la lucha por la Presidencia. Ellos son los que pueden revivir las nostalgias por los años del Estado priista clientelar del pasado o las ilusiones sobre tu invencibilidad.

“Otros son los mitos de la derecha: En las primeras dos campañas presidenciales decían que eres comunista y piensas instaurar un régimen dictatorial, o bien, que frente a un caudillo de la izquierda se necesita un hombre fuerte y providencial de la derecha (alguien así como Diego Fernández de Cevallos). Esos mitos sirven a la extrema derecha. Por eso digo que para evaluar objetivamente el papel que has jugado hay que recurrir a la verdad y no a los mitos.”

El analista incursionó en la función pública durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador en la jefatura de gobierno de la Ciudad de México, en donde fue titular y fundador de la Secretaría de Cultura.

“El único campo que habría aceptado como funcionario”, dijo en una de sus primeras entrevistas (Proceso, 1279).

Su gestión fue polémica aunque aseguró siempre que para la izquierda la cultura es prioritaria.

“La izquierda –explicó– no puede proponerse exclusivamente ganar las próximas elecciones. En el momento en que comienza a pensar como su tarea cambiar el régimen en general del país, la cultura se transforma en el centro de su actividad.”

Los premios

Creado en 1945 para reconocer “a los mexicanos más sobresalientes por su obra” en las letras, las bellas artes, la historia y las ciencias sociales, las ciencias exactas, la tecnología, la innovación y las artes y tradiciones populares, el Premio Nacional de Ciencias y Artes reconoce este año a:

Los poetas María de los Dolores Castro Varela y Eraclio Zepeda Ramos, en el Campo I. Lingüística y Literatura.

En el Campo II. Bellas Artes, al artista plástico Arnaldo José Coen Ávila, miembro del movimiento llamado Ruptura.

En el Campo III. Historia, Ciencias Sociales y Filosofía: al sociólogo Néstor Raúl García Canclini y al historiador Enrique Semo Calev.

El Campo IV. Ciencias Físico-Matemáticas y Naturales, se premia al doctor en investigaciones biomédicas de la UNAM, Carlos Federico Arias Ortiz, y al doctor en Epidemiología Mauricio Hernández Ávila.

En el Campo V. Tecnología, Innovación y Diseño, el galardonado es el físico José Mauricio López Romero.

Para el Campo VI. Artes y Tradiciones Populares se eligió al artesano oaxaqueño, trabajador del barro negro, Carlomagno Pedro Martínez y Alberto Vargas Castellano, intérprete de los cantos tradicionales Yúmare, en Chihuahua.

Según información de la Secretaría de Educación Pública, la resolución sobre el otorgamiento del Premio, se hará pública en el Diario Oficial de la Federación, donde se fijará el lugar y la fecha de entrega del mismo, por el titular del ejecutivo Enrique Peña Nieto.