Desde el proceso de producción hasta los hallazgos posteriores a la inauguración, la muestra El maíz de nuestro sustento es un proyecto fascinante. Emplazada en la Galería Juan Martín de la Ciudad de México, la exposición, además de presentar la obra más reciente del afamado pintor y grabador Francisco Toledo (México, 1940), destaca por la elegante vinculación que plantea entre el arte, la seducción visual y el activismo social.
A través de una colaboración amistosa y creativa con el reconocido fotógrafo Rafael Doniz (México, 1948), las 42 fotografías intervenidas cromáticamente por Toledo tienen su origen en los negativos pegados en una libreta que adquirió Doniz, sin conocer lo que representaban. Rescatadas a través de impresiones digitales sobre papel de algodón, las imágenes resultaron un intrigante testimonio del cultivo del maíz en los primeros años del siglo XX.
Conocedor del compromiso que ha asumido Toledo en la defensa del maíz nativo y el rechazo al cultivo en México del maíz transgénico –en abril de este año el artista envió al presidente Enrique Peña Nieto una carta solicitando que prohibiera la siembra de los transgénicos–, el fotógrafo le obsequió las impresiones.
A través de intervenciones cromáticas que sobresalen por el contraste entre la audacia y luminosidad de los tonos con la suavidad de la textura del pastel, Toledo convirtió a las mazorcas y sus granos en poéticos protagonistas que, inmersos en atmósferas de estéticas románticas y magistral pictoricidad, oscilan entre la ficción y la objetividad de la catalogación científica. Transmutados también por el color en seres irreales de aspecto chamanesco, los trabajadores presentan el maíz como una ofrenda que nunca pierde su vinculación con el dominio del conocimiento agrícola.
El interés del público tanto por la obra de Toledo como por la temática del maíz permitió la ubicación del referente bibliográfico de las imágenes. Si bien su autoría continúa en el anonimato, las fotografías provienen del libro Agricultura, escrito por el hacendado Zeferino Domínguez en 1913. Considerado por el académico de la Universidad Autónoma del Estado de México, Alejandro Romero, como un populista agrario –al igual que Ponciano Arriaga-, Domínguez impulsó un modelo de desarrollo basado en la profesionalización científica de la agricultura, en contraposición con el modelo basado en la industrialización. Al igual que Francisco Toledo, Zeferino Domínguez confiaba en que el bienestar e, inclusive, la paz de los mexicanos, se encontraba en la riqueza del maíz nativo.
Ajeno a las tendencias actuales del mainstream comercial que en galerías como la Marian Goodman de Nueva York ha incorporado a creadores que destacan por su activismo artístico –como el indio Amar Kanwar–, Toledo ha escrito y defendido que, por amor a México, se debe prohibir la siembra de maíz transgénico en nuestro país.








