“Santificarás las fiestas”

Ya se ha vuelto lugar común hablar de familias disfuncionales, pero en realidad las familias son eso, un concentrado de seres humanos con un sinfín de dificultades para relacionarse. Los vínculos estrechos conformados desde temprana edad obligan al choque y al mismo tiempo a la solidaridad, lo cual no se da en la familia que Conchi León plantea en su obra Santificarás las fiestas.

Dirigida por Boris Schoemann, Santificarás las fiestas encuentra en la celebración de fin de año el momento perfecto para mostrar a una familia que sólo sabe hablarse a gritos e insultos; donde la hermana menor, anoréxica y la hermana mayor, obesa, ejercen violencia verbal hacia quien se les ponga enfrente, acompañadas por su tía con la que viven y que finge locuacidad porque está segura de comunicarse con su hermana muerta.

El elemento que contrapuntea la situación es la presencia de un extraño: el joven que Marisa ha contactado accidentalmente en la calle y con el cual conviene la acompañe en la celebración. Su familia, a diferencia de la de ella, conserva las buenas maneras y actúa contenida e hipócritamente; por eso se maravilla de estas mujeres que “viven de la boca para afuera”.

Lo que podría ser una atormentada y conmovedora historia, Conchi León tiene la cualidad de convertirla en una gran farsa donde el humor ácido excelentemente manejado es el elemento unificador. No lloremos frente a nuestros dramas; llevémoslos al límite y burlémonos de ellos.

Las actuaciones de Conchi León y Mariana Hartasánchez como las hermanas que se agreden a la menor provocación y olvidan los lazos que las harían cómplices frente a la adversidad, gozan de gran verosimilitud; su intensidad verbal va acompañada con la relajación del cuerpo y naturalidad en el movimiento.

Alfonso Cárcamo, el invitado-testigo, contrasta en su expresividad –igualmente natural y suelta–, al ser un hombre gratamente sorprendido por lo que escucha. Sin prejuicios, observa y acepta lo que ahí sucede; expresa reiteradamente su atracción por Marisa e intenta por momentos congraciar la situación. De Paloma Woolrich, la tía, sobresale su capacidad para mostrar a una mujer centrada en su universo, dejada a la buena de Dios y con un ritmo propio y sin grandes gesticulaciones, transmitir el estado de ánimo en el que se encuentra.

En Santificarás las fiestas no se come, a pesar de que la comida está en la mesa; nada se festeja y sólo hay esa insatisfacción interna que impide se acerquen unos a otros. A pesar de los deseos de la autora, la dirección de la obra no lleva a un final feliz.

Boris Shoemann, el director, consigue unificar a los actores en su interpretación y tiene claro que al proyectar espontaneidad en la escena, los personajes son verosímiles y empáticos. Con trazos claros y sin temor a que los personajes den la espalda o se vean bien o mal, la obra corre con ritmo ágil, algunos tropezones, pero siempre vibrante.

La escenografía y la iluminación en esta propuesta escénica es el negrito en el arroz. No tiene una intención sintética ni estética, coloca una mesa rectangular al frente y una incómoda estantería que poco aporta y mucho incomoda visualmente.

Santificarás las fiestas que se presenta en la Sala Villaurrutia del Centro Cultural del Bosque es una propuesta irónica a cerca de las relaciones y las fiestas familiares. Las apariencias de la familia convencional bien portada han sido derribadas y el teatro, el cine y la nota roja, dan testimonio de ello.