Luis Nishizawa: creación, docencia y poder

Elogiado por críticos y estudiosos del arte desde que estaba recién egresado de la Antigua Academia de San Carlos perteneciente a la Universidad Nacional Autónoma de México, en 1948, Luis Nishizawa fue un artista cuya trayectoria transitó entre el rigor formal, la diversidad creativa, la complacencia estética y el apoyo de funcionarios priistas.

Poseedor de una poética dramática y profunda en la que el misticismo era tan protagónico como la expresividad emotiva, el pintor y espléndido dibujante desarrolló un lenguaje que fusionó imaginarios artísticos mexicanos y japoneses. Admirado principalmente por sus etéreos paisajes, en los que la descripción de la naturaleza se transforma en formas abstractas de atmósferas infinitas y silenciosas, Nishizawa fue un gran retratista, un audaz explorador de la desintegración dibujística del cuerpo en sugerencias emotivas, un generoso maestro y un valiente explorador del potencial del relieve en cerámica de gran formato como un género del arte público.

A raíz de la preferencia que le dio el expresidente Carlos Salinas de Gortari durante su gestión (1988-1994), Nishizawa, originario de Ixtacalco, se convirtió en un referente cultural del Estado de México. A partir de la década de los años noventa, si bien los homenajes y reconocimientos se multiplicaron, el potencial estético y artístico de su obra disminuyó evidenciándose esta debilidad tanto en las naturalezas muertas, como en la pintura mural.

Nacido en 1918 de padre japonés y madre mexicana, el artista se distinguió desde los años cincuenta por una poética de tesituras antagónicas. Creador de una poética realista que a través de la sensualidad cromática logró integrar el costumbrismo del tema con la identidad del retratado, el artista transitó hacia un expresionismo rabioso y semiabstracto que, en los años setenta, culminó en la espléndida serie dibujística de Las vacas flacas y los sueños rotos.

Concebida como una acumulación de cuerpos desnudos que en el amontonamiento diluyen su individualidad, las imágenes en tinta de notorios contrastes en blanco y negro refieren a la angustia, pasión y similitud de la existencia humana.

Conocedor a partir de los años sesenta de las técnicas de acción pictórica en tinta de tradición oriental, Nishizawa desarrolló una poética paisajística que transmutó el paisaje mexicano en sublimes atmósferas de suaves y contrastantes cromatismos. Admirador del misterio y atemporalidad de las rocas, el artista no sólo las pintó sino que, en 1987, las utilizó para realizar un relieve monumental en piedra recinto en forma de petatillo que, en el Museo de Arte Moderno de Toluca, recuerda  al antiguo mexicano que nace, vive y muere en un petate.

Recordado también como un docente conocedor de la alquimia pictórica, Luis Nishizawa falleció el pasado lunes 1º de septiembre a la edad de 96 años.