Interés público
Miguel Angel Granados Chapa
Es indispensable volver a la designación del ex presidente Díaz Ordaz como embajador en España La resonancia que adquirió su nombramiento se explica por el papel que le ha correspondido en la conducción política de nuestro país y por lo que simboliza respecto del porvenir inmediato Así, las relaciones con España dejan de tener importancia al lado de la significación de este nombramiento
Habrá que reconocer que la designación en sí misma carece de importancia real Muy a menudo, el servicio exterior ha sido resumidero de elementos desechados o relegados por el sistema político mexicano Por consiguiente no hemos tenido siempre, y en todos los casos, representantes diplomáticos idóneos En tales condiciones, no hay un riesgo particular de que sufra nuestra política exterior, si bien el carácter áspero de Díaz Ordaz, opuesto al arquetipo del diplomático, provocará risillas, susurros o irritaciones sin mayor repercusión práctica
Por otro lado, un embajador no realiza actos de gobierno propiamente hablando, sino que sólo ejecuta una política que se le dicta De ese modo, se reduce ampliamente el margen de actuación autoritaria que es característica del ex presidente, lo que se refleja hasta en las conversaciones públicas que sostiene, como la habida el martes 12 en Tlatelolco
Tampoco es previsible que la resurrección política de Díaz Ordaz entrañe un fortalecimiento del grupo que le es adicto En primer lugar es cuestionable la existencia orgánica y eficaz de grupos en torno de los expresidente, pues los políticos en activo no suelen ser añorantes Y en segundo término el actual gobierno ha procedido con un criterio ecuménico que le condujo a integrar la administración con miembros de diversos clanes, que de esta suerte deben compartir sus lealtades con sus grupos de origen y con el que actualmente está en el poder
Si todo esto es cierto, es preciso intentar una explicación de por qué es tan llamativo e importante el resurgimiento de Díaz Ordaz, y por qué provoca indignaciones y asombros tan acentuados
Puede decirse, en primer lugar, que el principal dato negativo de este nombramiento reside en la ratificación de un fenómeno pernicioso: la irresponsabilidad del Poder Ejecutivo, esto es, la incapacidad ciudadana para exigir cuentas a sus gobernantes El olvido, el sumergimiento político en que se había mantenido a Díaz Ordaz resultaba, aunque no fuera esa la intención del gobierno anterior, una especie de sanción Ahora se le libera de ella
De otro lado, el a todas luces intencionado despliegue informativo de la entrevista de prensa del martes 12, probablemente busca poner de relieve dos circunstancias, a cual más temible En primer lugar se procura, y sin duda se ha logrado, exaltar la imagen del hombre autoritario, del “valiente” En apariencia, se trata de ensalzar el machismo político, uno de los gérmenes de todo autoritarismo Y de otra parte, se ha buscado expresar un manifiesto desdén a las corrientes políticas que se han mostrado ofendidas por esta designación, como si se quisiera hacerles ver que nada tendrán que hacer en la hechura del porvenir político inmediato, a pesar de los proyectos en contrario
Sólo una explicación plausible se aventura en torno al nombramiento: la de subrayar la independencia y aun lejanía y quizá hasta oposición entre este régimen y el anterior Aun si así fuera, no cabe duda que el costo ha sido demasiado alto








