Alcázar y Cosío, sus intérpretes, la evalúan

En la película La dictadura perfecta, Damián Alcázar (su sexta colaboración con el director Luis Estrada) interpreta al gobernador Carmelo Vargas, y una televisora proyecta unos videos donde se ve que recibe dinero de un narco; después, esa misma emisora firma con él un contrato millonario para convertirlo en una estrella política y un posible candidato presidencial.

Ese político también es asesino, ignorante, mentiroso, cínico y le gusta festejar en los prostíbulos.

Desde Asunción, Paraguay, donde el actor interpreta al guitarrista Agustín Barrios Mangoré, Nitsuga, para la pantalla grande, expone para Proceso las virtudes de la ya tan esperada La dictadura perfecta:

“Es una película de visión clara, inteligente y verdadera, con semejante barbaridad social: el contubernio de los medios de comunicación y el poder político y económico.

“Luis consigue como siempre una historia divertida y contundentemente reveladora de lo más sucio de la mala política y sus compinches.”

Con más de 60 títulos cinematográficos mexicanos y de otros países, acentúa que le parece un filme “fuerte, pero para el público, no para los políticos o para Televisa. A ellos no les pasará nada en absoluto y no van a bajar sus bonos ni su aceptación popular. Sin embargo, para el público es un bofetón”.

Espera que el largometraje “incite a reflexionar a la gente sobre el poder que se le ha otorgado a la televisión, su contubernio con la clase dominante y el poco beneficio que ofrece a los ciudadanos”.

Le indigna que la televisión mexicana “sea portavoz de lo que ‘debe ser’ respecto a la vida política y económica del país”.  Atribuye que “califica y descalifica a la gente, según los intereses que defiende”.

Se expande:

“Pueden mantener a un político acusado de corrupción lavándole las manos, siempre y cuando pertenezca al grupo que le da apoyo a la televisora. Los políticos saben que la televisión tiene el poder de la manipulación necesaria para continuar en el poder, ya sea apoyándolos en las campañas políticas o descalificando a sus opositores.”

–¿Esta sátira política puede concientizar?

–Los temas de las películas son sólo temas. No tienen repercusión en la sociedad. No pasa  nada. Ahí está la maravillosa película La ley de Herodes. Si el cine influyera en la gente y contra el estatus, nadie hubiera votado por ellos nuevamente. Creo que al menos el 60% de los votantes vio la película y sabe que así se maneja el partido.

Bromea al decir “que este nuevo PRI sí tomó lecciones de La ley de Herodes para cambiar la Constitución”.

Mientras en el Festival de San Sebastián (efectuado del 19 al 27 de este mes) la cinta Magallanes (Perú/Argentina/ Colombia), de Salvador del Solar y protagonizada por Alcázar, ganaba el Premio de la Industria Cine en Construcción, este reconocido constructor de personajes se refiere así a Estrada:

“Es un creador cinematográfico extraordinario, la gente quiere ver su cine porque es divertido, inteligente y necesario. La dictadura perfecta será un éxito sin duda si las zancadillas son pocas. Ojalá que no las haya.”

Miedo y angustia

Joaquín Cosío, el inolvidable narcotraficante Cochiloco en El infierno, del mismo Estrada, ahora en La dictadura perfecta es Agustín Morales, un líder opositor, quien intenta cambiar al país, pero sus enemigos lo consideran “otro peligro para México”, y la televisora que resalta al gobernador Carmelo Vargas lo calumnia.

También con más de 60 películas en su haber, Cosío revela en entrevista su reacción de cuando vio por primera vez la nueva sátira de Estrada:

“Me dejó una sensación de pesadumbre, miedo y angustia, pero no pueden ser otras las sensaciones cuando se ve el panorama de lo que pasa en México. No veo dónde puede estar el optimismo o ver salir la luz promisoria de algo distinto, de algo mucho más generoso para los mexicanos. El filme en ese sentido recoge una sensación que está y que existe, que probablemente sea difícil aceptarla.

“México vive momentos complicados, momentos de gran tristeza y gran negrura. Estamos rodeados de esos personajes oscuros y terribles que aparecen  en esta historia, los cuales poseen la gran característica de parecer inofensivos y en realidad no lo son.”

El también escritor y poeta determina que Estrada vuelve a conseguir “una narración vertiginosa, potente y muy emocionante”.

Evidencia con más detalle:

“Es una película desgarradora, bueno, no sé qué término utilizar, demoledora, triste, angustiante… Es un filme fuerte, donde todos los personajes están hundidos en el fango y ninguno de ellos tiene alguna  posibilidad de salvación.

“En ese sentido es una de las películas más duras que filma Estrada.”

A decir suyo, “el director vuelve a ratifica su gran maestría en el manejo del lenguaje del cine y en el manejo técnico”.

–¿Cómo ve el retrato de la situación del periodismo mexicano en la historia?

–La ética del periodismo, la moral de un periodista y la responsabilidad de decir la verdad me parece que son conceptos en la película que deberíamos reflexionar seriamente. Por ejemplo, es indignante la auscultación a los niños por parte de los policías el 15 de septiembre pasado en el Zócalo capitalino, y no fue abordado por muchos medios, es decir, ¡no fue noticia!…

“Desde esa apreciación sobre lo noticioso, habría que volver a preguntarnos ¿cuál es la consideración de lo que es noticioso? Tiene que ver con una concepción de lo que el poder considera como noticia o quienes deciden y toman las grandes decisiones que inciden en nuestra vida.”

Espera que La dictadura perfecta no sólo tenga éxito “sino que genere una polémica necesaria e incluso provoque un enojo sobre la situación del país”.

Conoció a Estrada en la cinta Un mundo maravilloso, donde le dio un papel chico.

–¿Qué opina de que Estrada haya logrado cuatro películas en las cuales crítica al sistema político y económico mexicano?

–Son largometrajes mistrales. Lo distinguen como uno de nuestros grandes creadores, ¡sin duda! La habilidad para poder hablar sobre la realidad sin olvidar nunca que se está realizando a través de un lenguaje artístico, es lo que puede caracterizar un estilo. Con Estrada nunca vemos un panfleto político, nunca vemos un manejo menor de la información o un manejo desdeñado, siempre vemos primero y antes que nada un producto esencialmente creativo.

“Eso lo convierte en uno de los grandes realizadores que ha conseguido un estilo propio, lo cual es sumamente complicado. Él siempre toma la realidad para representarla con ironía y crudeza, y con una extraordinaria habilidad para hablar del poder y de quienes lo detentan. Es uno de nuestros mejores y grandes directores y las narraciones que ha logrado, lo ponen en la historia de nuestro cine y en el cine mundial desde luego.”

–¿Cómo es con los actores?

–Cuenta con gran habilidad como director de actores. Estamos ante un caso bastante singular. Sus películas son constancia clara de un director preocupado por su realidad, por criticarla e incluso por reírse también de ella. Dirige a todos con una gran solvencia.

“Desde mi experiencia, trabajar con Luis siempre es complejo, no es de ninguna manera sencillo. Es un director exigente y sabe lo que quiere narrar. Compacta el trabajo mental y el trabajo emotivo de cada personaje, y eso implica siempre un esfuerzo para nosotros los actores, por algo siempre encabeza su reparto uno de los grandes y mejores actores de México como lo es Damián Alcázar, con quien ha podido encontrar y hacer una dupla magnífica.”

–¿Qué le parece esa risa que causa La dictadura perfecta?

–No es una risa como tal, amplia y limpia, más bien, sale un gesto extraño donde se mezcla un humor lacerante. Lo que sucede cuando vemos la película es que sale el esbozo de una sonrisa, pero empujada por muchas cosas que nos pasan en nuestro interior.

Remata:

“Son películas que nos indignan, lastiman, nos duelen y en última instancia nos tendrían que hacer reír también, porque el manejo de esta comedia satírica mordaz, ¡es magistral!”