Cuando militares de inteligencia dicen ¡basta!

Proceso acudió a una reunión clandestina donde miembros de los servicios de inteligencia militar de Israel –la Unidad 8200– revelaron sus métodos para sacarles información a los palestinos y para detener y dar muerte a sus líderes, hecho que ha derivado en extorsiones y asesinatos de civiles inocentes. Unos días después, 43 integrantes de esa unidad publicaron una carta en la cual denuncian esos métodos. Defender la seguridad de Israel “sí”; comportarse como un Estado opresor “no”, recalcan los firmantes.

TEL AVIV.- La cita es en un sencillo departamento en esta capital. Ha sido planeada desde hace días con un halo de secretismo que le da regusto a reunión clandestina. En la sala de la casa, donde se amontonan libros y videos, esperan con aire nervioso cuatro hombres de entre 26 y 32 años.

Son “veteranos” de la Unidad 8200, la inteligencia militar israelí, en la cual han servido varios años. Se presentan con sus nombres verdaderos pero antes de seguir hablando prefieren fijar “las reglas” de la entrevista: dos serán llamados por sus iniciales, uno más sólo por su nombre y el último pide no ser identificado de ningún modo. Ninguno de ellos dará datos que comprometan la seguridad del Estado de Israel, detalles sobre su unidad ni mucha información sobre sus años de servicio.

“El camino para llegar aquí ha sido muy largo y complicado”, dice uno de ellos, casi justificándose.

El “camino”, como este capitán lo llama, comenzó silenciosamente hace años, cuando durante su trabajo en el reputado servicio de inteligencia israelí comenzaron a notar que su motivación para defender la seguridad de Israel se hacía añicos y había algo “que no funcionaba como debía”.

Todos hubieran deseado irse a sus casas y olvidar ciertas imágenes, decisiones y conversaciones de sus horas de servicio, pero les resultaba difícil dejar de sentirse “responsables” por haber dado una orden, haber apretado un botón o haber espiado a alguien. Con el tiempo fueron compartiendo sus dudas y angustias con algunos amigos cercanos de la unidad y sintieron la urgencia de “hacer algo”.

La carta

De ese doloroso proceso surgió una carta, firmada por 43 veteranos de la unidad y publicada el pasado viernes 12 en Israel, en la cual, por primera vez en más de 10 años, integrantes de un grupo militar de élite anuncian que se niegan a seguir formando parte de un ejército que “perpetúa el status quo de la ocupación de los territorios palestinos” y niega a los palestinos “sus derechos más básicos”.

“La información que es recogida y almacenada (por la inteligencia israelí) perjudica a gente inocente, es usada para una persecución política y para crear divisiones entre la sociedad palestina (…)

“La inteligencia permite un control continuo de millones de personas y la intrusión en todos los aspectos de sus vidas. No permite que la gente tenga una existencia normal y echa más leña al fuego de la violencia, distanciándonos así de la resolución de este conflicto”, reza la misiva de estos militares enviada al primer ministro Benjamín Netanyahu; al jefe del ejército, Benny Gantz, y al director de la inteligencia militar, el general Aviv Kochavi.

La Unidad 8200 es una de las más selectas, elogiadas y secretas del ejército israelí. Creada en los cincuenta para espiar a países enemigos, su función consiste en proporcionar, analizar y descifrar información y datos cruciales para proteger a los ciudadanos israelíes y erradicar amenazas.

Por ello la carta de estos refuzniks, como se conoce en Israel a los soldados objetores de conciencia, es una cubetada de agua fría en un país donde se venera al ejército y a menudo se cierran los ojos ante las críticas que manchan su imagen.

“La unidad de inteligencia no tiene constancia de que las violaciones concretas citadas en esta carta se hayan producido. El hecho de optar por divulgar estas quejas ante la prensa y no ante sus oficiales es sospechoso y aumenta las dudas sobre la seriedad de estas críticas”, respondió inmediatamente un comunicado del ejército israelí el mismo viernes 12.

En los últimos 10 años algunas decenas de soldados israelíes que terminaban su servicio militar obligatorio decidieron “romper el silencio” y negarse a acudir a filas si eran llamados como reservistas, y se unieron a una organización de exmilitares que denuncia la ocupación de los territorios palestinos.

Pero es inédito que miembros de los servicios de inteligencia digan un sonoro “basta” al Estado. Las últimas denuncias de este peso dentro del ejército se produjeron en 2002 y 2003, cuando un grupo de pilotos, instructores y combatientes de élite se negaron a seguir sirviendo y a acatar órdenes “ilegales e inmorales” contra los habitantes de los territorios palestinos.

“Para nosotros esto es una decisión personal y de conciencia. Es asumir nuestra responsabilidad. Yo soy parte de esto, serví ocho años y no puedo seguir escondiendo la cabeza en la arena.

“Cuando llegué a la unidad pensaba que iba a defender a mi país de enemigos. Y enemigos significa otros países; pero los palestinos no tienen Estado que los proteja y están sometidos a nuestras reglas militares pero sin los derechos de los israelíes. Al final me di cuenta de que me estaba comportando como un opresor, que estaba defendiendo el status quo de la ocupación”, explica a Proceso el “capitán D”, quien sirvió ocho años en la Unidad 8200.

La conversación tiene lugar tres días antes de la publicación de la carta y los refuzniks de la inteligencia no ocultan su ansiedad y preocupación, miden con cuidado sus palabras y piden con la mirada la aprobación de su abogado antes de responder a algunas de las preguntas. En sus discursos se siente un gran patriotismo ahogado en una demoledora decepción.

“Escriba bien claro que seguimos creyendo que Israel debe defenderse de sus enemigos y yo no tendría problemas en volver a servir si la razón de la operación o de una guerra fuera ésta”, insiste el capitán D manoseando un vaso vacío, con gesto nervioso.

El “Gran Hermano”

Además de la entrevista con estos oficiales, Proceso tuvo acceso a testimonios escritos por otros firmantes de la carta. En ellos se detallan reprochables modos de actuar denunciados en el pasado por testigos o víctimas palestinos y confirmados ahora por el oficial israelí que estaba al otro lado de la pantalla o del teléfono e ideó un ataque o emitió la orden de vigilar o amenazar a alguien.

“Si, por ejemplo, eres un palestino homosexual y conoces a alguien al que Israel busca, te conviertes en un blanco para el chantaje. Si necesitas un tratamiento médico urgente en otro lugar de los territorios palestinos, en Israel o en el extranjero, te buscaremos. Israel preferirá dejarte morir antes de que te marches a recibir ese tratamiento sin dar ninguna información sobre aquella persona que conoces y estamos buscando. Si le interesas a la Unidad 8200 y aunque no tengas nada que ver con actividades ilegales, ya te has convertido en un blanco”, explica uno de los oficiales, describiendo los métodos para transformar a palestinos en colaboradores de Israel.

Al leer estos testimonios, la extorsión, el acoso e incluso las torturas físicas parecen ser métodos habituales contra los palestinos ante un absoluto silencio general. Los oficiales describen un “sistema bien engrasado” en el cual la responsabilidad pasa de unos a otros sin que nadie asuma finalmente el error, hasta que todas las operaciones de inteligencia, fallidas o no, acaban viéndose como actos legítimos.

Los militares recuerdan los aplausos y los vítores en la sala de comando tras un bombardeo en Gaza sin que nadie se preguntara si había habido “daños colaterales” o si la muerte de un líder de Hamas justificaba el deceso de varios miembros de su familia sobre quienes no pesaba ninguna sospecha.

“Aquel día, cuando vimos que los fallecidos eran personas ajenas a la operación y el líder de Hamas no estaba entre las víctimas, sólo escuché gritos de decepción, pero no porque había gente inocente que acababa de morir, sino porque en la casa no estaban las personas que buscábamos”, recuerda un oficial.

Otro veterano revive el momento en el cual acató la orden de bombardear una casa palestina y segundos después se dio cuenta de que la única víctima era un niño: “Vi en la pantalla un cuerpo muy pequeño y cómo su madre corría hacia él. Habíamos metido la pata y me sentí muy mal, pero había otras cosas que hacer y jamás supe si hubo una investigación al respecto”.

Según el comunicado emitido por el ejército tras la publicación de esta carta, “las fuerzas de defensa israelí respetan un riguroso proceso que toma en cuenta la presencia de civiles antes de autorizar cualquier ataque contra un objetivo”.

Pero dirigiéndose a la opinión pública, los firmantes insisten en que “buena parte de los objetivos de la inteligencia son gente no vinculada con actividades militares. Son personas tratadas por la Unidad 8200 de la misma manera que si fueran terroristas (…) La idea de derechos para los palestinos no existe en absoluto. Cualquier palestino está expuesto a este ‘gran hermano’ israelí”.

Los refuzniks resaltan que en los últimos años el número de civiles inocentes muertos ha aumentado drásticamente. “Hace 10 años era difícil imaginar 100 personas en Gaza muertas en un bombardeo y ahora da la sensación de que a nadie le importa”, explica el sargento Nadav, de 26 años, refiriéndose a la última operación militar en Gaza en la que murieron más de 2 mil 100 palestinos. Según la Organización de las Naciones Unidas, entre las víctimas hay al menos 70% de civiles, entre ellos 500 niños.

El tono de la carta y la sorpresa que causó su publicación hicieron que el primer ministro Netanyahu también reaccionara. “Es un acto que debe de ser condenado porque representa un uso político de las fuerzas de defensa israelí. Nuestro ejército es el más moral del mundo y lleva a cabo misiones para salvaguardar nuestra seguridad”, dijo el jefe de gobierno el domingo 14.

Acto seguido, el portavoz del ejército, el general Motti Almoz escribió en su página en Facebook que los firmantes de la carta serán objeto de “un tratamiento disciplinario tajante y claro”.

Según la ley israelí los firmantes de esta carta se exponen a una pena de hasta tres años de cárcel si son llamados a filas y deciden no presentarse.

Pero más que el miedo a la cárcel, los oficiales afirman que lo que les quita el sueño es el temor a la reacción de sus familias, amigos o compañeros de trabajo ante esta decisión “drástica” que puede llevarlos a ser vistos como traidores, “irresponsables” o simplemente “militantes de izquierda”.

–¿Y por qué esta carta sale a la luz precisamente ahora? –se les pregunta.

–Si no es ahora, ¿cuándo? –responde el sargento Nadav, quien ha servido cuatro años en la Unidad 8200.

“Algo debía hacerse para la que la sociedad escuche –afirma–. Creemos que el futuro de Israel depende de que estas injusticias se conozcan. Defender a nuestro país es una cosa, pero la ocupación es una elección que no tiene nada que ver con la autodefensa”.

“En mi caso –señala con aire preocupado el capitán D–, existe también una motivación personal. Mi padre es argentino y fue detenido en 1977 por el régimen militar. Hasta hoy no sabe por qué. Finalmente pudo salir y huyó a Israel. Por supuesto, no comparo la dictadura argentina con el régimen israelí, pero veo que hay países que en diferentes momentos de su historia recolectan información contra civiles que no tienen cómo protegerse.”