En un giro espectacular para la historia de los medios, el Estado Islámico (EI) anunció su primera serie de programas de televisión cuyo conductor estrella es a la vez uno de sus rehenes.
“Ya sé lo que están pensando”, dice a la cámara, sobre un fondo negro y vestido con un uniforme anaranjado, el fotógrafo británico de 43 años John Cantlie, secuestrado en noviembre de 2012. “Están pensando: ‘Él hace esto sólo porque es un prisionero y tiene una pistola apuntando a su cabeza y lo están forzando’, ¿verdad? Pues bien, es cierto. Soy un prisionero, no lo puedo negar. Pero en vista de que he sido abandonado por mi gobierno y mi destino está en manos del Estado Islámico, no tengo nada que perder”.
Con este video de 3 minutos y 21 segundos, difundido el jueves 18, Cantlie anunció que será el presentador de una nueva serie en la cual “les voy a mostrar la verdad sobre los medios occidentales que tratan de arrastrar al público de regreso al abismo de otra guerra con el Estado Islámico”, un conflicto que, como los de Afganistán e Irak, “es imposible ganar”.
Para mantener la cabeza en su sitio, Cantlie debe hacer su mayor esfuerzo para parecer convincente y sincero. No es una metáfora, sino una realidad. En el último mes sus secuestradores difundieron otros tres videos en cada uno de los cuales degollaban a uno de su cautivos: los estadunidenses James Foley y Steven Sotloff y el británico David Haines.
No está claro si el EI ha cambiado de táctica o seguirá cortando cabezas (la siguiente, según fue anunciado tras la ejecución de Haines, está en peligro de ser la del trabajador humanitario, también británico, Alan Henning) al tiempo que lleva adelante su serie, pero no hay duda de que Cantlie está en un grave riesgo, como admite en su alocución: “Tal vez pueda vivir y tal vez moriré, pero quiero aprovechar la oportunidad de presentarles algunos hechos que puedan verificar, hechos que si los toman en cuenta podrían ayudar a preservar vidas”.
Con este giro, el EI derribó el “apagón informativo” que había establecido la familia de Cantlie sobre su caso. En diversos círculos –especialmente en el gremio de periodistas que cubren Medio Oriente– se debate la conveniencia de imponer o no dichos “apagones”, pues mientras algunos creen que mantener el silencio facilita las negociaciones con los secuestradores, otros aseguran que es inútil y provoca que, por desconocimiento, más incautos caigan en la trampa y sean secuestrados.
El caso de Cantlie, sin embargo, era especial y había consenso en que el “apagón” era necesario.
El 19 de julio de 2012 Cantlie y el periodista holandés Jeroen Oerlemans cruzaron a Siria desde Turquía y su guía los condujo a un campamento de yihadistas británicos, quienes los capturaron. Fracasaron en un intento de escape del cual ambos resultaron heridos de bala: Cantlie en un brazo y Oerlemans en la pierna. Una unidad del rebelde Ejército Sirio Libre se enteró de su intento de fuga y el 26 de julio trató de rescatarlos.
De vuelta en Londres, Cantlie presentó una denuncia contra sus presuntos compatriotas que lo secuestraron, entre ellos Shajul Islam, de 27 años, Jubayer Chowdury, de 25 y Najul Islam, de 32. Éstos fueron detenidos por la policía el pasado octubre, cuando regresaron al país. Pero el 11 de noviembre el juicio en su contra fue suspendido por una causa insólita: las acusaciones no pudieron sostenerse debido a que Cantlie no pudo presentarse ante la corte de Kingston Crown. Los yihadistas salieron libres.
Nada se sabía del fotógrafo desde un año antes. Las imágenes que él captaba ya no aparecían en The Sunday Times y los demás periódicos para los cuales trabajaba, en tanto que su sitio en internet (fastfeatures.com) había dejado de funcionar. Gracias al “apagón informativo” lo que ocurría se mantuvo fuera del conocimiento público: acompañado de James Foley, Cantlie había regresado a Siria y el 22 de noviembre de 2012 los yihadistas los habían capturado.
El hecho de que Cantlie hubiera denunciado a sus primeros secuestradores hacía necesario mantener el silencio para reducir el riesgo de que esa información trascendiera hasta sus captores más recientes. La retirada del proceso contra los tres acusados pudo tener el objetivo de eliminar uno de los obstáculos para la liberación de Cantlie. Esto no se consiguió, pero al menos él sigue vivo. No fue la suerte que corrió su amigo Foley, cuya familia decidió levantar el “apagón” el 2 de enero de 2014 y cuya decapitación fue difundida en video el pasado 24 de agosto. Tampoco se salvaron Sotloff y Haines, cuyas ejecuciones fueron mostradas el martes 2 y el domingo 14.
El “apagón” sobre el caso Cantlie se hizo trizas en cuanto apareció la grabación, el jueves 18, donde aparece para anunciar que será conductor de una serie sobre el EI.
Los grandes medios británicos discutieron si era posible mantener dicho “apagón” y cuánto tiempo. Y YouTube retiró el video. Pero las réplicas empezaron a aparecer de inmediato y sitios de noticias sensacionalistas, como Metro UK, publicaron la información sobre su secuestro. Un intento de dar cuenta de los hechos sin mencionar el nombre de Cantlie fracasó cuando a las 15:38 horas locales del jueves 18 la agencia Reuters difundió su nombre.
En diversas cuentas de YouTube el video empezó a acumular visitas. En él, Cantlie, delgado y pálido, dice que el territorio de Siria e Irak –que ya está bajo control de los yihadistas– “es una masa de tierra más grande que Gran Bretaña y muchas otras naciones” y mientras los gobiernos europeos “negociaron con el Estado Islámico y llevaron a su gente a casa”, los prisioneros “británicos y estadunidenses fueron abandonados” por sus líderes.
“La historia se repite”, prosigue el fotógrafo y anuncia la inevitable victoria de sus captores. El EI innova creando la técnica propagandística de hacer creer que la cabeza que amenaza cortar se expresa con sinceridad.








