Partidero

Anadie extrañe que más temprano que tarde aparezca en alguno de los diarios locales una “gran columna” dominical, por contrato, para “contrarrestar” a otras columnas y trascendidos donde le hacen al “francotirador contra el gobierno sin que haya contrapeso, sobre todo los domingos”. Así lo escribió el 5 de junio pasado en su análisis de las noticias del día Contexto Jalisco, Alberto Pérez de Obeso, miembro de la Mesa de Estrategia o Cuarto de Guerra que preside el jefe de gabinete de Jorge Aristóteles Sandoval (JAS), Alberto Lamas Flores. La columna tendría el propósito de resaltar los logros del gobernador y develar los pecados del enemigo. Todo para, primero, “equilibrar”, luego promocionar y posicionar y, finalmente, lanzar a JAS a la palestra presidencial –todos los gobernadores se sueñan presidenciables–. Se insiste en la conveniencia de equilibrar con una columna “en el diario de mayor circulación los domingos, donde a plana entera, como ocurrió en el sexenio de Álvarez del Castillo con Armando Morquecho, se construya el referente obligado del círculo rojo para “adivinar” el rumbo de las decisiones políticas importantes. Estamos en el tiempo justo para lanzar y popularizar esa columna dominical previa a 2015. Álvarez del Castillo incluso adquirió un diario, El Jalisciense, donde aparecía la columna de Morquecho. El diario se agotaba domingo a domingo” (¿?).

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A propósito de este asunto de cómo tiene el gobierno de JAS clasificados a los periodistas, va una fábula: “Hubo una vez un príncipe que quería irse de pesca y luego ver a su novia. Llamó a su adivino para preguntarle cuál sería el estado del tiempo durante las próximas horas. El hombre miró al cielo y al instante le dijo a su futuro rey que se fuera tranquilo: “El día sería soleado y la noche estrellada con una incipiente luna”. Confiado, se fue de pesca cerca de donde vivía su novia. En el camino encontró a un labrador sobre su burro. Al ver al príncipe, el labrador le advirtió: “Mejor devuélvase porque se va a venir un chubasco”. El príncipe y su realeza no lo tomaron en cuenta. “¿Cómo va a saber más éste que mi adivino?” No había terminado la pesca cuando se vino la tempestad: mucha agua, granizo, vientos huracanados. Apenas pudo ver a su prometida. Furioso regresó al palacio y despidió a su vidente por inepto. Mandó por el campesino y le ofreció el puesto vacante. Pero éste, sencillo y sabio como era, se negó: “No, mi príncipe. Yo no entiendo nada de eso, pero si las orejas de mi burro están caídas, lloverá”. Entonces, la realeza contrató al burro. Así comenzó la costumbre en los gobiernos de contratar burros como asesores y los salarios muy elevados.

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Otra víctima de la negligencia oficial. El domingo 7, dos jóvenes que viajaban en motocicleta fueron arrastrados por la crecida desbordada del canal de desagüe de la Avenida Patria, en Atemajac, Zapopan. Uno se salvó, pero el otro –Francisco Galindo Reyes– desapareció. Tres semanas antes, una camioneta cayó al canal; sus cuatro pasajeros fueron rescatados. Cada temporada de lluvias ocurren accidentes similares. En los últimos cinco años han fallecido al menos siete personas, pero las autoridades no se preocupan por construir muros de contención ni señales de riesgo.

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El 18 de agosto pasado, Javier Ramírez envió a la contraloría del SIAPA una queja acerca de un tubo de toma de agua que está sobre la banqueta de la avenida Colón, entre las calles Panamá y Barlovento, afuera de un predio vacío, frente a la estación Unidad Deportiva del Tren Ligero; a un lado del tubo está un registro sin tapa que han provocado la caída de varias personas. “Estos dos elementos constituyen un constante peligro para los peatones” –dice el quejoso–. Ese día se tropezó con el tubo y se fracturó un dedo y sufrió contusiones en las rodillas. Al día siguiente le respondió Juan Bernardino Gutiérrez López, de la Superintendencia de Operación: “Se inicia proceso de atención”. Un mes después, todo sigue igual.

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Si alcaldes y demás gobernantes destinaran lo que pagan en promocionar sus informes en radio, televisión y sendos desplegados de prensa a obras reales, habría más empleo, mayor seguridad, mejor alumbrado público, buenas banquetas, calles y carreteras sin baches.

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