Mientras el exrector de la Universidad de Guadalajara Raúl Padilla López se dedica más a presumir al club Leones Negros –del que es su presidente desde que la oncena ascendió a la Primera División del futbol nacional–, la institución se las ve difíciles para pagar las quincenas a sus 9 mil 298 profesores de asignatura. Al parecer, sostiene el académico Juan José Doñán, las autoridades universitarias se “jinetearon” la primera quincena de agosto de sus docentes, mientras los futbolistas siguen cobrando sus exorbitantes sueldos mensuales.
La primera quincena de agosto la Universidad de Guadalajara (UdeG) no tuvo para pagar a todos sus profesores de asignatura, pero sí le sobraron recursos para el sueldo de los jugadores del club Leones Negros, que meses atrás regresó a la Primera División del futbol mexicano después de 20 años.
El contraste salarial de un docente y un jugador de la oncena deportiva es brutal: el primero cobra 60 pesos por hora de clase impartida; el segundo se embolsa 151 mil pesos mensuales.
Por lo menos eso cobraba el defensa brasileño Rodrigo Follé en julio pasado, antes de que el equipo ascendiera a la máxima categoría. Se desconoce cuál es la nómina actual, pues no aparece en el portal de Transparencia de la casa de estudios, pese al compromiso público del vicepresidente de la escuadra, José Alberto Castellanos Gutiérrez.
La comparación no se reduce únicamente a los emolumentos de los integrantes del equipo presidido por Raúl Padilla López. En la UdeG también existe la “burocracia dorada”, conformada por 114 funcionarios que, de acuerdo con el Colectivo de Reflexión Universitaria (CRU), cuyos integrantes dieron a conocer un manifiesto públicamente el pasado 27 de agosto durante un plantón en el Paraninfo Enrique Díaz de León.
El grupo incluye al rector general, Tonatiuh Bravo Padilla, así como al vicerrector, el secretario general, los coordinadores generales (académico, finanzas, personal, etcétera), así como los rectores de los 16 centros universitarios con sus secretarios académico y administrativo y directores de división.
En conjunto, de acuerdo con el CRU, los 114 funcionarios de la UdeG cobran 12.9 millones de pesos mensuales. Al año, según los integrantes del colectivo, la suma asciende a 154.6 millones, e incluye aguinaldos, primas vacacionales, apoyos para despensa, transporte y antigüedad.
El rector general, por ejemplo, obtiene alrededor de 200 mil pesos mensuales, que incluyen una aportación de casi 6 mil pesos por concepto de ayuda de transporte y despensa; además, recibe un bono anual de poco más de 3 mil pesos para material didáctico.
De acuerdo con el análisis del CRU, de los 16 mil 522 docentes de la UdeG, 9 mil 298 son de asignatura (56.3%). De ellos, sólo 1% tiene contrato definitivo, mientras que 68% tiene más de cinco años de antigüedad pero no tienen su nombramiento definitivo, pese a que el artículo 29 del Reglamento de Ingreso Promoción y Permanencia de Personal Académico de la UdeG (RIPPA) establece que al cumplir dos años de servicio ininterrumpido los trabajadores académicos tienen derecho a participar en un concurso de oposición para alcanzar una plaza definitiva.
“Hay educadoras y educadores que tienen más de 20 años trabajando para la Universidad (22.6%); y entre las y los que tienen un mínimo de cinco años laborando y menos de 20, se agrupa 45.4%”, destaca el manifiesto del 27 de agosto.
Los integrantes del CRU se manifestaron días después de una asignación especial de 10 mil millones de pesos de recursos federales a la UdeG que, según el rector Bravo Padilla, se usarán para mejorar las condiciones en la universidad y el crecimiento de la matrícula escolar, que en el último periodo de ingreso dejó fuera a más de 50% de los aspirantes.
De hecho la reacción fue provocada luego de que los docentes de asignatura de la escuela de Artes Plásticas del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño (CUAAD) se inconformaron el 19 de agosto porque no pudieron cobrar su quincena.
Ese día por la mañana, los profesores y estudiantes de fotografía, danza, música y escultura decidieron interrumpir las actividades académicas y bloquearon la calle de Belén durante una hora en espera de una respuesta del CUAAD por el atraso de su pago.
Al final, el rector del centro, Ernesto Flores Gallo, respondió que la demora se debió a que ese día –el 19 de agosto– los trabajadores administrativos regresaron de vacaciones y no tuvieron la oportunidad de preparar los contratos de los profesores.
Sin embargo, algunos de los afectados comentaron al reportero que el personal administrativo les dijo que se contrataría sólo a quienes tuvieran como mínimo 17 alumnos en sus clases.
Esa medida, dicen, afectará las licenciaturas de danza, escultura y música, donde por lo general los grupos tienen 10 estudiantes por semestre. En el caso específico de música, por ejemplo en ocasiones hay grupos de un alumno.
Protestas en serie
La explicación del rector del CUAAD avivó las críticas de los docentes hacia el Grupo Universidad, que encabeza el exrector Raúl Padilla, quien ahora se dedica, dijeron, “a presumir al equipo Leones Negros como su nuevo juguete”.
En su edición del 25 de mayo último, Proceso Jalisco informó que el sueldo de algunos futbolistas contratados por la nueva directiva del equipo superaba el medio millón de pesos. Algunos jugadores, como el volante catalán Marc Crosas, cobraba casi 1 millón, ¡50% del costo de la nómina hasta mayo de este año!, cuando la oncena logró el ascenso.
Durante la presentación de la estructura directiva del equipo el 16 de mayo, Castellanos Gutiérrez adelantó que el sueldo del cuerpo técnico y jugadores crecería exponencialmente, sin embargo, se negó a entrar en detalles. Al mes siguiente se supo que la directiva tomó presuntamente en calidad de préstamo 120 millones de pesos de los fondos de pensiones del Sindicato de Trabajadores Académicos de la Universidad de Guadalajara (Staudeg) para comprar a casi una veintena de futbolistas y cubrir sus honorarios.
Un día antes de la protesta de los integrantes del CRU, Ignacio Mancilla, profesor de asignatura del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH), envió a Bravo Padilla una carta abierta de 10 puntos.
“¿Se está precarizando todavía más la de por sí precaria vida de los profesores de asignatura, la mejor manera de garantizar una enseñanza de calidad como lo sostuvo en su discurso de asunción de la rectoría general?”, dice el octavo.
“¿Para usted la educación es un problema de mera contabilidad, a la manera de un contador privado (de razón) formado en la Academia Torres Andrade, cuestión más de numismática, Aristóteles dixit, que de economía?”, sostiene el noveno.
El rector no contestó.
Aunque el paro laboral sólo ocurrió en la Escuela de Artes Plásticas del CUCEA, el investigador Enrique Cuevas asegura que en otros centros universitarios también se atrasaron los pagos, pero los grupos de maestros decidieron no protestar.
Entre los académicos de asignatura prevalece el temor de que no se les renueve el contrato, dice, pues muchos viven sólo de su cátedra. Un docente con 12 horas semanales de clase promedio apenas gana 6 mil pesos al mes, mientras que en la UNAM un maestro de la misma categoría percibe hasta cinco veces más por hora.
“Hay un intento de convertirlos en trabajadores por honorarios, como en las universidades privadas, o como los eventuales en los sectores de la actividad económica. El pago es tan bajo que realmente el beneficio es menor aun por la carga fiscal y los trámites administrativos y burocráticos que debe realizar un profesor”, señala el investigador.
Refiere que no hay explicación razonable de que la casa de estudios pague tan poco a su plantel de docentes, pues tiene un presupuesto muy alto y cobra casi todos los trámites.
“Nosotros notamos que desde que el equipo de futbol está en la Primera División han habido problemas no solamente financieros, sino también administrativos”, agrega.
Los privilegios que goza una parte del cuerpo de docencia al que el CRU se refiere como burocracia dorada contrasta con la precariedad de una gran parte de los maestros de asignatura.
El maestro del CUAAD Javier Basurto Hernández señala a Proceso Jalisco que lleva más de 20 años trabajando en la universidad y todavía no obtiene su plaza; peor aún, hace poco el jefe del Departamento de Técnicas de Construcción de ese centro universitario, Alfredo Cárdenas de la Mora, le pidió su renuncia.
Según él, tenía 13 horas semanales, pero se las redujeron por una supuesta incapacidad. Y aunque solicitó la intervención del Staudeg para buscar su jubilación, descubrió que el secretario de Trabajo y Conflictos del sindicato, Francisco Javier Torres Aguayo, era el mismo que operó su despido de la Preparatoria 14 en 2007.
Basurto Hernández afirma que es probable que se le haya relegado cuando cuestionaba desde el CUAAD a los docentes que se metían al negocio de la obra pública. Incluso, dice, “tengo un cheque que no cobré porque se me hacía un robo”.
En contraste, Natalia Juárez, excandidata del PRD a diputada federal y cercana al exdiputado Raúl Vargas López, ha tenido una carrera universitaria meteórica. Según el Frente Autónomo Universitario (FAU) –una agrupación contraria a la Federación de Estudiantes Universitarios que no cuenta con el reconocimiento del Consejo General Universitario–, en sólo dos años Juárez se convirtió en profesora e investigadora asistente “C”, incluso conserva su nombramiento como profesora de asignatura en Letras.
En junio de 2012, el profesor suplente Carlos Antonio Delgadillo Macías envió un texto a este semanario en el cual refiere que Juárez llegó a la coordinación del Departamento de Filosofía sin ser siquiera profesora. Entre el 1 de enero de 2007 y el 30 de abril de 2010, expuso Delgadillo, ella recibió una beca de más de 1 millón de pesos –alrededor de 30 mil pesos por mes– para hacer un posgrado en Barcelona, España.
El FAU subraya que actualmente Juárez se desempeña como secretaria de Asuntos Académicos y Culturales del Staudeg, pero no aboga por los maestros de asignatura.
El académico de Artes Plásticas Juan José Doñán refiere que las autoridades universitarias han tratado de culpar a la Secretaría de Educación Pública porque, según ellas, es esa dependencia la que impuso los lineamientos generales que frenaron el pago de los docentes. No obstante, recuerda, la casa de estudios es autónoma por ley, y nadie le impone nada.
“Yo no puedo dejar de evitar relacionar una cosa con la otra. Para mantener ese equipo, para mantener la nómina, para traer refuerzos echaron mano de lo que era más fácil; es decir, de los profesores más vulnerables”, subraya Doñán.
Dice que las autoridades universitarias se “jinetearon” la quincena de los académicos y por lo menos debieran reintegrarles su salario con todo e intereses. Afirma que la universidad no debiera buscar la identidad del alumnado en un equipo de futbol, sino en la producción de académicos de calidad, como lo hizo antaño.
Incluso cita los casos de profesores eméritos, como el fotoperiodista José Hernández Claire, el director de teatro Javier Serrano, la artista plástica Martha Pacheco, el muralista Gabriel Flores, los médicos Leonardo Oliva y Delfino Gallo, los escritores Emmanuel Carballo y Agustín Yáñez, los arquitectos Luis Barragán, Ignacio Díaz Morales y Pedro Castellanos, el exdirector de la compañía de teatro de la UdG Rafael Zamarripa y el ingeniero Jorge Matute Remus.
“Esos son los que le deben dar identidad a la universidad; no El Gansito Hernández, El hijo de los Palotes o Juan Cuerdas”, remata Doñán.








