Señor director:
En atención a sus lectores, me permito hacer las siguientes acotaciones a la columna titulada La violencia en Morelos, del señor Javier Sicilia, publicada el domingo 17 de agosto en Proceso 1972.
El argumento del señor Javier Sicilia se basa en las siguientes premisas: 1) A nivel nacional, y en particular en Morelos, todas las estrategias contra la inseguridad y la violencia han fracasado. 2) Ese presunto fracaso es uno de los síntomas que son explicados, en su análisis, por lo que insistentemente ha llamado en los últimos años “una crisis civilizatoria”.
Desde nuestro punto de vista, hay cambios muy importantes en Morelos: la Ley de Protección a Víctimas, la constitución y puesta en marcha del Mando Único como una estrategia de coordinación operativa eficaz, la reestructura del sistema de justicia con la conformación de la Fiscalía y de una fiscalía especializada en secuestros, así como una interrelación directa y constructiva con la Federación. Todo ello, sobre la base de un conjunto de políticas públicas destinadas a la reconstrucción del tejido social y a la recuperación de todos los derechos, ha tenido un efecto positivo y generado resultados que, por alguna razón, Sicilia prefiere omitir para el caso de Morelos.
Un ejemplo: La incidencia de tres delitos –homicidios dolosos, secuestro y extorsión–, según el propio Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, registra una clara mejoría en junio respecto de abril y mayo de 2014.
El homicidio doloso cayó de 42 a 32 casos de abril a mayo. Los casos de secuestro pasaron de 15 en abril a 8 en mayo y a 7 en junio; mientras que en materia de extorsión los números son: 48 abril, 35 mayo y 31 junio.
Si nos remitimos a las tasas de incidencia de estos tres delitos por cada 100 mil habitantes, manejadas por el propio Secretariado, las cifras son las siguientes: El homicidio doloso fue en 2013 del 31.85, y en 2014 es del 12.17. Sicilia no consigna esta mejoría importantísima. En secuestro, la tasa pasó de 8.0 en 2013 a 3.58 en 2014. También elude este dato. En extorsión, disminuyó la tasa de 21.34 a 12.28%. Ni una palabra sobre ello. En general, Sicilia no menciona ningún dato positivo. Como si no existieran. Hay puntos de inflexión en términos de referencia empírica y también de percepción.
Las “cifras lo gritan”, como apunta el propio Sicilia, pero él prefiere ignorar tales datos. Sorprende también que coloque a Morelos en el sitio de otras entidades donde se han aplicado estrategias de intervención federal impensables e inadmisibles para esta entidad.
Acude solamente a las comparaciones que le son útiles para validar el argumento general de que en Morelos existe un incambiado triunfo de la violencia y de que, a nivel nacional, ese fenómeno y la inhabilidad que él encuentra para enfrentarlo forman parte de las evidencias de su “crisis civilizatoria”.
El gobierno de Morelos no es ajeno ni contrario a un diagnóstico realista y respetuoso de la situación de inseguridad. Nadie niega que persistan problemas graves. Sin embargo, no podemos avalar opiniones que se presentan como ignorantes de lo que positivamente se ha comenzado a registrar en esta entidad, y de los esfuerzos del conjunto de la comunidad para avanzar en la recuperación del espacio social y político que debe arrebatarse a todas las expresiones delincuenciales.
El autor de la columna de referencia está definitivamente mucho más interesado en demostrar la validez de su posición ideológica que en documentar, integralmente, el comportamiento del fenómeno de la seguridad pública, en una entidad que encabeza un modelo de reconstrucción operativa policial, judicial y de políticas públicas que alguna vez él mismo, desde una posición progresista, dijo compartir frente a otras opciones nacionales.
La arrogancia de que acusa a quienes tienen una posición distinta a la suya parece sugerir que tal actitud existe en su propio posicionamiento.
Las opiniones de Javier Sicilia tienen impacto; su liderazgo nacional en el área de preocupación por las víctimas es apreciada. Por ello es relevante considerarlas, así como esperar que se basen, las primeras, y se fundamente, el segundo, en el conjunto integral de las cifras y los procesos. En Morelos no existe una “crisis civilizatoria” que apocalípticamente se abatiría contra todo nuestro país.
La violencia, coincidimos, tuvo expresiones históricamente elevadas y humanamente injustificables, durante las administraciones locales y nacionales encabezadas por un partido distinto al que ahora tiene la oportunidad en Morelos de contrarrestar la inseguridad en México, siempre en diálogo con la sociedad y con respeto a la ley y a todas las voces.
Atentamente
Salvador Guerrero Chiprés
Subsecretario de Comunicación del Gobierno del Estado de Morelos
Respuesta de Javier Sicilia
Señor director:
M
e ha parecido necesario responder al subsecretario de Comunicación del gobierno de Morelos en los siguientes términos.
Querido Salvador: Como siempre, ustedes no leen o leen muy mal; algo muy grave para un aparato de comunicación de gobierno. Voy, sin embargo, a resumirle el artículo que me critica para ver si esta vez sus expertos en comunicación logran entender algo más allá del manejo de medios como compra de conciencias, corrupción y manipulación informativa –una estrategia tan vieja y tan anacrónica como el PRI y el Estado que se desmorona y que ustedes creen preservar.
Esas cifras, recuerde, las esgrimí en el foro Sumemos Causas por la Seguridad, el 29 de julio, en la Torre Morelos. Por desgracia, sus eficientes aparatos de comunicación las borraron de la prensa dejando sólo las palabras en las que yo me refería a que la Nueva Visión era un gobierno que hacía cosas; afirmación que, además, manipularon diciendo que eran avances; vuelva a ver el Diario de Morelos de esa fecha, un diario al que, si mis informes no son equivocados, ustedes le entregan 10 millones de pesos al mes. Además de humillar así al periodismo, apoyan la difusión de esa apología de la violencia, de ese pasquín deleznable llamado Extra, una publicación que ya sólo existe y se sostiene en este estado.
El artículo al que se refiere dice, contra lo que usted dice que no digo, a que el gobierno de la Nueva Visión ha hecho –a diferencia de las anteriores administraciones– muchas cosas en materia de seguridad, mismas que también enumero en mi artículo. Pero digo también que ellas han fracasado y hablan de una crisis profunda del Estado –no del gobierno, para que no se confundan, porque mucha gente continúa confundiendo Estado con gobierno. Las cifras que pongo allí comparando los dos primeros años del gobierno de Marco Antonio Adame con lo que lleva el de Graco Ramírez son contundentes: las de Graco, en materia de secuestros, asesinatos y extorsiones, son, por desgracia y aunque no nos guste ni a usted ni a mí, superiores. No me agrada decirlo. El gobierno de Marco Antonio Adame, por el que siento un profundo desprecio y asco –bajo su mandato mi hijo Juan Francisco y sus amigos fueron asesinados–, fue una administración inoperante y corrupta a grados inimaginables, sin que nadie persiga a esos delincuentes, que siguen allí impunes en la administración de Graco. Sin embargo, los números de Adame en materia de inseguridad son inferiores a las del gobierno de la Nueva Visión, y no puedo negarlos en honor a la verdad.
Visto desde esa perspectiva, las cifras que usted muestra en su respuesta y que no desmienten a las mías no sólo son falsas; ocultan también algo espantoso: El delito y la inseguridad en Morelos, como en todo el país, no sólo no ha descendido, sino que sus víctimas se han acumulado. La deuda de Estado es, en este sentido, inmensa, y la tragedia humana demencial. Para colmo, la presencia de las Fuerzas Armadas en el sur de Morelos y el Índice de Paz que menciono en mi artículo y que nos coloca en el último sitio de los estados menos violentos de la República, viene a confirmar el fracaso, hasta el momento, del gobierno de la Nueva Visión. ¿O también van a decir, como ya es costumbre, que el Institute for Economics and Peace, el Centre for Peace and Conflict Studies de la Universidad de Sydney y el semanario británico The Economist, que hicieron ese índice, mienten y son enemigos de la Nueva Visión? ¿Van a decir también que la presencia del Ejército en Morelos es un asunto de mala percepción de los ciudadanos? Por Dios, esa retórica, con la que no han dejado de defenderse, sería aburrida si no encubriera tanto dolor.
Pero no quiero hablar más de cifras que, por lo demás, son absolutamente contundentes. La discusión en ese terreno se vuelve frívola. Las cifras –en las que se ahogó el régimen de Felipe Calderón y que ustedes repiten como si no hubieran aprendido la lección– en el fondo no dicen nada. Son tan abstractas que no comprometen, no hacen sentir el peso del dolor y de la muerte. Lo invito, por lo tanto, en privado –no voy a visibilizarlas aquí porque las pondría en peligro–, a hablar de las personas que están secuestradas en este momento en Morelos –varias de ellas me son muy cercanas–; lo invito igualmente a hablar de las violaciones a los derechos humanos ejercidas por la propia Procuraduría de Morelos –tampoco expongo aquí los nombres de las víctimas ni sus casos para evitar venganzas; únicamente le recuerdo la más reciente: la acusación de secuestro contra el líder de Sinatrec, cuando lo único que hizo fue retener unas horas al subsecretario de Gobernación para discutir el asunto de su conflicto con el gobierno–; lo invito a hablar de las 200 quejas sobre el Mando Único que ha documentado la CDH de Morelos; lo invito, como lo hago diariamente, a escuchar el dolor de las víctimas. Después, si le queda ánimo, vuelve a hablarme de cifras que descienden y de la inexistencia de la crisis civilizatoria. El dolor, querido Salvador, no se mide en abstracciones; se mide con el peso de la carne y de las vidas rotas que el Estado no sabe defender y por las cuales no sabe dar justicia. Ese asunto, tanto al gobierno de Morelos como al federal y a la clase política les tiene, más allá de su vacía retórica, sin cuidado. Creen, con la insensibilidad de los criminales, que pueden seguir administrando el dolor y el crimen sin consecuencias.
Un dato más del desprecio del gobierno por el dolor de la gente y la tragedia del estado. Los secuestros, como lo indican los números, se han disparado –hay más de cuatro diarios en Morelos–. Para enfrentarlos, el gobierno de la entidad sólo tiene tres negociadores, tres elementos de reacción y tres criminalistas, perfectamente bien formados, es verdad, pero insuficientes para el tamaño del horror. ¿Por qué no hay más? ¿Es más útil, a pesar del déficit que ya tiene el estado, invertir 500 millones de pesos en un estadio de futbol que en personal antisecuestros, antropólogos forenses y laboratorios para identificar los cadáveres de las fosas comunes y clandestinas que día con día se encuentran en Morelos? Rehabilitar estadios, ¿es, en medio de una emergencia nacional, una manera de rehacer el tejido social? ¿Es más útil seguir invirtiendo en corromper a la prensa y en construir una imagen tan virtual como pixelada (fíjese, querido Salvador, en el logo del gobierno) de lo bien que esta administración lo está haciendo, que enfrentar la realidad? ¿Por qué, a pesar de todo lo que dicen que han hecho, el estado de Morelos –que no tiene altas sierras ni selvas como Guerrero, Veracruz o Michoacán, y que se puede recorrer en un día, presenta esos índices atroces de criminalidad? Faltaría todavía hablar de la impunidad. Pero no alcanzarían las páginas de Proceso para registrar el horrendo peso de lo real que ustedes se empeñan en ocultar.
Comprendo, sin embargo, que no vean el fracaso del Estado y la crisis civilizatoria que conlleva, fracaso y crisis de los que Morelos es sólo un ejemplo de lo que sucede en el país y en el mundo. Preocupados por defender lo indefendible y por mantenerse en el poder, que hace mucho perdieron, la realidad ha dejado de existir en ustedes. Por desgracia –es la enseñanza de las crisis civilizatorias; recuerde Versalles en 1789–, ella terminará un día por alcanzarlos en medio de costos que ya empiezan a ser irreparables e irrespirables.
Paz, Fuerza y Gozo –si es que aún conocen esas virtudes.
Atentamente
Javier Sicilia








