En su Londres natal de la década de los setenta, Julien Temple comenzó una exitosa carrera fílmica registrando el nacimiento del punk rock por la banda inglesa Sex Pistols. A casi 20 años de realizar un video-clip musical a los Rolling Stones en su gira mexicana, el creador de Rio 50°: Ca-RÍO-ca (rodado este año en Brasil) ha vuelto a la Ciudad de México para charlar con Proceso acerca de la importancia histórica del cine documental y la música de ayer para evitar “un futuro muy vulnerable”.
Apreciado pionero de documentales sobre música en el mundo anglosajón desde los años setenta, el cineasta inglés Julien Temple visualiza que esta forma de registro audiovisual, “la cual muestra un aspecto de la realidad”, se ha vuelto cada día más popular porque brinda una mejor estructura narrativa y mayor calidad técnica:
“Antes, en estos largometrajes siempre se escuchaba una voz en off por lo que resultaban muy lentos y bastante aburridos, servían sólo para cuestiones educativas; pero ahora se intenta una mezcla que convoca la reflexión de las personas a la par de entretenimiento. Por ello, hoy existe más gente que se acerca a dicho tipo de cine.”
Durante primeros días de agosto, Temple visitó la Ciudad de México.
Ofreció dos clases magistrales en la Cineteca Nacional (4 y 5 de agosto), donde también se proyectaron 10 de sus filmes, invitado al país por La Casa del Cine, Sciéntika, Ambulante, el Instituto Mexicano de Cinematografía y la misma Cineteca Nacional.
En entrevista, se manifiesta entusiasmado por tornar a tierras aztecas y recuerda que aquí filmó hacia 1995 el videoclip I Go Wild (“me vuelvo salvaje”) de los Rolling Stones, en el Ex-Templo de San Lázaro, cerca del Centro Histórico de la Ciudad de México. Sonriente, exalta:
“El documental ya atrae a más públicos. Es un buen momento para crear documentales.”
–Sin embargo, se habla de que hay mala distribución en las exhibiciones para el documental. ¿Qué opina?
–Es verdad. No sólo para el documental sino para todo el cine, y lo mismo ocurre con la música.
“Aunque en esta época todo mundo baja de internet películas y música pues resulta más barato y fácil; no obstante es importante encontrar la manera de organizar una buena distribución para que haya una ganancia sobre lo invertido, que se pueda obtener algo de dinero ya que es muy difícil volver a producir otra película u otro disco si no hay presupuesto.”
Nacido el 26 de noviembre de 1953 en Londres, Julien Temple se enamoró del séptimo arte con las películas del francés Jean Vigo (París, 26 de abril 1905-5 de octubre 1934) y le llamó mucho la atención el inicio del punk rock en Reino Unido con el cuarteto Sex Pistols (“pistolas de sexo”):
“Cuando empezó este movimiento de música yo estaba muy deseoso de empezar también a filmar y retratar todo lo que estaba pasando, había una revolución cultural y quería mostrarla en pantalla grande.
“Ese tipo de rock era algo muy nuevo y me di cuenta que tenía la oportunidad de rodar algo trascendente. Entonces, después de intentarlo varias veces, logré llegar a los de la banda que comenzó el movimiento punk, Sex Pistols, y aceptaron que los filmara. Tuve que aprender a acercarme y a convivir con ellos para que tuvieran confianza y dejarse captar por la cámara.”
–¿Qué pensaba usted del punk rock en aquel entonces?
–Era muy importante porque significaba un desafío para una manera tradicional de ver la vida, esa manera tan tradicional y tan british (“británica”).
“Fui afortunado de lograr reflejar con mi cámara las primeras manifestaciones en las calles de Londres de ese momento punk que fue realmente impactante.”
Primero realizó el corto documental Sex Pistols number 1 y en 1979, con la cinta The Great Rock and roll Swindle (“la gran estafa del rocanrol”) mostró el surgimiento y declive de Sex Pistols, para después seguir creando otros documentales sobre íconos de esta música como los Kinks (célebre grupo de rock del norte de Londres formado en los sesentas por los hermanos Ray y Dave Davies, antecedente del punk inglés).
O el de Joe Strummer, un roquero británico nacido en Turquía y fallecido en 2002, compositor, cantante y guitarrista cofundador de otro grupo punk de los setentas, los Clash, y luego de los Mescaleros.
The Great Rock and roll Swindle narra “la verdadera historia de Pistols” desde el punto de vista de su manager Malcolm McLaren y hacia el 2000, rueda otro documental sobre esta banda de Johnny Rotten y Sid Vicious, The Filth and the Fury (“cochambre y furia”) donde sus integrantes llevan la voz cantante en la película.
–¿Recibió duras críticas por The Great Rock and roll Swindle?
–La crítica estuvo dividida, unos decían que sin duda era “el documental de los musicales”; pero también hubo gente que lo odió y decían que era muy pretencioso… Yo pienso que a veces es bueno que haya una crítica mala, se pueden ver más claramente los errores o ser uno más objetivo hacia el propio trabajo.
–¿Cómo le fue al filme Dave Davis: Kinkdom Come (“venga el reinado Kink”, documental sobre el requinto de los Kinks explorando su carrera y cómo la fama terminaría en conflicto con su hermano Ray, el líder cantautor de los Kinks).
–Le fue bien, y pude ofrecer dos filmes de los Kinks. El otro se llama Ray Davies: Imaginary Man (“hombre imaginario”) y son diferentes, el primero es sobre la vida de Dave pero en Imaginary Man es el hermano cantante Ray Davies quien brinda un punto de vista muy distinto.
–¿Es su propósito abordar siempre la problemática social?
–La música retrata mucho lo que sucede en la sociedad. Me gusta indagar por qué la gente escribe música, por qué la escucha; cuál es el tiempo y el espacio cuando surge una canción o se compone tal tipo de música.
De pronto, lanza una reflexión para las nuevas generaciones:
“La música es una máquina del tiempo donde los jóvenes ven cómo era el pasado. Es muy importante saber cómo fue el pasado; de lo contrario, es muy probable que se tenga un futuro muy vulnerable.”
Y dilucida con seguridad:
“Me gusta realizar películas que ayuden a pensar y sobre todo a plantear preguntas, a cuestionar el orden establecido de las cosas.”
Después de The Great Rock and roll Swindle lo llamaron para videoclips musicales de David Bowie, Paul McCartney, Depeche Mode, el canadiense Neil Young, Blur y por supuesto, los Rolling Stones, entre otros. Sus videos musicales fueron considerados joyas maestras y una provocación a la conservadora sociedad londinense de los años setenta. La mayoría fueron censurados en esa época por las televisoras locales, aunque ya para los ochenta aumentaría la moda de los músicos por aparecer en videoclips.
Camino a Río de Janeiro
En 1986 dirigió Absolute Beginners (“principiantes absolutos”), un musical de rock sobre la vida en Londres en los años cincuenta, adaptación del libro homónimo de Colin MacInnes cuyo éxito en Estados Unidos haría posible el rodaje en 1989 de Earth Girls Are Easy (“las chicas terrícolas son fáciles”), musical filmado en territorio estadunidense.
Tras el thriller Bullet (“bala”) en 1995, Temple regresaría al Reino Unido para tres películas en un breve período de tiempo: Vigo (Passion for Life (“Vigo, Pasión de vida”), en 1999, sobre Jean Vigo uno de sus ídolos; Pandaemonium (2000), relato lírico y poco convencional acerca de la relación entre dos grandes poetas del romanticismo inglés: Samuel Taylor Coleridge y William Wordsworth, y la mencionada The Filth and The Fury.
2006 lo vio volver a escena con el punk rock de Joe Strummer: The Future is Unwritten (“el futuro no está escrito”) y rodó también Glastonbury, documental en el 30 aniversario del más conocido festival británico. E hizo Requiem for Detroit, una mirada a la ciudad de Detroit, Michigan, otrora cuna del sonido negro Motown que consagró a Michael Jackson. Por encargo de la BBC creó This is London (“esta es Londres”) y recién culminó la filmación de Rio 50 Degrees: Carry On CaRIOca (“Río a 50 grados: hay que seguir CaRÍOca”. Este documental lo presentó Temple por primera vez en México.
–¿Cuál es la diferencia entre filmar largometrajes de ficción y documentales sobre música y ciudades?
–Cuando se rueda ficción se pueden repetir las escenas, pero cuando haces documentales no. A los de Sex Pistols sólo los pude grabar una vez, no les podía pedir que volvieran a repetir la charla, obviamente no lo harían.
–¿Qué le ha brindado el cine?
–He aprendido mucho. He estado en los últimos catorce años en la fama y eso te puede afectar. ¿Cómo balancear tu vida creativa con tu familia y tus hijos? Bueno, he aprendido que realizar filmes por pasión te enriquece mucho más que apasionarte por el dinero y espero contar con más experiencia de cómo rodar películas, tanto de ficción como en el documental.
“Me siento muy bien cuando me acerco a la edición, ahí sigo mis sentimientos y me siento autónomo, no debe uno apegarse demasiado a un guión, se debe ser más flexible y sentirse libre siempre es mejor para el cine. Me gusta trabajar más con cinco personas que con cien. Creo que la tecnología ahora te acerca más a un equipo.”
Rio 50 Degrees: Carry On CaRIOca, filmada en este año, es una mirada a la actividad histórica y cultural del destino que albergó la Copa del Mundo y próximamente será sede de los Juegos Olímpicos: Río de Janeiro.
Muy a su estilo, sin miedo a tomar un punto de vista, Temple va más allá de lo que muestran los folletos turísticos, y desnuda a una ciudad con extremos: es el Río de Janeiro con sus playas paradisiacas pero también el sitio donde el crimen y la pobreza no son menores. Aún así, deja que los lugareños y el espacio sean los protagonistas en el relato de esta urbe.
“Pensé elaborar filmes sobre ciudades como Detroit, Londres y sobre todo, Río. Son metrópolis por sí mismas muy musicales, grandes y populares alrededor del mundo, y las elegí porque puedo contar historias a través de la música; pero el filme de Detroit gira en torno a the american dream (“el sueño americano”), pues tras ser una de las urbes más grandes de América ahora está como olvidada.”
El de Londres ofrece un collage para recorrer históricamente la ciudad de Temple, quien presenta “músicos, políticos, radicales y pensadores que han tenido un papel aquí desde el inicio del siglo XX hasta los Juegos Olímpicos del 2011”, explica. Se le pregunta cómo le fue en su experiencia carioca.
“Fue complicado filmar en Río de Janeiro. Me quedé allí trabajando sin dinero seis semanas, no me lo enviaron a tiempo, las cosas se grabaron y básicamente suplicaba en las calles por comida. ¡Es verdad!, hoy pienso en eso y le veo el lado amable: me puse muy en forma en seis semanas de dieta.”
Enseguida ajusta, entre risas:
“Pero bueno, yo al fabricar cine me siento completamente feliz.”








