“Hasbará”, la mentira como arma

GAZA.- Actúan desde Israel y muchos otros países. Las redes sociales les permiten influir globalmente en decenas de idiomas. Muchos son voluntarios; otros, personal a sueldo, y en bastantes casos tienen becas, subvenciones y apoyos para llevar a cabo, con celo de devotos, su misión: Defender las posturas de Tel Aviv y combatir a sus críticos.

Siempre están activos pero más cuando Israel entra en alguna guerra. Se hacen notar en Facebook y Twitter esparciendo información, normalmente tendenciosa y sin importar que esté manipulada o sea falsa. Aparecen para cuestionar y desacreditar a intelectuales, artistas, periodistas y otras personas con visibilidad que se apartan de la línea dura israelí.

Algunos llegan de forma más amable; otros, de forma agresiva, pero en general utilizan argumentos idénticos y dan como referencia las mismas fuentes. Es inútil discutir con ellos porque no están ahí para establecer una conversación honesta, pero si no se les pone atención, disponen de un catálogo de acusaciones que van desde intolerancia hasta antisemitismo.

Son los campeones del hasbará: sus promotores traducen esta palabra hebrea como “diplomacia pública”; sus detractores la llaman “propaganda”. Es un movimiento público, no clandestino, con apoyos institucionales y privados surgido a finales de los setenta.

En 2001 fue creado, con apoyo del Ministerio de Exteriores de Israel y fundaciones privadas, el programa de Becas Hasbará (www.hasbarafellowships.org), que da apoyos económicos para actividades como entrenar a personas para actuar en redes sociales, desarrollar argumentarios (manuales con frases y técnicas para derrotar al rival en una discusión), desarrollar campañas en internet e incluso montar cuartos de guerra con decenas de computadoras.

Uno de esos cuartos de guerra fue establecido por la Unión de Estudiantes del Centro Interdisciplinario de la ciudad israelí de Herzliya el 8 de julio, primer día de la ofensiva contra Gaza.

En su página de Facebook la Unión celebró el miércoles 6 sus primeros 30 días de actividad: “18 horas al día, 670 voluntarios, millones de personas fueron expuestas a los materiales que creamos, páginas de Facebook en cinco idiomas y traducciones a otras 29 lenguas, más de 90 mil likes” y se congratuló porque la oficina del primer ministro, Benjamín Netanyahu, lo describió como “uno de los más significativos esfuerzos de promoción del Estado de Israel en días recientes”.

El 29 de julio el embajador israelí en Holanda fue a visitar un cuarto de guerra en el barrio de Buitenveldert, Ámsterdam, que empezó a funcionar dentro de una cafetería y se convirtió “en un espacio donde 80 personas pueden trabajar en dos turnos diarios de 14 horas”, reportó la Jewish Telegraphic Agency.

Un objetivo específico de Becas Hasbará es la creación de grupos de activistas en universidades de Estados Unidos, para lo cual ofrece subvenciones con base en proyectos específicos, en especial para “uso de medios sociales”.

El 14 de julio el gobierno israelí admitió la existencia de un programa revelado por el diario Haaretz, mediante el cual se utilizarían 778 mil dólares para ofrecer becas universitarias “para combatir en línea el antisemitismo y los llamados a boicotear a Israel”. Se necesita que los participantes no se identifiquen como agentes pagados, sino como usuarios comunes y corrientes.

Muertes puestas en duda

Algunos activistas han tratado de darle cierto nivel de calidad a sus actividades. Por ejemplo la página mexicana porisrael.org reproduce un “decálogo de la hasbará” cuyo punto 1 es “la guerra informática es otro campo de batalla y usted es parte de él”, y el 3 indica “no acepte una división entre Israel y el Pueblo Judío. Son uno solo, unidos y dependiendo uno del otro para sobrevivir”.

Más adelante pide que al argumentar se “usen hechos confirmados cada vez que ello sea posible”, “use un lenguaje cortés e información de fuentes fidedignas”, “céntrese en los puntos débiles de la argumentación de su opositor” y “use el prestigio de la tolerancia de Israel como arma”.

Sin embargo el recurso de la mentira es común.

Por ejemplo, Enlace Judío –sitio mexicano que anuncia: “Debido a la guerra en Israel, Enlace Judío necesita voluntarios”– reproduce un video titulado “Muertos que se rascan la barba, llaman con su celular, mueven los pies…”.

Las imágenes muestran a personas cubiertas como si hubieran muerto, que se mueven y ríen con quien las graba. Al final se ve que se trata de un evento público donde algunos actores posan como si estuvieran matando a otros en el suelo.

Enlace Judío no aporta la información mínima: dónde, cuándo y en qué circunstancias fue grabado. Podría ser lo mismo en Pakistán en 2000 que en Londres en 2012. Es obvio que es una representación teatral. Pero para el sitio web es evidencia suficiente para permitirse poner en duda la muerte de palestinos como consecuencia de los ataques israelíes en Gaza.

Con sus propias mayúsculas: “¿Están REALMENTE muertas las víctimas fatales?”.