Señor director:
El pasado martes 15 de julio fui despedido de El Financiero tras haber solicitado una remuneración adicional por un trabajo extra que se me había pedido y a raíz de que el director del diario, Enrique Quintana, y el dueño del rotativo, Manuel Arroyo, se negaran a dar aumentos salariales.
Hace un año solicité audiencia con el director del periódico. Lo hice verbalmente, con su secretaria. Al no tener respuesta, tres meses después hice la solicitud por escrito; en el texto, del cual tengo acuse de recibo, pedía hablar sobre aumento salarial y reestructuración. La audiencia nunca llegó, pero sí, tiempo después, mi despido.
Desde la llegada del nuevo dueño se han dado alrededor de 100 despidos injustificados en el periódico sin las respectivas liquidaciones al 100%.
Los trabajadores (el alma de El Financiero) somos quienes hemos sostenido al diario a lo largo de casi 33 años y tenemos derecho a no ser excluidos de los buenos salarios (que sólo se dan a las nuevas contrataciones) y de seguridad en el empleo, que fue lo que nos prometió Manuel Arroyo cuando tomó el control del diario en noviembre de 2012.
Lo cierto es que en este diario impera el terrorismo para atemorizar a los empleados e imponerles –a algunos– jornadas de hasta 15 horas. Esto ha dado pie a renuncias por las presiones, el deterioro en la salud de muchos compañeros y hasta el infarto fatal sufrido por el reportero Ramiro Alonso.
Atentamente
Arturo Arzate Pérez








