Partidero

La historia de los aspirantes a ingresar a la Universidad de Guadalajara es la misma cada semestre: de los poco menos de 102 mil 300 candidatos, fueron más los rechazados que los admitidos: 61.46% de nivel superior y 50% de bachillerato. Es un problema sin visos de solución. Y eso que el coordinador de Control Escolar, Roberto Rivas Montiel, se jacta de que para el próximo ciclo escolar o Calendario B se aumentaron mil 539 lugares en relación con el año pasado. Como sea, el problema no tiene visos de solución a corto o mediano plazos… o mientras dure el padillato, que lleva más de un cuarto de siglo, desde el 1 de abril de 1989 hasta la fecha. Todo porque ofrecer un mayor cupo para aspirantes a cursar la preparatoria o una licenciatura no está entre las prioridades de los directivos universitarios comandados de manera absoluta por el citado exrector, al menos en los hechos.

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La prioridad para quien se adueñó de la UdeG es la construcción de espacios que le reditúen ganancias contantes y sonantes. Su interés por la docencia y la excelencia es mucho menor. En la actual UdeG lo último no tiene tanta importancia. La prioridad de Padilla López es el multimillonario Centro Cultural Universitario (CCU), revestido, y por revestirse, precisamente de espacios aparentemente de cultura que, en gran medida, cumplen la función de un cascarón, como es el inicialmente llamado Auditorio Universitario que comercialmente se llama Telmex. En él, los eventos son sobre todo espectáculos, que pueden ir de buenos a regulares y malos, y muy pocos tienen algo de culturales. En breve, si es que no se iniciaron ya, se harán dos conjuntos: uno de artes escénicas y otro de artes visuales. Se edificará un museo de ciencias ambientales, un planetario (que supliría al Severo Díaz, ya destruido desde hace varios años por el propio ayuntamiento de Guadalajara), un centro comercial y un área infantil, otra para ancianos y finalmente un centro comercial y zonas habitacionales que incluirán al menos un hotel. Esas son las principales preocupaciones universitarias.

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Además rodean al CCU las suntuosas instalaciones de la mal llamada biblioteca “pública” estatal, que lleva el nombre de Juan José Arreola pero que, por su lejanía de la actividad cotidiana de la población y muy mal comunicada, parece más un recinto para uso exclusivo de la institución, en particular de los estudiantes de escuelas y facultades de su entorno –asunto del que ya hemos escrito aquí mismo–. En la misma zona se construyó el nuevo Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH), sin ser indispensable porque las anteriores instalaciones están en buen estado y son funcionales pese a que fueron edificadas hace alrededor de 50 años, con dos auditorios amplios, espaciosa biblioteca y áreas verdes no alejadas del centro de Guadalajara. ¿Por qué tanto interés en construir y construir, no tan sólo lo que no es estrictamente indispensable, sino lo superfluo para una institución que demanda muchísimos más espacios de los que cada año ofrece para brindar formación universitaria gratuita a la cada vez más empobrecida sociedad?

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¡Ah¡ pero además la UdeG y su dirigencia tienen ahora un pendiente más por atender a cabalidad, el equipo de futbol Leones Negros recién ascendido a Primera División, el cual también preside el señor Raúl Padilla y que, aparte de buenos deseos para que se mantenga y obtenga grandes triunfos, es una de las tantas empresas y organismos descentralizados de la misma casa de estudios –más de una docena– que Padilla tiene bajo su mando: entre otros están la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el Festival de Cine en Guadalajara, la Cátedra Julio Cortázar y todas las empresas parauniversitarias, que reditúan, las menos, en imagen para El Licenciado, como le llaman sus allegados en el Grupo Universidad, o The Godfather, como se le conoce entre los estudiantes.

(Por vacaciones, esta columna no aparecerá durante el resto del presente mes.)

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