No es ninguna sorpresa que Clint Eastwood se haya interesado en dirigir la adaptación de un musical de moda: Jersey Boys: persiguiendo la música (Jersey Boys; E.U. 2014) es una sabrosa pizza elaborada con los ingredientes favoritos de este carismático realizador. Entre otras habilidades, Eastwood es un melómano auténtico que compone música con imágenes y sonidos; Bird(1988), insuperable biopic del jazzista Charlie Parker, es prueba de ello.
La historia de Frankie Valli (John Lloyd Young) y la banda de los Four Seasons es contemporánea del octogenario Eastwood (1930), quien a la manera de Hitchcock aparece por un instante en una pantalla de un programa de tele de los sesenta. La nostalgia está inscrita en el manejo deslavado del color, el ritmo y la composición de escenas que evocan el cine de los cincuenta. Sobre todo, este grupo de hijos de inmigrantes de un barrio (donde todos se conocen) en Nueva Jersey que asciende a la fama, con reflectores y limusinas, realiza el sueño americano; por lo menos en apariencia.
Tras bambalinas, estos buenos muchachos pasaron temporadas en la cárcel y se asociaron con la mafia; Gyp de Carlo (Christopher Walken) es el padrino que protege al grupo; el fin de los Four Seasons se precipita por deudas con los mafiosos. Consciente de dirigir el musical de un grupo de apariencia muy fresa, Eastwood evita escenas de drogas y sangre, apenas se mencionan un poco cuando las trastadas del creador del grupo, Tommy de Vito (Vincent Piazza), salen a relucir; pero los guiños de ojo a Scorsese son constantes.
El libreto original del musical se compone de cuatro estaciones narradas por cada uno de los miembros del grupo; las versiones se contradicen a la manera de Rashomon (Kurosawa), las escenas se repiten y la verdad de uno choca con la del otro. Eastwood, en cambio, elige una narración más fluida donde los protagonistas de repente ven a la cámara y comentan sobre los hechos, adelantándose en el tiempo o regresando, desdoblamientos herencia de Brecht; una manera muy fina de evocar teatralidad en el cine.
Jersey Boys manipula la teatralidad del musical para representar situaciones típicas del cine de mafiosos; una comida familiar con espagueti, la ida al cine, el juicio en los tribunales, incluso un sepelio, ocurren en escenas prefabricadas, de manera poco realista, con cierta prisa para desmontarlas y ponerse cuanto antes a bailar.
Al sueño americano nomás hay que rascarle un poquito. La lista de directores que lo critican es larga, pero lo que distingue a Clint Easwood es su convicción por esos valores y el enojo por la promesa no cumplida (One Million Dollars Baby, Crimen verdadero). Afortunadamente, esto no le impide disfrutar de la música y de la nostalgia de su país.








