“Amantes enemigos, enemigos amantes”

Una pareja comparte su vida entre gritos, pleitos e insultos. Interviene un amigo en común y una amiga que viene a visitarlos. Él se dedica a maltratarlas y ellas permanecen sin chistar; quieren irse, se van, vuelven, se resignan.

Pareciera que la anécdota remite a una historia tradicional del poder de un hombre sobre otras mujeres que planchan y hacen la comida. Curiosamente, la obra Amantes enemigos, enemigos amantes,que se entrenó el pasado jueves en el Foro Shakespeare, está basada en un texto de John Osborne (1929-1994), el rebelde inglés de la posguerra, quien a pesar de su crítica mordaz hacia el sistema social no la aplica a las relaciones íntimas hombre-mujer.

La obra original de Osborne, Mirando hacia atrás con ira, aborda un triángulo amoroso, en tres actos. Amantes enemigos, enemigos amantes, de Javier Rivera, sintetiza la obra en dos actos e incluye a un comentarista (Jorge Pondal) que explica en sus intervenciones de lo que está tratando la obra, por si el público no se hubiera dado cuenta. El interés y el éxito que el texto de Osborne tuvo en 1956, se relacionaba con su postura política concretizada en el enfrentamiento de dos clases sociales, donde el protagonista proviene de la clase trabajadora y su mujer de una posición más adinerada. Y, por supuesto, por la ornamentada violencia en su lenguaje. El texto de Javier Rivera conserva este enfrentamiento, aunque los diálogos y los parlamentos han perdido la belleza verbal en el acto de agredir.

La resolución escénica de Amantes enemigos, enemigos amantes es sencilla y sin muchas inquietudes estéticas. Se reproduce un sórdido departamento con un sillón rojo, una mesa redonda con mantel y un par de entradas y salidas. Xavier Marc, actor experimentado en teatro y televisión, es el encargado de la dirección escénica, la cual no tiene el rigor realista que requiere el texto. Los personajes entran y salen sin distinguir lo que son las salidas hacia el exterior y las del interior de la casa, confundiendo constantemente la trama. Al inicio, la mujer pinta, por lo menos no sólo plancha, pero lo hace de la manera más precaria y con total desconocimiento de lo que es pintar un cuadro. Lo mismo los amigos, quienes aparentan estar interesados en leer el periódico y se pelean algunas secciones en particular.

Jimena Merodio, egresada del CADAC (en el papel de la esposa) se acerca a una interpretación más sincera, a diferencia de Sofía Santibáñez, la cual se preocupa en aparentar ser una mujer frívola, preocupada por su físico e inverosímilmente religiosa. Enrique Leo es el amigo, cuya interpretación disocia la palabra con el movimiento corporal, y a pesar de sus intentos no logra la espontaneidad que requiere su personaje. El protagonista es interpretado por Adrian Olvera, el cual tuvo un contratiempo de salud y fue sustituido por un actor muy joven, cuya edad no correspondía al personaje, y su poca experiencia lo hacía gesticular excesivamente con sus manos; además, sin ningún matiz en la voz recurría, para dar intensidad, a elevar la voz.

Amantes enemigos, enemigos amantes, que se estrenó el pasado jueves y dará temporada todo el mes de agosto, es una puesta en escena con graves dificultades en su factura, y cuyo texto no logra atrapar al público y provocar el humor que pretende en ciertos momentos. La puesta en escena de Xavier Marc es una adaptación de Mirando hacia atrás con ira, obra teatral de John Osborne que lo llevó a la fama adquiriendo el apelativo de “joven iracundo” (protagonizada en la pantalla grande por Richard Burton en 1959).  Hoy por hoy el impacto ya no es el mismo y menos aún en esta propuesta en el Foro Shakespeare.