Una guerra estéril

Después de casi tres semanas de conflicto en Gaza –que ha dejado un desolador reguero de sangre– ni el gobierno de Israel ni la organización palestina Hamas han conseguido sus objetivos, y ante la eventualidad de una tregua se aprestan a proclamarse vencedores frente a sus respectivos pueblos. En el menos peor de los casos, ambas partes retornarían al punto de partida sin resolver… Por lo demás, todo indica que Gaza seguirá sufriendo miseria, aislamiento e indiferencia internacional.

JERUSALÉN.- La operación militar israelí en Gaza desconcertó por su intensidad y duración, sorprendió por la capacidad del movimiento islamista Hamas para resistir y contraatacar y provocó en ambas partes una desoladora sensación de deja vu.

En vidas el balance de la ofensiva es trágico. Hasta el viernes 25 más de 800 palestinos habían fallecido en Gaza, de los cuales una cuarta parte eran niños y alrededor de 600, civiles.

Además 500 viviendas fueron totalmente destruidas. Escuelas, hospitales, instituciones oficiales y mezquitas acabaron convertidas en una montaña de escombros y los sistemas de distribución de agua y electricidad resultaron tan dañados que necesitarán grandes aportes internacionales para ser reconstruidos.

Del lado israelí al menos 35 soldados y tres civiles perecieron en esta ofensiva. Para el gobierno de este país dichas cifras son elevadas y aumentan los interrogantes entre la opinión pública israelí.

Israel inició esta operación para debilitar las estructuras de Hamas, poner fin al lanzamiento de cohetes de las milicias palestinas hacia su territorio y destruir los túneles que esa organización ha construido durante los años de aislamiento de Gaza. Sin embargo tras casi tres semanas de ofensiva el ejército israelí admitió que sólo 40% del arsenal de Hamas había sido neutralizado, ninguno de sus líderes fue detenido o aniquilado y sólo 30 túneles han sido destruidos.

Portavoces militares explicaron que necesitarían otras dos semanas para acabar con todos los pasadizos que existen bajo la franja de Gaza y llevan a Israel o a Egipto, por el sur.

Círculo vicioso

Si se tiene en cuenta la apabullante superioridad militar de Israel, este balance resulta limitado para justificar tanta muerte.

“Esta situación ya la hemos vivido en 2008 y en 2012. Todos se proclaman vencedores pero todos salen debilitados. Al no conseguir sus objetivos por la fuerza, protagonizan nuevos episodios de violencia más aguda para finalmente volver de nuevo al punto de partida. Y desgraciadamente tiempo después todo se repite”, explica a Proceso Jesús Núñez Villaverde, codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria de Madrid.

“En esta ocasión, por el camino quedará desmantelado el gobierno de unidad nacional palestino (entre Hamas y Al Fatah, del presidente Mahmud Abás) cuyas diferencias se han vuelto a hacer muy visibles y, como era previsible, no habrá elecciones generales palestinas en seis meses. Y en Israel, el apoyo a la extrema derecha se reforzará debido a que el discurso ‘estamos rodeados de enemigos’ se verá fortalecido”, prevé el experto.

Para Núñez los israelíes saben que “no pueden eliminar físicamente a Hamas, salvo con una ocupación física de la franja de Gaza o con una operación sostenida en el tiempo que acarrearía muchas bajas, tanto del lado palestino como propias”.

Por su parte Hamas sabe que sus cohetes no tienen capacidad de afectar a Israel, poseedor de un excelente sistema antimisiles. Sin embargo en esta ofensiva sus milicianos han mostrado que aprovecharon estos años de aislamiento para perfeccionar su arsenal, tácticas y recursos.

Los más de 2 mil cohetes lanzados a Israel han segado la vida de tres civiles y lograron además que las principales compañías europeas y estadunidenses suspendieran provisionalmente sus vuelos desde o hacia Tel Aviv. Una situación así no ocurría desde 1991 y representa un golpe, inesperado pero certero, a la imagen de Israel, país que vive en gran medida del turismo.

“Se ha demostrado el fracaso de la inteligencia israelí para impedir que Hamas se vuelva a armar”, estima Núñez.

Además de haber matado a 32 soldados israelíes, Hamas dice tener en su poder a un sargento de la brigada de élite Golani. ¿Vivo o muerto? Israel afirma que muerto y no hay ninguna prueba en contra suministrada por Hamas, pero es un hecho que le pega a Israel donde más le duele y crea desazón entre la opinión pública de este país.

La pasada semana las calles de Gaza eran una fiesta cuando Hamas anunció que tenía a un soldado israelí en su poder. Esta organización había perdido apoyo popular en la franja, donde ostenta el poder, debido al deterioro de las condiciones de vida. Sin embargo, esta ofensiva ha reconciliado a una parte de la población con el movimiento islamista.

Un sondeo realizado entre el sábado 19 y el lunes 21 en Cisjordania y Gaza por el instituto Mundo Árabe para la Investigación y el Desarrollo mostró que 64% de la opinión pública palestina comparte la posición y condiciones de Hamas para un alto el fuego.

Según esta encuesta, 40% de los entrevistados no apoya en este momento a Hamas ni a Al Fatah; 39% apoya a Hamas y sólo 20% comparte las ideas de Abás.

Sin alto el fuego

La determinación de las dos partes en esta ofensiva ha sorprendido a israelíes y palestinos y a una comunidad internacional visiblemente hastiada de este conflicto y que esperó días antes de reaccionar.

A casi tres semanas de soportar bombas o cohetes y contar muertos, ninguna de las partes quiere dar su brazo a torcer rápidamente y busca una salida digna que los legitime ante sus conciudadanos.

Para Hamas, firmar una tregua sin lograr ningún avance tangible para la franja de Gaza sería admitir que las muertes no sirvieron de nada.

Desde Qatar, el líder de Hamas en el exilio, Khaled Meshaal, aseguró el miércoles 23 que el movimiento no aceptará ninguna iniciativa de alto al fuego que no incluya “el alivio del asedio que sufren los habitantes de Gaza y que no respete su sacrificio”.

Hamas propuso varias condiciones para un alto el fuego inmediato, comenzando por el alivio del bloqueo y la liberación de prisioneros. A cambio llegaron a ofrecer una tregua de 10 años. Las condiciones no han sido aceptadas por Israel ni por Egipto, convertido en mediador en este conflicto y cuyo actual gobierno no oculta su rechazo hacia Hamas.

Sin embargo estas reivindicaciones fueron calificadas de legítimas por Abás y los responsables palestinos de Ramala en un intento de unificar el combate de todos los palestinos y de no dejar sola a Gaza.

“Israel está luchando contra todo el pueblo palestino, no únicamente contra Hamas. Esto no ha sido una guerra contra Hamas. Lo que necesitamos ahora es una tregua acompañada de gestos como el alivio del bloqueo que sufre la franja de Gaza y la liberación de los prisioneros que salieron de la cárcel gracias a acuerdos anteriores” y han sido encarcelados de nuevo, explicó el jefe palestino para las negociaciones de paz, Saeb Erekat.

Enterrar provisionalmente el hacha de guerra con Hamas sin lograr sus objetivos es un golpe duro para el primer ministro Benjamín Netanyahu, quien está confrontado con una importante oposición de la extrema derecha, la cual le pide desde ocupar Gaza de nuevo o hacerla directamente desaparecer del mapa.

Hasta la semana pasada tres cuartas partes de los israelíes no eran partidarios de un alto el fuego, según sondeos difundidos por la prensa.

En una columna publicada en el diario israelí Haaretz, el analista Amos Orel afirmaba la semana pasada que para Israel el alto el fuego es una cuestión política. “Al gobierno le preocupa que la opinión pública piense que no se ha hecho lo bastante para justificar el número de soldados israelíes fallecidos”, expuso.

Piedra en el zapato

Gaza es un quebradero de cabeza para todos los gobiernos israelíes. En 1992 el entonces primer ministro Isaac Rabin admitió que le gustaría ver a la franja “hundirse en el mar”.

Y en cada ofensiva los extremismos vuelven a brotar. La semana pasada un rabino publicó una carta diciendo que de acuerdo con la ley judía “se podía arrasar toda Gaza para traer paz al sur de Israel”, y el copresidente del Likud mundial, el partido de Netanyahu, pidió convertir la franja de Gaza en un “campo de ruinas del que sólo salgan gemidos”.

Mientras la operación en Gaza atrae las miradas del mundo, los enfrentamientos entre israelíes y palestinos han continuado en los últimos días en Cisjordania.

Sin embargo la ofensiva en la franja logró eclipsar el tema que tuvo en vilo a los israelíes durante todo junio: el secuestro y asesinato de tres jóvenes judíos en ­Cisjordania.

Oficialmente el origen de la ofensiva en Gaza fue este crimen del que Netanyahu culpó a Hamas y que el movimiento islamista jamás reivindicó. Varios centenares de palestinos de Cisjordania fueron detenidos en junio, pero el gobierno israelí hace semanas no se ha pronunciado sobre este tema o sobre avances en la investigación.

Fuentes del gobierno palestino aseguran a Proceso que el objetivo único de las redadas en Cisjordania y de la ofensiva en Gaza es “desmantelar las estructuras de Hamas, pese a que las autoridades israelíes saben perfectamente que el movimiento no estuvo detrás del crimen de los tres jóvenes”.

En estos días en que todo parece ser blanco o negro en Israel y Palestina, ciertas voces han recordado que ni Gaza es sinónimo de Hamas ni todo Israel apuesta por una continuación de la ofensiva.

Si bien es verdad que buena parte de la sociedad israelí parece anestesiada ante el dolor que emana de Gaza y paralizada por el miedo, existe una minoría de israelíes que ha querido dejar claro que el país no tiene una única opinión.

“Tengo vergüenza y estoy muy enojada con el gobierno y con la sociedad, que apoya en su mayoría esta violencia. Yo no quiero ser parte de esto. Alguien tiene que decir que se acabe toda esta locura que no lleva a ninguna solución”, declara a Proceso Nora Berdensky, pacifista israelí, en una manifestación contra la ofensiva.

La semana pasada varios centenares de palestinos con pasaportes extranjeros tuvieron la suerte de abandonar la franja de Gaza en una evacuación humanitaria. Son privilegiados. Sin embargo en cada rostro se adivinaba una tragedia y el dolor inmenso que supone dejar atrás la vida, la familia y los amigos.

“Estamos cansados y angustiados de tener que vivir bajo las bombas cada dos años. No somos terroristas y sólo queremos vivir en paz con nuestros hijos, pero somos víctimas de un terrible castigo colectivo”, dijo Mohamed Ibrahim, profesor palestino con pasaporte español, expulsado a Jordania.