Silencioso, cauto y tímido, pero competitivo

Buenos Aires.– “Lo de siempre: humildad, trabajo, y vamos a dar el ciento por ciento para tratar de ver si ganamos”, dijo a la Televisión Pública Argentina Alejandro Sabella, director técnico de la Selección albiceleste, en referencia a la actitud con la que ésta enfrentaría la final contra Alemania.

Minutos antes su equipo le había ganado en penales a Holanda. El tono de Sabella fue medido, sin estridencias.

El perfil bajo de este hombre que cumplirá 60 años en noviembre puede rastrearse en su carácter introvertido. Pero también en su trayectoria como jugador de futbol. Sabella vivió su hora de esplendor cuando sumó disciplina táctica a su técnica depurada y su visión preciosista del juego.

Hijo de un matrimonio de clase media de Buenos Aires –el padre ingeniero agrónomo, la madre maestra de escuela–, Sabella es padre de cuatro hijos y vive con su segunda mujer en La Plata. “Creo que me parezco más a mi papá que a mi mamá, en el sentido de que soy más bien introvertido”, dijo el entrenador a la revista Newsweek en abril de este año. “Salvo cuando hay que hablar de futbol, soy callado; de escuchar más bien la opinión de los demás y, más allá de tener una idea propia, ir sacando cosas de lo que uno escucha para conseguir una opinión superadora entre lo que uno piensa y lo que va rescatando de los demás”, expresó.

“Quienes hablan de él cuando tenía 10 o 12 años remarcan las mismas características que tiene este hombre de casi 60: Sabella es introvertido, timidón, competitivo, analítico y detallista”, dijo en mayo pasado a Radio Brisas el periodista Román Iucht, autor del libro Sabella, la historia del hombre que sueña con dar la vuelta en el Maracaná, publicado este año por la editorial Planeta.

El biógrafo define a Sabella como preciso, cauto y prudente. Sostiene, además, que Sabella se deja guiar por un principio de Gandhi: “El día que perdamos la humildad, habremos puesto el primer ladrillo para construir el edificio del fracaso”.

No extraña entonces que el entrenador se aparte de toda forma de triunfalismo. Y que vea como una “etiqueta” condicionante para el futbol argentino el hecho de “que nos creemos los mejores del mundo por haber ganado dos mundiales, mientras que Brasil tiene cinco, Italia cuatro, Alemania tres y es de los que más finales y semifinales jugaron”, tal como dijo en la entrevista citada.

Sombras

Alejandro Sabella fue un buen jugador. El número 10 en la espalda. La pelota atada al pie izquierdo y un gran panorama de juego.

Dos equipos muy disímiles marcan su trayectoria como futbolista. Se formó a comienzos de los setenta en las divisiones inferiores de River Plate. Un equipo grande, obligado a asumir protagonismo, a ganar y gustar. De gran técnica individual, hábil para la gambeta y el pase corto, Sabella se vio relegado por Norberto Alonso, el ídolo indiscutido del conjunto “millonario”.

Pero fue en un equipo chico, Estudiantes de La Plata, a comienzos de los ochenta, donde el actual entrenador argentino vivió su máximo esplendor dentro de la cancha. El pelo largo y abundante, pero con entradas de incipiente calvicie, le daba un aire de artista o de matemático. Sabella puso su magia a disposición del entrenador Carlos Bilardo. Con actitud y disciplina táctica, el equipo logró dos campeonatos argentinos. Bilardo pasó a dirigir la Selección que en 1986 se coronaría en México. Sabella jugó apenas cuatro partidos con la camiseta albiceleste: Diego Maradona era el dueño de ese puesto.

Sabella jugó también en el Sheffield United y el Leeds United de Inglaterra, el Gremio de Porto Alegre, y terminó su carrera en el Irapuato de México. Su posterior carrera como entrenador creció a la sombra de Daniel Passarella, con quien había jugado en River Plate en los setenta.

Sabella fue ayudante de campo de Passarella en River, el Parma AC de Italia, el Corinthians de Brasil, el Monterrey de México y las selecciones de Argentina (Francia 1998) y de Uruguay entre 2000 y 2001. Desde su puesto se ocupaba, entre otras cosas, de estudiar a los rivales.

“A mí el trabajo de visualización de los rivales nunca me gustó, ni siquiera de jugador”, cuenta Passarella en la biografía de Sabella del periodista Iucht. “Yo le encargaba esa tarea y él me traía un informe detallado de todas las virtudes y defectos de cada equipo. Lo desmenuzaba de un modo brillante”, añade.

Pero fue nuevamente en Estudiantes de La Plata donde volvió a forjar el éxito a partir de un grupo con muy pocos grandes nombres. En su debut como entrenador, en 2009, Sabella ganó la Copa Libertadores de América derrotando 2 a 1 a Cruzeiro en Belo Horizonte. Meses más tarde perdió la final de la Copa Mundial de Clubes de la FIFA contra el FC Barcelona por el mismo resultado. El equipo de Messi, Ibrahimovic, Xavi e Iniesta debió esforzarse a fondo para superar en tiempo suplementario al combativo equipo de La Plata.

Cábalas

En agosto de 2011, después de lograr en 2010 con Estudiantes un título local, Sabella asumió la dirección técnica de la Selección argentina. En su primera conferencia de prensa, habló de “generosidad”, “humildad”, “sentido de pertenencia” y “bien común sobre el individual”.

La afición a las cábalas de Sabella es conocida. Lució el mismo saco a lo largo de todo el torneo Apertura que ganó con Estudiantes en 2010.

“Tengo un montón de cábalas”, dijo al diario La Nación en enero de 2011. Y explicó: “La mente humana tiene vericuetos que aún nadie ha podido descifrar. Dentro de ese misterio yo encuadro a las cábalas. Estoy convencido de que sin trabajo, esfuerzo, constancia, pero sobre todo, laburo día a día, no se llega a ningún lado; sin embargo, sigo ciertos rituales que me gustan y los tengo incorporados desde que debuté en primera. Eso es todo, no tiene otra explicación coherente”, dijo Sabella.

En su tiempo libre el entrenador argentino mira programas políticos y documentales de historia. Ideológicamente, Sabella se define como progresista. Al terminar la secundaria estudió dos años la carrera de derecho para después optar por dedicarse al futbol. Entonces simpatizaba con la izquierda del peronismo.

La oposición al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner ha criticado que el entrenador presentara la lista de jugadores convocados al Mundial en el estudio de la Televisión Pública Argentina y junto a funcionarios del actual gobierno.

“Manejar el ministerio más sensible de la Argentina, que es el futbol, lo va a llevar ser cuestionado y amado por partes iguales”, dijo su biógrafo, Román Iucht, a Radio Brisas. “El técnico de la Selección nacional es un hombre metódico, detallista, analítico, exigente y muy leal y que se preocupa mucho por ser y parecer”, sostuvo.

Propios y extraños elogian hoy la convicción del técnico por privilegiar lo colectivo a lo individual, la unión del grupo y el juego asociado al lucimiento personal. El técnico armó un equipo que fomenta el lucimiento de Lionel Messi en beneficio colectivo, aunque intenta no depender de su figura.

Al finalizar la semifinal frente a Holanda, el exjugador Diego Latorre, hoy comentarista de la Televisión Pública Argentina, resumió en una sola frase el periplo de la Selección de su país desde que Sabella asumió la dirección técnica: “Empezó siendo un equipo a semejanza de Messi y terminó siendo un equipo a semejanza de Sabella”.