El duende de los deseos

Leo Messi había logrado todo, excepto dar un gran Mundial con Argentina. El delantero –calificado por sus biógrafos como caprichoso, despótico y ensimismado– logró que una Selección sin más genios que él llegara a alturas que hacía décadas no conocía. El discípulo del todopoderoso Maradona acortó la distancia hacia el Olimpo.

MADRID.– Lionel Messi llegó al Mundial de Brasil perseguido por las voces de quienes le reclaman una deuda con Argentina. Lo imposible que hace posible cuando viste la camiseta blaugrana del Barcelona se diluye cuando se pone la albiceleste. Era un fantasma de sí mismo. Una pálida sombra.

En su tercer Mundial La Pulga tomó color. Para llegar a la final marcó cuatro goles en seis partidos y convirtió un penalti en la semifinal contra Holanda, que no cuenta para la estadística. Los argentinos alcanzaron su primera final desde Italia 1990, cuando Messi contaba con tres años. Hoy, nadie está más cerca del Olimpo.

Los cuatro tantos de Messi representan la mitad de la cuota que Argentina anotó en su camino para enfrentar a Alemania –otra vez, como en Italia 90 y en México 86– en el séptimo juego de un Mundial.

El diez de los sudamericanos le marcó a Bosnia y Herzegovina el segundo gol con el que aseguraron el triunfo (2-1). Ante Irán, en tiempo de compensación, firmó el 1-0 final. A Nigeria le hizo dos de tres. En octavos y en cuartos de final el genio no apareció en el marcador, aunque distribuyó juego. Higuaín y Di María fueron las figuras. Mascherano merece mención aparte: si Lionel es el genio, Javier es el soldado.

Messi también llegó a Brasil acusado de caprichoso. Se filtró que, por su gusto, Carlos Tévez se quedó en casa. A cambio, el entrenador Alejandro Sabella sí convocó al Kun Agüero, querido amigo de La Pulga.

Sin energía

“Lejos del balón, Leo Messi parece un clon sin baterías del jugador electrizante que todos conocemos”. Así describe al jugador del Barcelona el periodista argentino Leonardo Faccio.

En su libro Messi, el chico que siempre llegaba tarde, el autor lo perfila como un muchacho tímido y silencioso que en su vida cotidiana se la pasa echado en el sofá de su casa durmiendo y al que apenas le interesa la más impactante serie de televisión. “La lista de entretenimientos que podría comprar acaba tarde o temprano por cansarlo. La siesta parece ser un antídoto. Nadie se aburre cuando duerme”, escribió Faccio.

Ese chico callado al que le cuesta un mundo comunicarse, le hizo saber al entrenador Pep Guardiola lo incómodo que se sentía en el Barcelona a través de un mensaje de texto. La anécdota la narran el periodista argentino Sebastián Fest y el francés Alexandre Juillard en el libro Misterio Messi. Los secretos del mejor jugador del mundo, al descubierto:

“Lionel Messi estaba molesto, quisquilloso. Y el que lo sufría, como siempre, era Joseph Guardiola. De un momento para el otro, el entrenador del Barcelona había entrado en tensión, incómodo en el primer asiento del autobús. El teléfono móvil acababa de vibrar y Guardiola escrutaba la pequeña pantalla con algo de desconcierto. ‘Mira esto’, le dijo a su íntimo amigo Manel Estiarte, en esos días al frente de las Relaciones Externas del Fútbol Club Barcelona. La lectura del breve SMS le produjo a Estiarte el mismo efecto que a Guardiola: sacudida, desconcierto y una breve risa incrédula. Sin decirse nada, los dos amigos se dieron cuenta del peligro de ese mensaje de texto que acababa de enviar el mejor futbolista del mundo.”

Era el otoño de 2009. El mensaje era de Messi, sentado unos cuantos asientos atrás de Guardiola: “Bueno, veo que ya no soy importante para el equipo, así que…”. La Pulga estaba molesto porque el míster se había empecinado en contratar al sueco Zlatan Ibrahimovic.

Explican Fest y Juillard: “El que sea tímido, que le cueste comunicarse, no quiere decir que Messi no sea ambicioso, e incluso inconscientemente despótico a la hora de imponer su categoría”. Como sea, la siguiente temporada Ibrahimovic salió del club.

En su texto, los autores plantean que el Mundial de Brasil 2014 es el momento clave en la carrera de Messi, ya que vistiendo la camiseta de Argentina había tenido un desempeño lleno de tropiezos y dificultades.

“En el vestuario, en esa cultura tan argentina como latinoamericana en la que el liderato lo ejerce un caudillo, se exige ser Maradona. Los caudillos políticos deben ganar adeptos antes de subirse al púlpito; los futbolistas caudillos los ganan en el vestuario, antes de entrar en la cancha”, resume Leonardo Faccio.

Del caos al Olimpo

La vida del astro argentino de 27 años es de claroscuros. Creció en una modesta vivienda en un barrio de clase media baja en Rosario, Argentina, y aprendió a inyectarse las ampolletas que atemperaban su déficit de hormona de crecimiento. Fue su abuela materna quien lo llevó de la mano a los campos de futbol. Hoy, ese chico retraído le dedica todos sus goles apuntando sus dedos al cielo.

En el Grandoli, un club con categoría de barrio, Lionel Messi se hizo amigo del balón bajo las instrucciones de Salvador Aparicio, a quien recordó en la entrega del primer Balón de Oro que obtuvo en 2009. Jorge Messi tuvo la visión de canalizar las habilidades futbolísticas de su hijo hacia un club extranjero, en momentos en que la crisis azotaba Argentina.

Los Messi crearon una burbuja donde se encierra su clan familiar. Mandaron al olvido a los agentes Fabián Soldini (empresa Marka) y Juan Montero (Intersport Managment), quienes consiguieron que en 2000 fichara con el Barça. Simplemente fueron borrados de la historia oficial de Leo Messi.

Fest y Juillard reconstruyen en su texto el fichaje: Leo tenía 13 años cuando llegó al puerto mediterráneo. Entonces se movilizaba en el metro. Hoy el futbolista conduce un lujoso Maserati.

Hasta antes del partido contra el Real Madrid celebrado el 2 de mayo de 2009, cuando el Barça goleó 6- 2 a los merengues en el Bernabéu, Messi era una antiestrella. “La ropa le quedaba un par de tallas grande, todo un contraste con el estilo ajustado al cuerpo que impera entre sus compañeros. Ninguno de ellos disimularía su duramente ganada musculatura bajo bolsudos equipos de gimnasia que retrotraen a los ochenta o noventa”.

En ese 2009, Messi promocionaba calzoncillos, “una marca cuya estética espantaría a la mayoría de los futbolistas de hoy, tan afectos a Dolce &
Gabanna, Armani o Calvin Klein”, apuntan. “Que a Messi sólo le importa jugar al futbol es algo sabido, pero mientras él come, sueña y juega futbol, a su alrededor hay suficiente gente como para ocuparse de su imagen”.

Desde su primer partido oficial en Primera División con el Barcelona (2005) hasta septiembre de 2009, la comercialización de la imagen de Messi estuvo en manos de su padre y de su hermano Rodrigo, quienes no exigían nada a Leo a la hora de cumplir con los acuerdos comerciales.

El propio club hizo llegar un mensaje a la familia: Por el bien de la imagen del jugador y del club se tenían que ordenar las cosas. Entonces lo pusieron en manos de Pablo Negre, exjefe de patrocinio del Barcelona y exdirectivo en Nike, “quien a través de la Fundación Leo Messi puso orden no sólo en lo publicitario, sino en contrarrestar las críticas que llegaban desde Argentina por los fracasos en la Selección”.

A través de Leo Messi Managment, la empresa que se encarga de las actividades comerciales del astro, se siguió al pie de la letra el plan trazado. Empezó a sumar patrocinadores de primer nivel, como la firma suiza de relojes Audemars Piguet y Adidas. Se corrigió su imagen con la publicación de un libro, cuyas regalías fueron destinadas a labores sociales en Argentina y España.

“El 20 de marzo de 2012 Leo Messi Managment había cumplido el objetivo de cambiar la imagen del argentino. Horas antes de que Messi se convirtiera en el máximo goleador de la historia del Barcelona, la revista France Football aseguró que era, además, el futbolista con mayores ingresos anuales: 33 millones de euros que se desglosaban en 10.5 millones de salario, 1.5 millones por primas y 21 millones por publicidad y otros conceptos. No sólo superaba los 29.2 millones de Cristiano, sino que se imponía a los 31.5 millones del inglés David Beckham.”