Un futbol sin brillo

Pese al renombre internacional de sus estrellas, el futbol brasileño es de bajo nivel dentro de sus fronteras, sufre grandes endeudamientos y exporta la mayoría del talento. Este círculo vicioso, alimentado por la incompetencia y la falta de planeación, afecta las finanzas públicas y el entramado social del país más poblado de Sudamérica.

RÍO DE JANEIRO.- Entre las tres mil millones de personas que, según la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA), se declaran apasionadas de este deporte, pocas hay que no puedan citar, al menos, el nombre de una estrella brasileña. Brasil es probablemente el país que más magos del balón ha creado, como Pelé, Zico, Romario, Ronaldo, Rivaldo, Ronaldinho o Neymar, hoy fuera del Mundial por una fisura en una vértebra.

Esa exuberancia que se disfruta en las mejores ligas de Europa y América invita a pensar que el campeonato brasileño se sitúa entre los más competitivos del mundo. Pero no es así. “El nivel futbolístico del torneo brasilero es muy bajo. Los mejores jugadores están en Europa, donde se cobra más”, explica Eduardo Zobaran, periodista del diario O Globo.

Sus palabras son confirmadas por la Selección canarinha que disputa el Mundial: de los 23 convocados por el técnico Felipe Scolari, sólo cuatro militan en equipos brasileños (Fluminense, Botafogo y Atlético Mineiro). El resto se reparte en los mejores clubes de Europa, como el Barcelona, el París Saint-Germain y el Chelsea.

Estos números reflejan la dura realidad del futbol profesional en Brasil, donde la mayoría de jugadores trabaja a cambio de bajos salarios y condiciones muy distintas a las que disfrutan las grandes figuras. En ese país existen 30 mil futbolistas repartidos en 684 clubes profesionales, según la Confederación Brasileña de Futbol. Sin embargo, las diferencias abismales entre los equipos de élite y el resto se perciben en cuestiones tan fundamentales como la planificación de la temporada.

El calendario oficial es motivo de debate desde hace décadas. Del total de clubes, sólo un centenar disputan más de 15 partidos oficiales al año. Ello significa que sólo los equipos de las series A, B, C y D del Campeonato Brasileño juegan con suficiente regularidad como para tener ingresos notables y jugadores en forma.

Los demás, como denuncia Bom Senso F.C. –un grupo de atletas que pide cambios en el balompié, integrado entre otros por Dida, exportero del AC Milán, y Zé Roberto, jugador del Bayern Múnich– apenas disputan campeonatos dentro de su estado y sólo tienen visibilidad en la Copa de Brasil, cuando los clubes más modestos logran ingresos por derechos televisivos.

La consecuencia es que 82% de los jugadores profesionales brasileños reciben, como máximo, 650 dólares (8 mil 500 pesos) por mes de competición. Eso cuando cobran, porque los impagos abundan en un sector de elevado endeudamiento.

La paradoja es que, en su futbol de élite, Brasil tiene uno de los índices más altos de partidos por temporada, con 68 encuentros al año (respecto de los 50 de Inglaterra, los 48 de España o los 41 de Alemania). En cambio, las ligas inferiores brasileñas apenas tienen cuatro meses de competición anual, lo que merma el futbol de base, según Bom Senso.

Presunta gestión

Los problemas de los clubes grandes son de otra índole. “Brasil, por ser la séptima economía del mundo, debería ser el tercer o cuarto mercado de futbol”, explicó al diario Valor, en noviembre pasado, Fernando Ferreira, director de la consultora especializada en deporte Pluri Consultoría. “En facturación somos el séptimo. En valor de los jugadores por cotización del mercado, octavo. En público en los estadios caemos hasta el 18”, señaló. En sus informes, Pluri asegura que si el negocio del futbol mueve en el mundo entre 400 mil millones y un billón de dólares, en Brasil generó “únicamente” unos 16 mil millones de dólares en 2012.

Todo esto a pesar de que, para la FIFA, Brasil es un país de récord. No sólo porque será la primera nación en organizar un Mundial en 12 sedes, cuando lo común es que sean ocho o diez, sino porque la facturación de la FIFA fue, en 2013, la mayor de la historia: mil 380 millones de dólares, 7.4% más que en 2010, cuando se celebró el Mundial de Sudáfrica. Una situación muy diferente a la que viven los clubes nacionales.

“Existen cuatro fuentes de ingresos para los equipos: los derechos televisivos, los patrocinadores, la recaudación en taquilla y la venta de jugadores”, explica a Proceso Fernando Martinho, editor del portal Futebol Business. “Pero los ingresos que se obtienen son pequeños. Por ejemplo, todo el campeonato brasileño genera menos ingresos de lo que perciben el Barcelona y el Real Madrid”, agrega.

El principal problema es el bajo profesionalismo en la gestión empresarial “y, por tanto, económica– de los clubes. Uno de los escollos para fidelizar al público es que apenas dos de los mejores siete equipos de la serie A tienen estadio propio, y los conjuntos deben desplazarse incluso a miles de kilómetros para disputar partidos como locales.

Pese a la innegable pasión que despierta el balompié, los “clásicos” brasileños, como los que disputan el Flamengo y el Fluminense, reúnen apenas a 13 mil aficionados, en promedio. En México, según la consultora Pluri, convocan de media a 24 mil fanáticos.

Con semejante entrada, los clubes se ven forzados a buscar dinero en la televisión y los patrocinadores. Pero un sistema poco internacionalizado también merma sus ingresos, ya que, en lugar de diversificar su mercados, los clubes prácticamente se echan en brazos del primer o único ofertante, una situación similar a la vivida en México antes de la llegada de Carlos Slim al mundo del futbol, que rompió el duopolio de Televisa y TV Azteca. “La cadena Globo tiene, por lo general, los derechos mundiales de buena parte de los clubes”, informa Martinho.

Lo que salva a muchos conjuntos es su cantera. Todos los equipos sueñan con formar al próximo Romario o Neymar, para venderlo a un club extranjero. Los datos más recientes del Banco Central de Brasil, que realiza un conteo de este tipo de transacciones, señalan que entre 2009 y 2013 los equipos brasileños vendieron jugadores al exterior por un total de mil 100 millones de dólares. De hecho, el Banco Itaú BBA, uno de los más importantes del país, estima en su informe de 2013 sobre el mercado futbolístico que 20% de los ingresos de los clubes procede de la venta de jugadores, una tendencia que tiene un lado oscuro.

“Se produce lo que yo llamo una inflación en la liga brasileña: jugadores de calidad que, sin embargo, no tienen nivel para jugar en Europa, se quedan y están sobrevalorados”, explica Martinho, que pone como ejemplo a Fred, delantero del Fluminense y de la Selección. Su salario es, según la prensa brasileña, de cinco millones de dólares anuales hasta 2015. El jugador, de 30 años, pidió al club carioca 6.5 millones anuales para renovar hasta 2018, según el semanario brasileño Veja.

Estas cifras provocan que los clubes sufran altos endeudamientos. La asociación Bom Senso denuncia que los equipos deben al gobierno brasileño más de mil millones de dólares. “Es el equivalente a 75 hospitales y 178 escuelas”.