James, el activista involuntario

James Rodríguez, el joven volante de la Selección colombiana, ha logrado lo que negociaciones políticas no han podido: unificar a su país en torno a un sueño que va más allá de las posiciones ideológicas. En un país que acaba de salir de un proceso electoral que polarizó a la sociedad y donde la guerrilla de las FARC y el gobierno negocian la paz, la actuación de James y de sus compañeros de Selección provocó, en los hechos, una insólita tregua política.

BOGOTÁ.- Colombia es un país con una cruenta guerra interna que ha durado 50 años y que viene saliendo de un proceso electoral en el cual el presidente Juan Manuel Santos logró su reelección, el pasado 15 de junio, tras una reñida campaña que polarizó a la sociedad entre los seguidores del mandatario y los del exgobernante Álvaro Uribe Vélez, el líder de la oposición de derecha, quien apoyó con vehemencia al candidato Óscar Iván Zuluaga.

Pero el brillante desempeño del delantero James Rodríguez y de la Selección colombiana en Brasil propició una tregua política en la que tanto Santos como Uribe cambiaron sus ataques mutuos por todo tipo de elogios hacia el jugador revelación de la copa y autor del que era, hasta la semana pasada, el mejor gol del Mundial: el que anotó a Uruguay el 28 de junio, cuando detuvo el balón con el pecho y soltó un zurdazo de bolea desde fuera del área.

Ese gol, y un segundo que anotó de pierna derecha, le dieron el pase a la Selección colombiana a los cuartos de final del Mundial 2014 –un peldaño nunca antes alcanzado– y el país entero ama desde ese día a su nuevo ídolo popular, a quien llama “James”, tal como se escribe el nombre en español, y no “yeims”, como se pronunciaría en inglés.

En los cuartos de final, Colombia perdió 2-1 ante Brasil, pero Rodríguez anotó. Así, el artillero se despidió del Mundial con seis goles, una cifra que no se alcanzaba desde Corea-Japón 2002.

Adhesión transversal

James –nacido en Cúcuta, ciudad ubicada 405 kilómetros al noreste de Bogotá, en la frontera con Venezuela– suscita una eufórica adhesión transversal entre los colombianos, un hecho sin precedentes en este país que intenta superar la única guerra civil que persiste en el continente.

El presidente Santos lo felicita, le agradece sus actuaciones por la sensación de bienestar nacional que éstas producen y lo ubica como un ejemplo de superación a seguir. Los delegados de la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) que negocian la paz con el gobierno, en Cuba, siguen el Mundial por televisión y celebraron con efusividad, al igual que el resto de sus compatriotas, los goles de James. Aplaudieron en su página web el “festejo integrador” que suscitaron.

Organizaciones sociales como Comunidades Construyendo Paz en los Territorios (Conpaz) le solicitan citas para que las ayude a combatir las violaciones de derechos humanos y la depredación ambiental de empresas privadas nacionales y extranjeras.

James David Rodríguez Rubio es cauto ante los miles de requerimientos y es renuente para hablar con la prensa, lo cual algunos periodistas deportivos colombianos relacionan con un problema de tartamudez, ya superado, que tuvo en su niñez.

El astro es hijo del también futbolista Wilson James Rodríguez, quien llegó a jugar en el Mundial Juvenil de 1986 en la Unión Soviética. Por problemas de alcoholismo, truncó una carrera deportiva prometedora y dio al traste con su matrimonio. En 1994 se separó de Pilar Rubio, la madre de James, cuando éste tenía tres años de edad, y durante años tuvo escaso contacto con su hijo.

Cuando tenía siete años, su padrastro, Juan Carlos Restrepo, lo llevó a la escuela de futbol Academia Tolimense, cuyo equipo descolló, con James como goleador, en la liga infantil Pony Fútbol. En 2004 el equipo disputó la final contra Cali, en Medellín, y él anotó dos goles olímpicos.

El desempeño del niño de 12 años de edad llamó la atención de los dirigentes de tres equipos de Primera División de la zona metropolitana de Medellín: el Nacional, el Independiente y el Envigado Fútbol Club. Este último logró reclutarlo para sus fuerzas básicas, lo cual fue posible gracias a que el propietario, Gustavo Upegui, habló personalmente con él.

La violencia mafiosa había de tocar de cerca, dos años después, la vida de James, cuando Upegui fue asesinado en julio de 2006 por ocho sicarios. La policía catalogó el hecho como un ajuste de cuentas por los vínculos del empresario con la organización criminal la Oficina de Envigado y con Diego Murillo Bejarano, alias Don Berna, jefe paramilitar y capo de Medellín.

Reencuentro familiar

El Envigado Fútbol Club fue un factor determinante en la formación de James. Se trata de un equipo que tiene su propia cantera de jugadores y que ha desarrollado una sólida estructura de formación integral de sus fuerzas básicas, en las cuales están enrolados 250 menores de entre cinco y 14 años de edad, en su mayoría provenientes de una escuela que cuenta con mil 500 aprendices de futbolistas.

El club financió el traslado de la mamá y el padrastro de James a Envigado, como parte de la estabilidad emocional que los directivos buscaban para el jugador.

El presidente del club Envigado, Ramiro Ruiz, dice a Proceso que la mamá de James, Pilar, es una pieza fundamental en la vida del ariete.

“Ella estuvo totalmente involucrada en la formación de su hijo como jugador, sobre todo en la parte afectiva y psicológica. Trabajaba con nuestros sicólogos y nuestros preparadores en reforzamiento de valores. Con James siempre se hizo un trabajo especial, desde la parte física, táctica, técnica, mental, y desde la parte familiar”, afirma el directivo.

En el club Envigado, James se reencontró con su padre biológico, quien luego de superar su adicción al alcohol se enroló como asistente técnico de las fuerzas básicas de ese club. “Esa relación se recuperó totalmente”, abunda Ruiz.

El astro de la Selección colombiana debutó a los 14 años con el Envigado en el futbol profesional y a los 16 fue campeón con ese club. Un año más tarde fue transferido al Banfield de Argentina, donde se convirtió en el jugador extranjero más joven en debutar en la Primera División, con sólo 17 años. Con ese equipo también fue campeón. Luego pasó al Porto, de Portugal, con el que sumó otros seis títulos de liga.

Omar El Misio Suárez, quien entrenó a James en las divisiones menores del Envigado, lo recuerda como un jugador ambicioso, muy disciplinado, persistente y dueño de una “zurda increíble”. Tuvo que corregirle, eso sí, el mal genio, pues cuando los resultados eran adversos solía hacer berrinches y hasta llegó a botar un balón de la cancha.

James terminó su bachillerato y aspira a recibirse como ingeniero en sistemas mediante la universidad a distancia. Es un fanático de las tecnologías de la información y las comunicaciones y siempre tiene las últimas versiones de celulares, computadores Mac, iPads y el juego PlayStation.

El delantero fue transferido en mayo de 2013 del Porto al AS Mónaco de Francia, por 45 millones de euros. Entre los equipos que lo pretenden, tras su descollante actuación en el Mundial, está el Real Madrid, del cual es aficionado. Su pase costaría más de 70 millones de euros, según agentes de jugadores consultados por la prensa sudamericana.

Los colombianos, que han hecho de James el ciudadano más querido de este país, destacan su sencillez, sentido de la ponderación, carisma y hasta su sentido del ritmo cuando baila un pasito cumbianchero al celebrar los goles junto con sus compañeros.

El politólogo de la Universidad Nacional de Colombia, Juan Gabriel Gómez Albarello, quien considera al futbol profesional y a la FIFA “entidades muy corruptas”, afirma que el espectáculo del futbol suscita “sentimientos nacionales de identidad muy vaporosos y superficiales, pero eso no quiere decir que no haya disfrutado los goles de James”.